70 AÑOS DE UNA IMAGEN

 El pasado 2008 durante el mes de agosto, Quintanar de la Orden vivió la presentación de un pequeño estudio  (Nuestra Señora de la Piedad. Último Canto, el Regreso) en torno al posible paradero de la citada imagen cuya aportación más impactante fue la de apuntar la hipótesis de que en la época convulsa de la guerra civil de 1936-39, la imagen pudo ser escondida para preservarla de su destrucción.

Han transcurrido un par de años desde esa noticia, que nosotros volvemos a recordar, ya que el pasado 2009 se cumplieron 70 años de la llegada a nuestro pueblo de una nueva imagen de su Patrona, la Virgen de la Piedad, que sustituía a la destruida durante la contienda de 1936.

Antes de entrar en el asunto que nos ocupa, hemos de recordar al lector que la advocación de la Virgen de la Piedad, nace en Quintanar de la Orden hacia 1363, cuando unos labradores encuentran una caja enterrada en el suelo y al abrirla contiene un relieve de alabastro que representa la figura de la Madre de Dios con su hijo en los brazos (1ª IMAGEN) a la que se dará culto en el lugar que apareció “la nariz del camino de Quintanar a Villanueva..” . Hallamos una pieza similar en la ermita de La Muela de Corral de Almaguer (Toledo) que vemos aquí.

Foto 1.- Piedad en relieve de alabastro 

Tras la expulsión de los judíos, en 1492, el pueblo comienza a venerarla en un pequeño edificio de la población, que había sido usado como sinagoga. Pronto se va ampliando ese templo y unos años más tarde, hacia 1528, un mayordomo viaja a Toledo y encarga una nueva imagen (2ª IMAGEN), que en esta ocasión es del tipo Asunción (foto 2), pero que va a conservar el nombre de Piedad al igual que la ermita en donde se le da culto, en recuerdo de la primera advocación.

Esta imagen es la que existía en el momento donde hemos empezado el relato, y es destruida para encargar la una nueva que llega a Quintanar en 1939 (3ª IMAGEN), permanece en la ermita intramuros hasta el año 1957, fecha en la que se encarga una nueva al escultor talaverano Víctor González Gil, cuyo cincuentenario celebramos hace un par de años (4ª IMAGEN).

 

Foto 2.- Imagen, tipo Asunción, anterior a la Guerra Civil.

Pues bien, de dónde vino esta imagen (foto 3) después de la Guerra Civil, momentos en los que la actividad de la Mayordomía se redujo a la mínima expresión, aunque no por ello dejo de continuarse con el servicio a la Patrona. Eran mayordomos por aquella época D. José Fernández Nieto, D. Manuel Oliva Sancho, D. Gonzalo Mompó Gómez, D. Antonio Cartas Sánchez, D. José Reneses Vela y D. Miguel Marín Sarrión, que, seguramente, según se avistaba el final de la guerra ya habían hecho preparativos para tener una nueva imagen en el pueblo de Quintanar, que había perdido la de su Patrona en esos fatídicos momentos.

El caso es que el encargo de la nueva imagen lo hicieron Ubaldo Nuño de la Rosa Mergelina, Rafael Carrión Vela, Salvador Sánchez

Morate y Vicente Morán Novillo, a expensas de la Mayordomía y del pueblo de Quintanar, que también contribuyó con sus donativos a sufragar los gastos de la nueva escultura. El escultor talaverano Antonio Gallegos fue el encargado de realizarla, cobrando 450 pesetas por el trabajo, que se plasmó en una imagen de poco más de un metro de altura, con la cara, las manos y los pies talladas y el cuerpo realizado con forma de candelero. Se decía que esta nueva imagen sirvió como relicario de la anterior, alojando en su interior algunos restos de aquella. Desconocemos la veracidad de este hecho, que de no  ser por algún análisis radiológico no confirmaremos su existencia.

Foto 3 -La imagen de 1939 en su carroza.

La prueba escrita de que esta imagen sustituye a una anterior destruida en la guerra nos la aporta de manera reveladora una carta que firman los citados mayordomos y que dice así: “Quintanar de la Orden, Junio 1939. AÑO DE LA VICTORIA. 

Distinguidas paisanas y Estimados paisanos:

Al recibir su simpática carta de 15 del ppdo. Mayo, dirigida a nuestra Ilustre Capellán Don Agustín Ramírez, nos llena de emoción no sólo por sus donativos siempre necesarios en estas circunstancias sino por haberse acordado en momentos trágicos de los que vivimos en zona militar mandando tallar en busto una preciosa imagen en sustitución de la destruida, que por su exacto parecido ha llenado las aspiraciones de todos los católicos…

El destino de la imagen, en un primer momento, es presidir el altar de la ermita intramuros hasta el año 1957, en el que al venir una nueva imagen pasa a ser venerada en la pequeña ermita extramuros en la salida hacia Villanueva de Alcardete, aquel lugar donde apareciera hace más de seiscientos años la primitiva y que, hasta ese momento, estaba vacía, excepto cuando se subía el domingo de Pentecostés en procesión hasta allí. Tradición que se sigue repitiendo en la misma fecha y donde es motivo, desde hace ya cincuenta y dos años, del emotivo encuentro entre las dos imágenes y donde el pueblo de Quintanar y muchos fieles la veneran, especialmente en el mes de mayo.

Esta imagen tiene su propio ajuar que, en parte, comparte con la actual (mantos, coronas, pañuelos, etc.) ya que, aunque ambas tienen un gran parecido hay algunas diferencias entre ellas: la cara es más delgada, las cejas más abiertas –rostro achinado-, quizás más fina y delgada lo que la hace (foto 4), junto con la hermosa peana de nubes que la sustenta, lucir más esbelta.

Una gran parte del antiguo “tesoro” que poseía la Mayordomía desapareció también en la guerra civil y parte de él fue recuperado en 1943 por mediación del párroco D. Agustín Ramírez Martínez y  la Unión Misional del Clero; otra parte se encontró en el Juzgado Gubernativo de Madrid en 1948, y que hoy podemos contemplar en la sala de joyas de su Casa-Museo.

Aportamos así una prueba documental escrita de la época, extraída del archivo de la Ilustre y Venerable Mayordomía, en la que se hace referencia a la destrucción de la imagen de Ntra. Sra. de la Piedad, y que no fue consultada en su momento para lanzar la hipótesis de que puede estar escondida y no destruida como nosotros sostenemos y así lo ha creído siempre el pueblo de Quintanar.

Hoy cuando se han rebasado los setenta años de su llegada a este pueblo manchego, que a punto está de venerarla en el día de Pentecostés, coincidiendo con sus fiestas del mes de mayo, y nos acordamos de una de sus representaciones, tan querida por los quintanareños y por muchos fieles, que al mirarla piensan lo que un mes de marzo de 1939, cuando terminaba un período aciago para todos los españoles, ya hicieran sus antepasados:

¡ Salve,  Reina Soberana !  

Bendice desde tu altar al pueblo de Quintanar que con su amor se engalana.

Aumenta su fe cristiana ¡ Oh Dulce Virgen María !

 Se su amparo, se su guía  ya que con fervor te acora

y que humildemente implora vuestro perdón Madre Mía.                

                                

Foto 4.- Detalle del rostro de la imagen de 1939.

BIBLIOGRAFÍA

ESTREMERA, A.(1925).: Quintanar y su tesoro. Madrid.

MARTÍN DE NICOLÁS CABO, J. (1996).:La Piedad. Historia y devoción de

Quintanar de la Orden. Mayordomía Ntra. Sra. de la Piedad y Ssmo. Cristo de Gracia.    

 

Zacarías López-Barrajón Barrios

Historiador/arqueólogo   

 PUBLICADO EN: La Encina, revista cultural y de actualidad, año 2010, nº 163, pp. 32 a 33, agosto-septiembre, Quintanar de la Orden, Toledo. 

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BULAS E INDULGENCIAS CONCEDIDAS A NTRA. SRA. DE LA PIEDAD Y AL SSMO. CRISTO DE GRACIA.

Es uno de esos apartados novedosos de nuestra investigación entorno a las estampas de nuestros Santos Patronos, que aportamos en este artículo como continuación del anterior, editado en el número 149.

La palabra indulgencia proviene del latín indulgentia, de indulgeo, “ser amable” o “compasivo”; significa, originalmente, bondad o favor; en el latín post-clásico llegó a significar la remisión de un impuesto o deuda. Pero en el sentido estricto del término sentido en el que se lo considera en este artículo- “indulgencia” es la remisión del castigo temporal debido al pecado cuya culpabilidad ha sido ya perdonada. 

La Indulgencia NO es un permiso para pecar, ni un perdón para pecados futuros: ninguna de estas dos cosas pueden ser concedidas por poder alguno. No confiere ninguna inmunidad con respecto a posibles tentaciones ni elimina la posibilidad de subsecuentes caídas en el pecado. Y de ninguna manera la indulgencia puede entenderse como la compra del perdón de los pecados que aseguraría la salvación al comprador o la salida de algún alma del Purgatorio.

Una indulgencia es una remisión extra-sacramental de la pena temporal debida según la justicia de Dios- por el pecado que ha sido ya perdonado, remisión que es otorgada por la Iglesia en consecuencia del poder de las llaves, mediante la aplicación de los méritos sobreabundantes de Cristo y de los santos, y por justos motivos.

Tipos de Indulgencias.

Una indulgencia que puede ganarse en cualquier parte del mundo es una indulgencia universal, mientras que la que se puede ganar en un sitio determinado (Roma, Jerusalén, etc.) es indulgencia local. Exista otra distinción entre indulgencias perpetuas, que pueden ganarse en cualquier momento, e indulgencias temporales, que se ganan solamente en determinados días o en un determinado período de tiempo. Las indulgencias reales se conceden en relación con el uso de ciertos objetos (crucifijo, rosario, medalla); las indulgencias personales son las que no requieren del uso de ningún objeto, o bien que se conceden a una determinada clase de personas, como por ejemplo a los miembros de una orden o confraternidad. Sin embargo, la distinción más importante es la que hay entre indulgencia plenaria e indulgencia parcial. Por indulgencia plenaria se entiende la remisión de toda la pena temporal merecida por el pecado, de tal modo que no es necesaria ninguna otra expiación en el Purgatorio. Por el contrario, la Indulgencia parcial condona sólo una parte de la pena; la porción que se condona se determina según la disciplina penitencial de la Iglesia primitiva. Decir que se concede una indulgencia de una cantidad determinada de días o de años significa que se cancela unacantidad de pena de Purgatorio equivalente con lo que hubiese sido cancelado, en la presencia de Dios, por la práctica de tantos días o años según la antigua disciplina penitencial. En este caso, evidentemente, la computación no pretende ser exacta, sino más bien posee un valor relativo.

Quien puede conceder Indulgencias

De este modo el Papa, como cabeza suprema de la Iglesia en la tierra, puede otorgar todo tipo de indulgencias a todos y cada uno de los fieles, y sólo él puede otorgar indulgencias plenarias. Pío X (28 de Agosto de 1903) permitió a los cardenales en sus iglesias titulares y diócesis otorgar 200 días, a los arzobispos 100 y a los obispos 50. Estas indulgencias no son aplicables a los fieles difuntos. Pueden ser ganadas por personas que no pertenecen a esa diócesis, pero temporalmente y dentro de sus límites; también por los súbditos del obispo que las concede, sea que se encuentre en la diócesis o fuera de ella, excepto si la indulgencia es local. Los sacerdotes, vicarios generales, abades y generales de órdenes religiosas no pueden conceder indulgencias, a menos que se les autorice a hacerlo específicamente. Por otro lado, el Papa puede permitir a un clérigo no sacerdote conceder alguna indulgencia. Disposiciones necesarias para ganar una Indulgencia.

El sólo hecho que la Iglesia conceda una indulgencia no significa que la misma pueda ganarse sin esfuerzo por parte del fiel. Además, para la indulgencia plenaria habitualmente se requiere confesión y comunión, mientras que para las indulgencias parciales la confesión no es obligatoria, aunque es prescripción habitual que el que las quiera ganar tenga “al menos un corazón contrito” (corde saltem contrito). También es necesario tener la intención, aunque sea de modo habitual, de ganar las indulgencias. Finalmente, por la misma naturaleza del caso, es obvio que se deben realizar las buenas obras, oraciones, limosnas, visita de una iglesia, etc., que han sido prescritas para la adquisición de una indulgencia.

Abusos.

En este sentido, claro está, las indulgencias no son una excepción: no existe institución, por más santa que sea, que haya escapado a los abusos que provocan la malicia y la indignidad de las personas. Y, así como la paciencia de Dios es constantemente abusada por parte de los que recaen en sus pecados, así también no es de sorprenderse que el ofrecimiento del perdón en la forma de las indulgencias haya conducido a malas prácticas. Estas han sido especial objeto de ataque debido, sin duda, a su conexión con la revuelta de Lutero (ver LUTERO). No debe olvidarse que la Iglesia, mientras mantiene firmemente el principio e intrínseco valor de las indulgencias, ha condenado repetidamente sus abusos: de hecho, frecuentemente nos enteramos de cuán grave esos abusos habían sido precisamente viendo la severidad de la condena por parte de la Iglesia.

BULAS E INDULGENCIAS CONCEDIDAS A LOS SANTOS PATRONOS DE QUINTANAR.

Nuestros Santos Patronos han recibido a lo largo de su existencia indulgencias para que los fieles le dediquen sus oraciones.

 En el año 1537, según el libro de visitas santiaguistas, la Virgen de la Piedad tenía concedida “una Bula de perdones con doze sellos de doze cardenales”, que actualmente está perdida, pero sí conocemos, que en ese año 1537, uno de los cardenales que pudo sellar esa concesión –por la fecha en que fue emitida- fue D. JUAN PARDO TAVERA (1535-1545) cuya gran obra arquitectónica fue el hospital de San Juan Bautista, conocido popularmente con el nombre de su fundador –HOSPITAL TAVERA-, extramuros de la ciudad. Es el primer gran edificio del renacimiento clásico que se construye en Castilla, y en él se integra la gran capilla funeraria del cardenal. Alonso de Covarrubias es el arquitecto encargado de la dirección de las obras, que concluyeron muchos años  después de la muerte de Tavera.

Esta le sorprendió en Valladolid, en su testamento había constituido como heredero universal a su reciente fundación del hospital de San Juan Bautista de Toledo, donde mandó enterrarse. Hoy sus restos reposan en el magnífico mausoleo que realizó Alonso de Berruguete en mármol de Carrara y que recuerda al del cardenal Cisneros.

El emperador Carlos V llegó a decir que sentía más la muerte de Tavera que la de la propia reina, pues mujeres había muchas y Tavera sólo uno. Lo que sí nos queda son un buen número de indulgencias como:

A) Cien días de indulgencias a todos los fieles que rezaren un Ave María o Salve ante la Imagen de María Santísima que con el título de Piedad se venera en la villa de Quintanar de la Orden de que es Patrona o alguna de sus estampas. Concedida al 16 de julio de 1759 por el Cardenal de Toledo, LUIS ANTONIO CONDE DE TEVA. Se trata de D. Luis Antonio Fernández de Córdoba Portocarrero Guzmán y Aguilar (1696-1771). Natural de Montilla (Córdoba), hijo del sexto marqués de Priego y sobrino del cardenal Luis Portocarrero, a cuya muerte heredó el condado de Teba y junto con el que empezó su carrera eclesiástia. Estudió en Salamanca y Alcalá, pronto empezó a ejercer su labor en la Ciudad Imperial como Dean de la Catedral. Fernado VI le presenta para la sede y fue nombrado(1755) cardenal si título por Benedicto XIV y por insistencia del monarca. Fue hombre de gran virtud, humilde y ajeno a toda pompa, que empleaba sus rentas en el socorro de los más necesitados, hospitales, enfermos, colegios, estudiantes, iglesias, etc. se preocupó por la disciplina eclesiástica al punto de editar una “Instrucción  para vicarios y visitadores del obispado”, se reveló contar la Nunciatura que se arrogaba más facultades de las debidas, así como mostró su disconformidad con la expulsión de los jesuitas que le procuró el destierro de Madrid por Carlos IIIº. Dedicó especial atención a las religiosas, especialmente por las de la Visitación, las Salesas Reales, donde se educó su sobrina-nieta. Falleció en Toledo el 26 de marzo de 1771 y fue enterrado en el convento de las capuchinas, de las que también fue protector. 

B) “Ochenta días de indulgencia por rezar un Ave María o Salve delante de la imagen”. Concedida a petición de los Mayordomos el 30 de junio de 1759 por el Arzobispo Inquisidor General. Este era MANUEL QUINTANO BONIFAZ (16991774), Arzobispo de Farsalia, que fue Arzobispo e inquisidor General, cargo al que luego renunció ante su majestad Fernando VI. Era natural de Salas de los Infantes; su carrera eclesiástica fue ascendente, siendo Obispo Auxiliar de Toledo en 1749, año en el que fue nombrado Obispo de Farsalia. En 1755 fue nombrado Administrador Apostólico de Toledo y promulgó unas Ordenanzas para los párrocos de este arzobispado, en cuya capital murió ejerciendo este cargo.

C) “Cuarenta días de Indulgencia a los que rezaren el Ave María o Salve y otros cuarenta días a los que el día de la Asunción asistan con devoción al sermón que se acostumbra a predicar”. Concedida por el Obispo de Cuenca el 6 de julio de 1780. Este obispo es DON FELIPE ANTONIO SOLANO MARÍN (1724-1800), oriundo de Castilfrio de la Sierra (Soria), fue Canónigo penitenciario de la colegiata del Real Sitio de San Ildefonso de la Granja. Fue electo Obispo y consagrado en Madrid en 6 de Junio de 1774, y tomó posesión de esta silla el 16 de Agosto del mismo año. En su pontificado practicó una visita general que la empezó en 21 de Julio de 1776 y la terminó en 17 de Noviembre de 1778; saliendo el 20 del expresado mes y año para ocupar la de Cuenca, a donde fue trasladado, ocupando el obispado de la capital conquense el 1 de marzo de 1779 hasta su muerte el 10 de mayo de 1800.

D) Cuarenta días de Indulgencia a los que oyeren  misa en su ermita, cuarenta días a los que rezasen un misterio del Rosario delante de la imagen y cuarenta días por rezar un avemaría ante la imagen. Concedidos por el Excmo. Sr. Obispo de Córdoba y Patriarca electo de las Indias, a su paso por la villa el año 1844 y habiendo  tenido el gusto  de visitar a Ntra. Sra. de la Piedad. Este personaje no es otro que D. JUAN JOSÉ  BONEL Y ORBE (1782-1857), del que este año 2007 se celebra el 150 aniversario de su fallecimiento: este granadino, por cierto tío del poeta José de Espronceda. Pasó a Granada, en 1796, para hacer sus estudios, que después continuó en la Universidad de Granada, doctorándose en Derecho Civil y Derecho Canónico, llegando a ser profesor de la Universidad en Derecho Canónico.

Fue ordenado sacerdote el 21 de Diciembre de 1805, desarrollando su labor pastoral en Granada, así como también como Fiscal General Eclesiástico y Prepósito del Cabildo de Catedráticos de la Universidad. El 10 de Agosto de 1816 accede a Canónigo

Doctoral de Málaga. Su valía fue reconocida, nombrándolo el 24 de Noviembre de 1827 Vicario General de Málaga, en periodo de Sede Vacante. Fue miembro fundador de la Sociedad Económica de Amigos del País. En 1830 es elegido obispo para Ibiza, pero no llegó a tomar posesión, pues poco tiempo después, fallece el obispo de Málaga, y es elegido él en sustitución como obispo el día 6 de Octubre de 1830. El 12 de Junio de 1831 fue consagrado en Granada, el mismo día en que fue desgraciadamente ajusticiada Mariana Pineda, víctima de las iras políticas, aunque D. Juan José intercedió por ella. Hizo su entrada en Málaga, tomando posesión del obispado  el 12 de Octubre de 1831.Ya en Mayo de 1832 inicia su visita pastoral, comenzando por Antequera. Y se dedicó a fondo a sus tareas pastorales, desde, por ejemplo en 1832 en que manda hacer rogativas al cielo, para que el Señor librase a la diócesis de la plaga del cólera morbo, la creación, en 1833, de las parroquia de San Pedro y de San Pablo, hasta la fundación y dotación a sus expensas de un establecimiento para curar a los enfermos de tiña. Vivió también los avatares políticos contra el rey Fernando VII, entre los que destaca en Málaga la prisión y ejecución en las playas de San Andrés del General Torrijos y compañeros; y aunque D. Juan José solicitó del rey su perdón, no lo consiguió. Quizá por este ambiente, el 29 de Julio de 1833 fue propuesto para la diócesis de Córdoba, designado Administrador Diocesano hasta que el 7 de Marzo de 1934 partió para Córdoba. El 4 de Octubre de 1847 fue preconizado Arzobispo de Toledo y el 30 de Septiembre de 1850, el Papa Pío IX lo designa Cardenal.

Al empezar 1857 su salud empeoró mucho y falleció en Madrid el 11 de Febrero, siendo sepultado en la Catedral de Toledo.

E) Las laminas editadas en el silo XX, en las que aparecen concedidas 100 días de indulgencias, las pudo haber concedido cualquiera de los obispos que ostentaran el cargo en ese momento (1900-1950 +/-).

F) Un último ejemplo lo constituye los 80 días de indulgencia que concede el Ilmo. Sr. Obispo de Granada a toda persona que leyere u oyese leer estos versos; se trata de una SALVE dedicada a Ntra. Sra. de la Piedad en el día de la Asunción, editada en el año 1896 en Quintanar por la Imprenta de V e Hijo de R.F.

La autoridad eclesiástica a la que se refiere es D. JOSÉ MORENO MAZÓN, Patriarca de las Indias y que entre (1885-1905) ejerció como máximo mandatario del obispado granadino.

G) Existe un ejemplo de indulgencia concedida al Ssmo. Cristo de Gracia a través de una estampa: “varios Excmo. e Ylmos. Cardenales y Arzobispos tienen concedidas innumerables indulgencias”, pero carecemos de la fecha de la estampa por lo que no podemos adscribirla a la autoridad eclesiástica que la otorgó.

Esperamos, a través de la investigación que llevamos a cabo actualmente, obtener felices resultados sobre el paradero de algunas de estas bulas e indulgencias, de lo que informaremos en cuanto esto se produzca.

BIBLIOGRAFÍA:

ESTREMERA, A.(1925).: Quintanar y su tesoro. Madrid.  

GARCÍA VILLOSLADA, R.(1979).: Historia de la iglesia en España. Madrid, BAC. MARTÍN DE NICOLÁS CABO, J. (1996).: La Piedad. Historia y devoción de Quintanar de la Orden.

VV.AA. (1993).: Los Primados de Toledo. Diputación de Toledo. Toledo.

VV.AA. (1972-75).: Diccionario de Historia eclesiástica de España. Madrid, CSIC. 4 vols.

Zacarías López-Barrajón Barrios

Historiador/arqueólogo   

PUBLICADO EN: La Encina, revista cultural y de actualidad, año 2010, nº 154, junio, pp. 45-47

HISTORIA DE LA TRAÍDA DE LA  ACTUAL IMAGEN DE LA VIRGEN DE LA PIEDAD

En un poblachón manchego de la provincia de Toledo, de calles amplias y limpias, que le dan aspecto de una gran urbe, en donde se levantan edificios señoriales como la llamada casa de Piedra, y suntuosos, cual el del casino “El Recreo”.  Su fiesta más importante es la de la Virgen de la Piedad, el 15 de agosto. También se celebran procesiones de diversos santos como son San Antón, San Sebastián, San Isidro, San José, San Joaquín y Santa Ana, etc. El día 25 de septiembre, con motivo de la festividad del Patrón, Ssmo. Cristo de Gracia, se celebra una emotiva procesión, teniendo lugar las tradicionales ferias y fiestas; con este motivo se celebran corridas de toros, carreras ciclistas y demás competiciones populares.

Pero ante todo era una vida tranquila: transportes Desiderio seguía haciendo su servicio regular de mercancías entre Madrid y San clemente, pasando por Ocaña, Villatobas, Corral, Quintanar, Mota del Cuervo, Pedernoso y Pedroñeras.  Lupirino vendía tractores EBRO, el camión nacional, 4 clindros 3-4 toneladas. Al igual que Félix García continuaba con su venta, (en calle José Antonio, 5, teléfono 130) de carnes frescas, cordero, ternera y cerdo y seguían despuntando las industrias del anís – la asturiana- y chocolates –Dulcinea, “preferidos por su exquisito paladar”-.

Pero remontémonos al mes de julio de 1957, concretamente, al día 20, cuando se celebró la sesión extraordinaria por el Ayuntamiento, correspondiente a un Pleno de Alcaldía. El Alcalde era D. Valentín Oliva Sancho, el Secretario D, Sebastián Palacios; los tenientes de Alcalde: D. Juan M. Romasanta Fuentes, D. Alejo Gallego Bolaños, D. Leovigildo Rodríguez Martínez y D. Filiberto Nieto Cano. Los concejales restantes: Javier Fdez-Cadiñanos, D. Aniceto Santos Nieto, D. Santiago Leganés, D. Eugenio Nieto Villajos, D. Tomás Muñoz Sánchez.-Grande y D. Pedro Martín de Nicolás –por cierto-, estos dos últimos aún viven.

El acuerdo es único y aprobado por unanimidad: “Nombrar alcaldesa Honoraria Perpetua de esta Muy Leal Villa a su Excelsa Patrona Ntra. Sra. de la Piedad y que el día 4 de agosto, con motivo de la bendición por el Eminentísimo y Reverendísimo Cardenal Primado, de la nueva imagen, le sea impuesta por nuestra primera autoridad local, medalla de Alcaldesa y entregado el Bastón de Mando.” Y así lo fiman, siendo esta la vista habitual que tengamos de la Patrona, portando el bastón de mando y la medalla.

Ya en el mes de agosto de 1957, uno de esos calurosos que en la Mancha se deja sentir especialmente, la Mayordomía hacía sus preparativos para festejar la traída de una nueva imagen de su Patrona, la Virgen de la Piedad.  El 3 de agosto se compraron y pagaron a D. Jesús Sierra, 50 docenas de cohetes-bomba de primera especial y luces, que hacían un importe total de 1.060 pts. De esta gran compra de pólvora debieron sobrar cohetes, puesto que en las fiestas de a Ascensión, 14 y 15 de agosto, sólo se hizo un gasto de 620 pts. La llevada de bancos y sillas (75 pts.),  el montaje  por D. Juan Serrano del altar del Paseo de Colón  (75 pts.),  las flores traídas de Murcia para adornar el altar, el disparo de cohetes –Luis Cordones (75 pts.) y de pólvora –Rafael Tirado- por (100 pts.), los gastos del santero D. Benito Romero (375 pts.), también se instalaron altavoces en el paseo de Colón para mayor comodidad de los asistentes, etc.

Pero además, se recibieron colaboraciones de algunos quintanareños, como D. Eusebio Sevilla, que regaló el alquiler sillas para la bendición de la nueva imagen. O el traslado de bancos, altar y demás enseres desde diferentes sitios al Paseo de Colón, que costaron 200 pts., que se donaron a la Virgen.

Y llegó el gran día para Quintanar, todo estaba listo, era sábado y el programa de actos decía que a las 8 de la mañana la banda municipal recorrería las calles de la población tocando alegres dianas. A las 10, concentración de automóviles y motos que, organizados por la Policía de tráfico, con la organización de la Agrupación Motorizada Comarcal san Cristóbal, partirán al kilómetro 110 para esperar a su Eminencia el  Sr. Cardenal Primado y primeras autoridades civiles de la provincia. A las 11, ya en el Paseo de Colón, recibimiento de las autoridades eclesiásticas, civiles y militares, comarcales y locales; Mayordomía de Ntra. Sra. de la Piedad, Cofradías, Hermandades, representaciones y Ramas de Acción Católica con sus banderas, estandartes e insignias; Banda Municipal y pueblo de Quintanar en general.  Después se llevará a cabo la bendición de la nueva imagen por el Cardenal, lectura del Acta Municipal en la que se nombra Alcaldesa Honoraria perpetua con imposición de bastón de mando y Medalla del Ayuntamiento distintivos del cargo. Acto seguido se celebraría una misa oficiada por el Sr. Cura Párroco; tras la misa se traslada la Virgen a su ermita para finalizar con la tradicional Salve y un Besa Mano a su Eminencia Reverendísima.

A las 2 de la tarde, en el Hotel Villa, banquete en honor del Eminentísimo Sr. Cardenal Primado. A las 6,30 de la tarde y organizada por el Excmo. Ayto. y a beneficio de la Santísima Virgen – se obtuvieron 7.377,50 pts.- Gran Novillada con la intervención del diestro Ángel Tomillo, afamado novillero, natural de la localidad conquense de  San Lorenzo de la Parrilla.

Todos los actos se retransmitieron por radio Toledo, Radio Nacional de España, el NO-DO y redactores de varios periódicos, entre los que destacamos los diarios Pueblo y el Alcázar. El primero de ellos, a través de su edición del lunes 5 de agosto de 1957 y de la mano de Julio Trenas, en el apartado de NOTICIAS decía :”Ayer, a las once de la mañana, hizo entrada solemne en Quintanar de la Orden el eminentísimo y reverendísimo cardenal primado de la diócesis y primado de España, doctor Pla y Deniel. Lo recibió el júbilo exaltado y católico de los quintanareños en fiestas. El pueblo toledano, devotísimo de su Patrona, la Virgen de la Piedad, iba a presenciar la bendición solemne de la nueva imagen, maravillosa talla policromada de González Gil. Después de la bendición verificada por le Cardenal Primado, se leyó el acta por la que se acuerda proclamar a la Patrona Alcaldesa Honoraria Perpetua de la villa.

 Y acto seguido, Don Valentín Oliva Sancho impuso a la imagen el bastón de mando y la medalla del Ayuntamiento, demostrativos del cargo. Bendecida la escultura y oído el santo sacrificio sobre andas aladas, la Santísima Virgen fue llevada, en medio de la devoción y los vítores del pueblo, desde el paseo de Colón, donde se celebraron los actos, hasta su emita. Las fiestas de Quintanar duran hasta el día 15 de agosto.  La jornada de ayer, apretada d fervor religioso y clima popular, representó el comienzo de las mismas, y, sobre todo, evidenció, una vez, más el amor mutuo que el primado y su diócesis toledana se tienen”.

El escultor, invitado por a Mayordomía, estuvo ese día en Quintanar y entabló conversación con algún quintanreño como D. Benito Rodríguez al querer comprarse unas gafas de sol. Durante el banquete del día de la bendición de la imagen de la Patrona, conoció a Don Miguel Marías, empresario de la última corrida que toreó Joselito en este pueblo, acompañado en el cartel por Sánchez Mejías. Fue un día de lluvia torrencial. –Joselito, cuenta Don Miguel, mató al cuarto toro sin banderillear y con medio metro de agua e el ruedo, Esto sirvió para que la prensa –el diario pueblo del 8/08/1957- reflejara el citado encuentro.

De Víctor González Gil, podemos decir que nació en Talavera de la Reina, en 1912 y donde desde niño comenzó su afición por modelar el barro y el dibujo. Becado por el Ayuntamiento de su Ciudad y por la Diputación de Toledo, pudo realizar estudios artísticos en Toledo y Madrid; este hecho quiso agradecerlo siempre con la idea de que en su ciudad natal quedaran obras suyas. Es en esta época cuando recibe sus primeros encargos.

En 1993, habiendo acabado sus estudios de Bellas Artes, regresa a su Talavera natal para exponer junto con el pintor Lorenzo Ginestal. Es de justicia rescatar la figura de Víctor González Gil, talaverano ilustre, a pesar de que haya transcurrido más de una década desde su muerte. Nunca es demasiado tarde para recuperar la memoria, que es la mejor, la única forma de que nadie muera del todo. Y aunque Víctor González Gil está presente a través de sus obras en muchos rincones de su Talavera, en numerosas iglesias, no son muchos los que saben que su talento se extiende por toda España, desde Santander a Jaén pasando por Madrid, y por todo el mundo, de Moscú al Amazonas, en forma de Virgen, de tallas, de retablos, de bustos…esta exposición que nos acerca la historia de una imagen debe ser el tributo de Quintanar a la persona que esculpió la actual imagen y, ante todo, la voluntad de dejar su nombre escrito en nuestra memoria para siempre.

Por aquellos años Víctor González Gil tenía su estudio en Madrid, en la calle Fernández de la Hoz, en el número 60-68, como aparece en la tarjeta de visita que ha llegado hasta nosotros, donde rezan una muestra de sus trabajos más señeros, además de sus méritos. Este escultor también realizó otros trabajos para la Mayordomía, como los que nos detalla una factura por importe de 5.000 pesetas a cuenta por trabajos realizados en el nuevo camarín del altar mayor; además de numerosos trabajos para pueblos del entorno como Mota del Cuervo, Corral de Almaguer, Santa Cruz de la Zarza, etc.

Bueno ya sabemos que la Mayordomía de la época –con Don Leandro Sierra como Capellán-, estaba compuesta por: D. Felipe Nieto García, D. Nicolás SánchezFlor González, D. Manuel García Fernández, D. Zacarías Villa Moreno, D. Pedro Justo Dupuy y D. Manuel González del Peral y Montes, fue la que hizo el encargo al citado escultor, aunque fue D. Juan Justo Dupuy el que pagó las pesetas que costó.  Además contaban con un numeroso y experto grupo de camareras como Dª Amalia Villanos, Dª  Esperanza Rojo Justo, Dª Filomena Fernández Mec, Dª Gloria Justo Dupuy, Dª Matilde López-Brea Fernández, Dª Vicente García Villajos, DªAna Mª Rubio Covarrubias, y Dª Julia Carrión Romero.

Ese mismo año de 1957 también tuvieron actos significativos otras Vírgenes; como la Coronación de la Virgen del Prado de Talavera de la Reina, la Coronación Canónica de la Virgen de Argeme en Coria (Cáceres) o la Virgen de la Montaña con motivo de su centenario como Patrona de la Ciudad de Cáceres y seguro que muchas más.

Bibliografía Empleada

  • Archivo de la Ilustre y Venerable Mayordomía de Ntra. Sra. de la Piedad y Ssmo. Cristo de Gracia. Años  consultados 1950 a 1960.
  • Estremera, A.(1925).: Quintanar y su tesoro. Madrid.
  • Martín de Nicolás Cabo, J. (1996).: La Piedad. Historia y devoción de Quintanar de la Orden.
  • AA. (1960).: Quintanar, en Provincia, Boletín Informativo de la Excma. Diputación de     Toledo.  nº 23, pp. 25 a 30.

Zacarías López-Barrajón Barrios

Historiador/arqueólogo   

PUBLICADO EN: La Encina, revista cultural y de actualidad, año 2007, nº 145, diciembre, pp. 53-54. Quintanar de la Orden (Toledo).

 LA VIRGEN DE LA PIEDAD Y AGUSTÍN ORTIZ  DE VILLAJOS

Hace nueve años desde que publicamos nuestro primer escrito sobre el ilustre arquitecto quintanareño Don Agustín Ortiz de Villajos y Calleja; las citadas referencias aparecieron en este mismo órgano de difusión, La Encina, en tres capítulos sucesivos en los números 91(1998), 92(1999) y 94(1999). Otros autores continuaron nuestra labor aportando datos sobre la prolija vida de este ilustre quintanareño, llegando su eco hasta nuestros días en qué vemos como su obra vuelve a ser motivo de curiosidad investigadora, pero lo bueno que tiene lo que se escribe, es que permanece y como tal, ahí está nuestro trabajo, pionero y de obligada consulta para todo el que quiera adentrarse en la vida de nuestro paisano, aunque a algunas personas “olviden” citarnos, como es de ley hacerlo, cuando se escribe sobre un tema en el que ya se han realizado estudios.

Puntualizaciones aparte, es de todos conocida la relación de Ortiz de Villajos con la Virgen de la Piedad, aunque algunos aspectos no los conozcamos hasta hoy, fruto de una investigación continua y callada que todavía mantenemos pues estamos ante la  apasionante vida de una figura de la  arquitectura del siglo XIX. Las celebraciones que se van a llevar a cabo este año, con motivo del Cincuentenario de la traída de la actual imagen de la patrona de Quintanar de la Orden, nos “obligaban” a sacar a la luz esta relación, máxime cuando también se cumplen  140 años de la construcción del Teatro Gracilazo de la Vega, la obra más  importante en su pueblo del insigne arquitecto.

Los trabajos, hasta ahora conocidos, en la Muy Leal Villa de Quintanar de la Orden del arquitecto Agustín Ortiz de Villajos y Calleja se refieren a la realización del Teatro Gracilaso de la Vega (1867), el Asilo de Ancianos Desamparados (1890 y en colaboración con su hermano Manuel) y la realización del proyecto de restauración de la Ermita de Ntra. Sra. de la Piedad (en 1886). Esta última referencia , nos da pié para adentrarnos en los lazos que unen a la Virgen de la Piedad con el arquitecto; los trabajos parece que fueron un “regalo” de agradecimiento del pueblo de Quintanar a su Patrona por haberle salvado, el año de 1885, de la epidemia de cólera que azotaba nuestra comarca; la referencia extraída del libro del Doctor Martínez Marín, Quintanar y su tesoro, dice:  “Estaban los altares y la caja del órgano muy deteriorados, las paredes blanqueadas con cal y los canceles de las dos puertas si pintar. Eran  en el ejercicio de 1885 a 86 mayordomos de Ntra. Sra., Santos Botija y Vela, José Pastor y Jover, Valentín Carrión y Carrión, Pedro Torres y López, Álvaro e Isdoro Mompó y Soler, y secretario, el Presbíetro Don Ruperto de Contreras…”

Al frente de las obras, que transcurrieron entre el 8 de abril al 30 de julio de 1886, estuvo el pintor y decorador Don Félix Romero, junto con algunos oficiales, y consistieron en el dorado de distintos elementos arquitectónicos como molduras y tallas de los altares; otros de decoración pictórica como las columnas que imitaron mármol blanco con betas en color gris. Restauración de los cuadros de  los altares del SSmo. Cristo de Gracia, San Juan Bautista y Ntra. Sra. del Carmen, así como los que están situados sobre las puertas de la sacristía. Se imitaron las cancelas de color nogal y pino así  como la caja del órgano y balaustradas del coro, púlpito y presbiterio, de acero limado. Se pintaron los medallones de las pechinas con el anagrama de María, en fondo de oro mate. También se llevaron a cabo obras de albañilería. El montante final de la restauración fue de 49.644´55 reales (unas 12.411 pts. o  74´59 €) desglosadas en las siguientes partidas:43.240 reales el maestro pintor y dorador, 1.315 reales la carpintería,

1.227 la albañilería y 3.862´55 por varios efectos y materiales. La bendición se llevó a cabo el 14 de agosto de 1886.

Además, Ortiz de Villajos, realizó el diseño de una de las carrozas de Ntra. Sra. de la Piedad, cuya ejecución se llevó a cabo en talleres de Madrid y que el Doctor Rodríguez Marín describe de la siguiente forma: “Tiene esta carroza forma de una navecilla ostentando en la popa y en la proa escudos con el anagrama de María y las armas de la M.L.V sostenida por ángeles; una greca tallada que orla las bandas de babor y estribor, cubierto de todo ello de oro fino y bruñido sobre fondo blanco.

La carroza está guarnecida de un guardamalleta de terciopelo de color hueso con ricos adornos de pasamanería que ocultan las ruedas”. El elemento en cuestión es la actual carroza del Santísimo Cristo de Gracia, que contemplamos en esta foto con su uso original, portando la antigua imagen de la Virgen de la Piedad.

Otro trabajo, y novedoso hasta hoy, es el de la Ermita Extramuros, que Ortiz de Villajos realiza para Ntra. Sra. de la Piedad. Según lo que conocíamos hasta ahora del edificio por el citado Martínez Marín es que “La pequeña ermita de la Piedad, a la parte del Norte, está en el  preciso sitio donde fue hallada la Santa Imagen de la Patrona de esta Villa, fue edificada por la devoción de los fieles en 1863” el mismo autor nos habla de un favor o milagro que dice así: “El 22 de enero de 1863, Don Vicente García y García, Sacristán Mayor de la Parroquia, y Zacarías Nieto y García, su sobrino, de doce años de edad, estaban con otros repicando las campanas en la torre de la parroquia a la hora de las oraciones de la noche para la función extraordinaria de Ntra. Sra. de la Piedad en su ermitilla, extramuros, construida aquel año…”. Este texto del milagro del niño, que fue golpeado por la campana de la Doctrina parece confirmar la fecha de edificación de esta ermita en 1863, cinco siglos después del año de la aparición de la imagen (1363), construcción que serviría para conmemorarlo.

Pero en nuestra investigación sobre Ortiz de Villajos hemos hallado un texto del año 1865, al que acompaña un grabado, del día de la inauguración de la ermita; tras un relato de la leyenda sobre la fe y devoción del pueblo de Quintanar a su Patrona el texto dice:

…Hasta aquí la tradición, ahora sigue la historia.

 A principios del siglo XV, se había construido en el mismo sitio donde se refugiaron los toledanos de que hemos hablado, una quinta que se llamaba de la Encina, a causa sin duda de los muchos árboles de esa especie que había en el terreno; y un día en que los mozos de labranza araban un campo, una de las mulas se hundió de pronto en un hoyo que practicó su propio peso.

 Acudiendo los mozos, y separando la tierra, tropezaron con un objeto duro, que resultó ser una caja de plomo, dentro de la cual había una imagen de Maria Santísima. Noticiado el caso a las autoridades  eclesiástica y civil, a cuya jurisdicción pertenecía la quinta, acudieron al sitio, y dispusieron se colocase el precioso hallazgo en una pequeña iglesia que ya existía allí sin duda, señalando con una cruz de piedra el sitio de la invención.

 

 Tal vez esto contribuyó a que se edificasen allí otras quintas, porque los buenos de nuestros abuelos encontraban un poderoso motivo de atracción en todo lo que envolvía alguna idea religiosa; pero sea de esto lo que se quiera, ello es que las quintas se multiplicaron; y como el dominio directo de la comarca pertenecía a la célebre orden de Santiago, el pueblo que resultó de la agrupación de varias quintas, se llamó Quintanar de la Orden.

 Ya porque creciese el vecindario, ya porque la piedad de los fieles quisiese dar mayor honra a la santa imagen, o bien por ambas cosas a la vez, a principios del siglo actual, las autoridades locales y los vecinos, pensaron en construir un templo más espacioso, el que comenzó a edificarse en 1807, y no pudo concluirse hasta 1814 a causa de la guerra de la Independencia española. Por fin, en dicho año comenzó a darse culto a la imagen de Nuestra Señora de la Piedad en una iglesia de tres naves, capaz de contener al numeroso vecindario. 

No queriendo ser, los actuales vecinos menos que sus padres, idearon que sería cosa digna de ellos, elevar un sencillo monumento que perpetuase la memoria del feliz hallazgo de la imagen; y acordados de los pareceres, y allegados fondos, producto de cuestiones vecinales, pusieron manos a la obra, siendo el alma de la empresa el médico titular don Ildefonso Villalba, y arquitecto constructor don Agustín Ortiz Villajos, ambos hijos de Quintanar de la Orden; con lo cual dicho está, que uno y otro han obrado desinteresadamente y por pura devoción.

 

 El monumento es una pequeña ermita, representada en el grabado en el acto de celebrase la procesión con que fue inaugurada en la última Pascua de Pentecostés. De sus formas exteriores nada decimos, porque nuestros lectores podrán juzgarlas, y tal vez las encuentren como nosotros del mejor gusto, como el que señor Ortiz ha sabido hermanar la sencillez con la severidad y elegancia.

             

El orden arquitectónico en su interior, participa, como en el exterior, del gusto bizantino, el más propio, sin duda, del objeto a que está destinado el monumento”.

La descripción que nos hace es muy breve, pero observándolo detenidamente podemos ver un edificio de pequeñas dimensiones con una puerta de acceso en arco, sobre la que se abre un rosetón o ventana con forma circular, que enmarca cuatro lóbulos; entre el arco y el rosetón vemos dos motivos decorativos con forma de cruz incrustados en el muro como sillares, ya que la fábrica de la fachada es de estilo toledano (cajones de piedras separados por ladrillo).

En el muro lateral (fabricado en mampostería) también observamos los contrafuertes adosados al muro, rematados en columnitas.

La espadaña que remata el frontón delantero y una cruz trasera, sobre el ábside. En el lateral aparece una ventana en forma de arco apuntado, flanqueada por otras dos en forma circular y en la parte alta el tejado se remata con una cornisa decorada con salientes y círculos. Del interior nada se ve, aunque según el texto nos habla del “estilo” Villajos.

Si vemos (fotos de José Luis “Tavira”) la ermita en los años 1922 -1960 y en la actualidad, indudablemente el edificio ha tenido bastantes “retoques”, pero la concepción original –según nos la muestra el grabado y las fotos- es muy similar, a excepción del remate de la cornisa las ventanas redondas de los laterales y la espadaña.

En cuanto al acontecimiento que conmemora , no cabe duda de que se trata de la inauguración del edificio por el cortejo procesional (tambor, dulzaina, abanderado, sacerdotes,  fieles en actitud de oración y hasta la silueta de la imagen de la Patrona llevada en unas pequeñas andas -por cuatro personas- en una procesión que abandona el  pequeño santuario, ubicado en un lugar de árboles y frondosa vegetación que denota su situación en las afueras del pueblo y por lo tanto en el campo.

Podemos encontrar paralelismos de esta construcción religiosa, en las que el arquitecto no se prodigó mucho a lo largo de su carrera, en la ermita dedicada a San Rafael Arcángel, en la localidad de Consuegra. Concretamente la que se sitúa en la barriada del Imparcial, donde, como saben, Ortiz de Villajos participó en su reconstrucción tras ser inundada por río Amraguillo, a petición del director del famoso periódico El Imparcial Don José Ortega y Munilla. En la fotografía  pueden observar la similitud de estilos de ambos edificios; entrada en arco, fachada a lo toledano, contrafuertes adosados a los muros laterales, remate de la espadaña, rosetón en la fachada principal, etc.

La última de las atribuciones que le concedemos, aunque con reservas, ya que no tenemos una referencia documental que nos lo confirme, es la del Monumento de Semana Santa; no cabe duda que la factura del artilugio tienen mucho que ver con el “estilo Villajos” que tanta fama le dio; de hecho está representando una arquitectura religiosas en la que predominan arcos lobulados, pináculos, rosetones, etc. Esperemos que algún día tengamos esa confirmación documental que se lo atribuya y que la Ilustre y Venerable Mayordomía lo cuide y lo luzca orgullosa como obra de arte que es.

Como hemos visto, la vida de Don Agustín Ortiz de Villajos y Calleja “siempre entusiasta por su pueblo natal y ferviente devoto de nuestra querida Patrona” está vinculada a ellos a través de sus trabajos como arquitecto  (en los que seguimos investigando

y les aseguro que hay más novedades de su obra, que les haremos muy pronto), como lo demuestran estas y otras intervenciones; ¡ honremos su memoria ! como hombre, como arquitecto y como quintanareño nombrándole hijo Ilustre – a título póstumo- de esta Muy Leal Villa, recuperando la fachada del teatro Gracilaso de la Vega en el 140 aniversario de su construcción e identificando con una placa los lugares y creaciones en los que trabajó, seguro que nuestra Excelsa Patrona ya lo ha hecho.   

Bibliografía Empleada

  • A. (1925).: Quintanar y su tesoro. Madrid.
  • El Museo Universal. (1865).: nº 35, . Madrid
  • Martín de Nicolás Cabo. J. (S.J.), (1996).: La Piedad. Historia y devoción de Quintanar de la Orden.   Quintanar de la Orden,  
  • Navascués Palacio, P. (1973).: Arquitectura y arquitectos madrileños del siglo XIX.

Zacarías López-Barrajón Barrios

Historiador/arqueólogo

PUBLICADO EN :  La Encina, revista cultural y de actualidad, nº 143, pp. 21 a 23, junio 2007, Quintanar de la Orden, Toledo.

    DEVOCIONES MARIANAS DE ORIGEN MEDIEVAL  EN EL COMÚN DE LA MANCHA 

En este año de la Fe en el que los quintanareños celebramos el seiscientos cincuenta aniversario de la aparición de la Sagrada imagen de Ntra. Sra. de la Piedad, Patrona de Quintanar de la Orden, no podíamos dejar pasar la ocasión que nos brinda la actual junta directiva de la Asociación Moros y Cristianos san Juan para dedicar esta colaboración escrita en el libro  festero de este año para tratar un aspecto que entronca directamente con tan maña efeméride: el origen medieval de distintas advocaciones marianas en el antiguo territorio del Común de la Mancha que podríamos denominar como “Vírgenes encontradas o aparecidas, que aparecen (distinguiendo este término de las que se aparecen.

INTRODUCCIÓN.

En el tema de las apariciones marianas no cabe duda de que entramos en los ámbitos de la leyenda y de la tradición; sin base histórica alguna, se dice que fue san Lucas durante su estancia en Éfeso quien recoge la tradición mariana, por la relación que allí tuvo con María. También sin base histórica  se asigna a este evangelista el primer retrato pintado de la Virgen, aunque la tradición atribuye a Nicodemo la autoría de la primera imagen mariana. Pero no sería hasta el concilio de Éfeso (en el año 431), cuando se definiría a María como Madre de Dios, cuando se institucionalizaría litúrgicamente la devoción a esta.

En Oriente surgió la iconografía mariana, que en los siglos VIII y IX, llevó a la guerra iconoclasta y en Occidente nos encontramos, que en vez de iconos hay imágenes; por tanto, las leyendas y tradiciones de las Vírgenes encontradas se inician a partir del siglo IX hasta el renacimiento (siglo XV). Los relatos de estos “encuentros” están formados de fantasías y leyendas que se mezclan con hechos históricos, pero que forman parte de la veneración y devoción de las personas a dichas imágenes, a los que no  importan su veracidad o historicidad. La Europa cristiana está cuajada de “Vírgenes encontradas”, que se veneran con distintos nombres, la mayoría de ellos topográficos y otros tantos alusivos a alguna cualidad mariana. La mayoría de estas Vírgenes encontradas es de suponer que fueron escondidas en escondrijos en tiempos pasados por alguna causa o motivo.

Así, cada una de estas advocaciones marianas “aparecidas” tienen sus propias características de identidad histórica, pero se suceden casi por igual  en todas ellas: fecha del hallazgo (siempre suelen coincidir con alguna festividad o personaje relevante de la iglesia). Su localización (suele ser a las afueras de la población, en una altiplanicie más elevada o en escondrijos bajo el suelo y grutas). Los motivos de su ocultación (para evitar situaciones de profanación o peligros de invasiones o guerras). El receptor de la imagen (suelen hallarlas labradores y campesinos por intercesión de una mujer o niña que ha soñado o presentido su presencia). La tipología de la imagen (normalmente son Vírgenes sentadas o de pie con el niño Jesús en brazos, de color oscuro, casi negro, pues han sido encontradas después de siglos en cuevas o grietas de las rocas y los árboles). Y, por último, el mensaje del hallazgo (todos estos datos ayudan a  dar a conocer el Evangelio entre una comunidad cristiana), pero no cabe duda de que la presencia de María bajo cualquier advocación, no rompe con el mensaje  evangélico, sino que lo reafirma y propicia la evangelización de los fieles cristianos, no sólo en La Mancha, sino en todo España e incluso en el  continente americano.

EJEMPLOS DE LAS ADVOCACIONES MEDIEVALES. 

Nosotros vamos a estudiar este fenómeno de Vírgenes halladas, de origen medieval, en distintas poblaciones de la comarca de Quintanar, que, a la postre, formarían parte del antiguo territorio del Común de la Mancha. Así existen un grupo importante de poblaciones donde se produce este fenómeno, pero aquí nos centraremos en las poblaciones de: Quintanar de la Orden, La Puebla de Almoradiel, Campo de Criptana, Villanueva de Alcardete y Santa María de los Llanos, donde sus patronas responden a las características de este tipo de advocaciones encontradas y/o aparecidas.

Comenzando por Quintanar de la Orden, de todos es conocida la  historia/leyenda de la aparición de la Santa imagen de la Virgen de la Piedad (Fig.1), si seguimos las características      de      este    tipo         de advocaciones     marianas         la       fecha de aparición corresponde al día 23 de enero de 1363, festividad de san Ildefonso, en este caso un santo que tiene mucho que ver con la devoción mariana pues según cuenta la leyenda fue la Virgen María la que se le apareció imponiéndole una casulla en premio a su devoción. El lugar de la aparición estaría situado a las afueras del pueblo en la nariz del camino de Quintanar a Villanueva, sitio conocido como el ero de Santa María y donde luego se erigiría un humilladero en su honor. Los motivos de su ocultación están muy claros, se trataba de preservar la imagen de caer en manos  de los musulmanes que conquistaban la zona.

Fig. 1.- Antigua imagen de Nª Sª de la Piedad.

En cuanto a los receptores de la imagen fueron unos labradores los que hallaron una caja enterrada localizada en el lugar antes descrito que fue visionado en un sueño por una niña.  La tipología de la imagen se correspondía con una talla de poco más de un metro de altura, de pie y con las manos juntas (una Asunción), cara recta y mirando levemente hacia arriba. Hacia el siglo XVI y siguiendo la moda del momento se “convertirá” en una imagen vestidera y aparecerá tocada con ricos mantos y espléndidas joyas, que es como ha llegado a nuestros días.

En La Puebla de Almoradiel hacia 1444, el día de Pentecostés,  unos gañanes de distintos lugares que labraban la tierra en un lugar limítrofe con distintas poblaciones, encontraron una imagen; para determinar a qué lugar pertenecía la Virgen la subieron  a una carreta tirada por bueyes que determinaran su procedencia según la dirección que tomaran. Estos eligieron la dirección hacia la Puebla (a 9 km. de distancia) por lo que se decidió edificar una ermita en el “Campo de Palomares” en honor a la Virgen de Palomares (Fig.2). En este caso la fecha de la aparición corresponde a otro hito significativo del cristianismo, el día en que la Virgen María estaba reunida con los apóstoles y sobre de ellos descendió el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego.

Observamos de nuevo como son labradores los que protagonizan el hallazgo de la imagen, que en esta ocasión es una imagen tallada de poca altura y con un niño en sus brazos (Odiguítria) en actitud bendicente y con  

 Fig.  2.- Virgen de Palomares una bola en su mano izquierda; de clara influencia medieval. Esta iconografía representa a la Madre como trono del Hijo, que al sostener la bola del mundo muestra su poder sobre este y lo bendice.

En la actualidad la imagen ha tenido alguna restauración pero conserva su tipología original, sin embargo la fiesta ha pasado a celebrarse el primer sábado de junio.

Hacia 1290 siendo Papa Nicolás IV, rey de castilla don Sancho El Bravo, maestre de Santiago don Pedro Fernández Mata y prior de Uclés Fray Yagüe, en la localidad de Puebla del Algibe (aldea de la posterior población), un tal Domingo, labrador, al realizar sus faenas se le quedó enganchado el arado y halló una cruz y una imagen de 7 cm. de altura, tallada en bronce que representa a la Virgen con su hijo en los brazos; se trata de Nuestra Señora de los Llanos, patrona de estala localidad conquense de Santa María de los Llanos, que, a la postre, se fundaría en el lugar de la citada aparición.

 

Vemos que las características son comunes a las anteriores, aunque aquí llama la atención las pequeñas dimensiones de la imagen, que hoy se presenta plateada e incrustada en un expositor como la sagrada forma en el Corpus Christi y parece ser de características del siglo XVI. Sus fiestas tienen lugar el 15 de agosto, festividad de la Asunción de María, aunque no sabemos si corresponde con la fecha de su aparición.

Fig.  3.- Virgen de la Piedad

En Villanueva de Alcardete se venera la imagen de la Virgen de la Piedad, que según cuenta la leyenda en tiempo muy antiguo el segundo domingo de noviembre (no coincide con ninguna celebración especial de la iglesia católica) entre los lugares de El Cardete y La Villa se queda estancada una carreta tirada por bueyes de las muchas que por allí circulaban transportando distintos productos y materiales. En esta ocasión se trata de una imagen de la Virgen María con su hijo muerto en los brazos que se venera bajo el nombre de Virgen de la Piedad (Fig.3); parece que la decisión de quedarse en ese lugar se achaca a una voz que proviene de una piedra que dice ¡ me quedo!.

Se trata pues de una imagen tallada en piedra, policromada, de un metro de altura que permanece intacta (a excepción de alguna restauración cromática) con su estilo gótico-flamenco y a la que todos los alcardeteños veneran en su iglesia parroquial dedicada a Santiago Apóstol.

La imagen de Nuestra Señora de la Muela (Fig. 4) es la patrona de Corral de Almaguer y fue tallada entre los siglos XIII y XIV. La leyenda nos cuenta que fue escondida para evitar ser destruida por las huestes musulmanas, posteriormente hallada bajo una rueda o muela de molino. En origen se trataría de una imagen de unos 80 cm., tallada en madera, vestida con telas, sentada y con el niño sobre sus piernas (con la mano derecha estría bendiciendo y con la izquierda sujetaría una pequeña bola del mundo) al que sujetaría con la mano izquierda mientras que con la mano derecha portaría una flor en señal de ofrenda.

Fig.  4.- Virgen de la Muela

De la imagen original no queda demasiado ya que hacia el siglo XVIII fue transformada de forma brutal, pues sufrió alguna mutilación (perdió cabeza y brazos y se le añadió un bastidor), para que pudiera vestir ricos mantos con lo que el niño pasaría a la parte central, sujeto ahora por dos brazos articulados, que facilitarían el acto de vestirla.

En cuanto a la celebración de su festividad se lleva a cabo con la llegada de la primavera, suele coincidir con la festividad de Pentecostés.

El último caso que traemos aquí es el de Ntra. Sra. de Villajos (Fig. 5), Virgen gótica aparecida en una pared de  la ermita del Cristo Villajos en Campo de Criptana. Así, el 25 de marzo de 1982, con motivo de de unas obras de acondicionamiento de Santuario del SSmo.

Fig.  5.- Ntra. Sra. de Villajos

Cristo de Villajos apareció incrustada en una pared una imagen que pudiera ser la titular del  antiguo pueblo de Villajos.

Corresponde el hallazgo a una talla de madera que conserva restos de policromía. Tiene cerca de un metro de altura y representa a una Virgen sosteniendo en su brazo izquierdo a un niño coronado que se sienta sobre su regazo en actitud bendicente. Se trataría pues de una imagen con características románicas del tipo Theotocos que puede fecharse hacia los siglos XII-XIII. El lugar denominado Villajos, a unos cuatro kilómetros hacia el norte del núcleo urbano actual, ha sido ocupado por el hombre desde tiempos prehistóricos; se despobló a partir del siglo XII y sobre la primitiva iglesia del núcleo se levantó la actual ermita.

 

CONCLUSIONES.

 

Una vez realizado el repaso por las distintas advocaciones  y analizando  esas características comunes extraemos las siguientes conclusiones. Que la más antigua “aparición” correspondería a la de Santa María de los Llanos, que sus tipologías son claramente medievales (sentadas o de pie con el niño a su lado, a excepción de la imagen de Quintanar de la Orden que es una Asunción.  Que las comunidades que encuentran o hallan estas imágenes corresponden a personas dedicadas a la agricultura o el pastoreo. En todas las poblaciones donde aparecieron se erigieron santuarios fuera de la población en lugares altos, con vegetación ó cercanos al gua, que han ido engrandeciéndose con el paso de los siglos y sus celebraciones  constituyen la base de un sentimiento religioso que tiene ancla sus raíces en la tradición.

Por último, hacer notar que –curiosamente- estos patronazgos marianos no coinciden con la dedicación de los templos parroquiales de las poblaciones estudiadas (Quintanar y Villanueva-Santiago Apóstol, Corral, Criptana y Sta. Maria de los Llanos-Nª Sª de la Asunción y La Puebla-San Juan Bautista), ahí lo dejamos, porque ese hecho puede ser motivo de futuro estudios.

BIBLIOGRAFÍA.

 

  • Conde de Fabraquer.(1861).: Historia, tradiciones y leyendas de las imágenes de las Virgenes aparecidas en España, 3 vols.
  • Christian, W. A (1991).: Religiosidad en tiempos de Felipe II. Editorial Nerea, Madrid.
  • A.(1925).: Quintanar y su tesoro. Madrid.
  • López-Barrajón Barrios, Z.(2013).: Historia y leyenda en torno a la aparición de la santa imagen de Ntra. Sra. de la Piedad. Revista Cultura, XXI, nº 25, pp. 12-13.
  • Martín de Nicolás Cabo.J. (S.J.), (1996).: La Piedad. Historia y devoción de Quintanar de la Orden. Quintanar de la Orden,
  • Rojo García-Lajara, R. (1991). Historia de la muy noble y leal villa de Corral de Almaguer. Edita: el autor.  Corral de Almaguer, Toledo.
  • AA. (1989).: Guía para visitar los santuarios marianos de Castilla La Mancha. Ediciones Encuentro, Madrid.

Zacarías López-Barrajón Barrios

Historiador/arqueólogo

PUBLICADO EN: Recuerdo de antaño, fiestas de ogaño,  junio de 2013, pp. 25-28. Asociación Cultural de Fiestas de Moros y Cristianos San Juan de Quintanar de la Orden (Toledo). 

 

REFERENCIAS MORUNAS EN EL POEMA HISTÓRICO DE NUESTRA SEÑORA DE LA PIEDAD.

 

1.- Introducción

Agradecemos a la Junta Directiva de la Asociación Cultural de Fiestas “Moros y Cristianos” su amabilidad al invitarnos a participar en este libro de fiestas 2008 , como lo hicimos en otras ocasiones.

Hemos querido abordar este pequeño estudio sobre las referencias morunas en el “Poema Histórico” que en 1650 escribiera el licenciado Don Diego López y en 1925 recogió Don Antonio Estremera, junto con la Noticia histórica de la Muy Leal Villa que escribiera Don Francisco Martínez Marín, en su obra QUINTANAR Y SU TESORO”.

 

Del autor sabemos, que era natural de Quintanar de la Orden, presbítero y devoto de la Virgen de la Piedad como lo demuestra el hecho de haber escrito esta obra cuyo título es “HISTORIA, ORIGEN Y FAVORES DE LA SOBERANA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DE LA PIEDAD, PATRONA DE QUINTANAR DE LA ORDEN, FORMADA POR LAS TRADICIONES ANTIGUAS DE SU VECINOS”.

Tiene un  carácter popular y, al parecer, se encontraba en el archivo parroquial; está dividida en tres partes o cantos: el Canto Primero o Poema histórico-subtitulado el Éxodo-, que es la parte a la que nosotros aludiremos, el Canto Segundo o el Origen y el canto tercero o los Favores. Como introducción la acompañan unos versos de José Zorrilla, que también reproducimos más abajo y una advertencia o aclaración que  dice así:”se trata de una relación en forma de octavas reales (136 en total), en la que se cuenta la historia de la milagrosa aparición de la Imagen de Ntra. Sra. de la Piedad con la finalidad de perpetuar su amor y su memoria entre los hijos que tantas gracias y favores reciben constantemente de sus benditas manos”.

Los barrocos versos en los que está compuesta (octavas reales) eran estrofas de origen italiano que se establecieron en la métrica española durante el inicial Renacimiento, al ser introducida por Garcilaso de la Vega y Juan Boscán. Consiste en ocho versos endecasílabos con tres rimas consonantes cuyos seis primeros riman alternadamente con las dos primeras; los dos últimos constituyen un pareado final de rima distinta: ABABABCC. Aunque al principio se utilizó con fines líricos, en ese mismo siglo ya se constituyó en vehículo ideal y exclusivo para largos poemas narrativos de épica culta desde que Alonso de Ercilla lo utilizó en su obra La Araucana.

2.- El texto

Reproducimos aquí el texto que va a ser objeto de nuestro estudio para que el lector pueda apreciarlo en su totalidad y observarlo en su contexto general, del que luego extraeremos las alusiones morunas.

 TIEMPOS QUE FUERON  

 “ Oh, ¡cuán sencillos tiempos! ¡cuán grata es su memoria! 

¡cuán dulce y cuán sabroso oir en nuestra edad  las mágicas leyendas de su olvidada historia

 sus crónicas sacando de añeja oscuridad!  Edad por dos pasiones regida y dominada,  guiada por dos astros: la gloria y el amor;  la España por aquella de moros rescatada,  por éste la hermosura corona del valor.  La edad de los prodigios, la edad de las hazañas,  sin duda fue: nosotros de corazón sin fe,  sus crónicas leemos llamándolas patrañas,  e en ellas es dó el dedo del Criador se ve. 

 

JOSÉ ZORRILLA. 

 

NUESTRA SEÑORA DE LA PIEDAD POEMA HISTÓRICO

EL ÉXODO 

 

Portada del libro “Quintanar y su tesoro”

Ave María: De tu Imagen santa

Canto la historia, de Piedad tesoro,

Que  a  Quintanar le diera fama tanta,

Como a Thebas y a Ophir su plata y oro.

Ave María: Lucifer se espanta,

Al nombrarte con fe: protervo el moro 

Y al herege, lanzando  su querella,

Teme la vista de tu imagen bella.

¡ Salve, Madre de Dios !

Grande locura  es dar aliento al pensamiento mío,                                                                                                                                            

Si marinero falto de ventura,

No fueses Tú la estrella en que confío.

Dame tu inspiración; tu mano pura

Preste a mi corazón potente brío, 

Y señale a mi nave rumbo cierto

Hasta arribar al suspirado puerto.

Lugar de Vallehemoso

Es Quintanar la renombrada Villa,

Antigua fundación del agareno, 

Que muchos años dominó en Castilla;

Y al usurpar, tirano, el mando ageno

En tierras de Granada y de Sevilla,

Alzó su enseña en el augusto seno

De la fértil planicie que se ensancha,

Dando su nombre a la fecunda Mancha.

Antigua tradición, con fundamento,

Dice que fue el Romano belicoso

Quien primero fijó su campamento

En este ameno valle delicioso,

Que es en pastos y en aguas un portento

Y le puso por nombre Vallehermoso;

Nombre que fue de antiguo consagrado

Hasta ser por e1 moro conquistado.                                                                              

Fertiliza sus tierras arroyuelo

Que humedece otros campos, sus vecinos,

Produciendo abundantes en su suelo

Ricos cereales y sabrosos vinos;

Bajo benigno y despejado cielo

Lanzan las aves amorosos trinos

Entre perfumes de azafrán y rosas,

Y tomillo, y mil yerbas olorosas.

Recios muros de fábrica imponente

Dicen que tuvo las vetustas ruinas,

Que el tiempo antiguo reservó al presente,

Donde anidan las dulces golondrinas;

Copudos árboles prestan á su gente

Plácida sombra, leña sus encinas,

Sus legumbres el huerto, en abundancia,

Amor la Villa, y agradable estancia.

El claro río que Gigüela llama

El nombre lleva que le diera el Moro

Y en su cauce si no canta la fama

Que arrastre como el Sil, arenas de oro,

Peces produce de argentina escama,

Que dan al ribereño gran tesoro,

Río Gigüela

Cuando pueblos lejanos y vecinos

Acuden a moler a sus molinos.

El campo viendo ameno y agradable

El moro, vencedor en Guadalete,

A Valhermoso cerca; favorable  

La lucha sé le muestra; ya el ariete

Descarga rudos golpes; inestable

El muro se derrumba… ¡al minarete!,

¡Al zoco!, gritan todos, pero en vano,

Sin vecinos lo encuentra el africano. 

Así este pueblo, así la noble España

cayó en poder del bárbaro agareno, 

Que, ardiendo en ira y fementida saña,

Tala, incendia, destruye cuanto bueno

Encuentra; huye el godo a la montaña

¡Infelice!, buscando hogar ajeno

Para llorar sus culpas, y el castigo

Que mereció el monarca Don Rodrigo.

Miniatura de al-Maqamat de al-Hariri, siglo XI

                                                              

Que llevar no podían, ocultaban

En grutas escondidas: eran tantos

Los que en montes de Asturias soterraban,

Que,  a veces, estos restos sacrosantos

A los sencillos fieles denunciaban;

Y de su fe muriendo defensores

Alcanzaban de Dios premios mayores.

 Imágenes, reliquias de los santos,

De Toledo a la Virgen del Sagrario,  

Que augusta  resplandece en su capilla,

Un pozo le sirvió de relicario

Mientras el moro al toledano humilla;

  Alfonso sexto al moro temerario 

De la ciudad arroja, y ¡maravilla!

Clara luz les anuncia un grande gozo,

Encontrando a esta Virgen en el pozo.

La Imagen milagrosa de María,

Que de la peste liberó al Romano,

De amor en prueba, San Gregorio envía

Representación de Alfonso VI

A Leandro Obispo y Doctor Hispano;

La que adorado y escondido había,

Temiendo al moro, el Pueblo sevillano,

En Guadalupe brilla y se aparece,

Y ser de España protectora ofrece.

Gracián Ramírez, noble caballero,

En Riba del Jarama hogar tenía,

Y allí adoraba, con amor sincero,

A la Virgen, que fue de Antioquía.

Robola el moro, mas Gracián con fiero

Empuje al  moro vence, y a María 

Halla en el atochar; Madrid la llama,

Y Señora de Atocha la proclama.                                                                             

Mas… volviendo de nuevo a nuestra historia,

Es opinión común, no desmentida,

Que de Piedad la imagen, prez y gloria,

Del visigodo pueblo, fue escondida

Por sus devotos, sin quedar memoria

De la que era su esperanza y vida:

¡Así lograron que el simpar tesoro

No fuese profanado por el moro!

Mahoma predicando el Corán

Piedad tuvo el Señor, piedad inmensa

De aquellos fugitivos los clamores

Oye de España que, oprimida, piensa

Puede el Señor calmar tantos dolores,

Si le pide perdón; llora su ofensa,

Suplicando el favor de intercesores,

Y, ante el trono divino arrodillada,

Así se expresa en lágrimas bañada:

«Excelsa Majestad, que los gemidos

Escuchas de los pobres desterrados,

Escúchanos, Señor, arrepentidos

Por el infiel deshechos y humillados,

No desoigas la voz de los vencidos,

Que humildes te confiesan sus pecados,

Y cambia nuestras horas de amargura

En jornadas de triunfo y de ventura.

Bandera del ejército Abassí

«La pobre España soy que, en cautiverio

Triste yace, aherrojada y perseguida,

Es mi culpa la clave del misterio,

Que me tiene postrada y confundida

Y subyugada al detestable imperio

De la menguada luna aborrecida,

Rompe la esclavitud en que me veo,

Que aun cuando ingrata fui, sólo en Ti creo.

«Los sacros templos solitarios yacen,

Huyó la gente, no hay solemnidades,

Yerba y abrojos en los atrios nacen:

Una tras otra mil calamidades

Ven los viejos, que en llanto se deshacen,

Y no pueden huir de las ciudades…

Piden ¡ ay! los niños alimento,

Sin haber quien atienda su lamento.

«Las sagradas reliquias ya no existen,

Los monasterios yacen derruidos;

Negro manto las vírgenes se visten,

Y tristes dan al viento sus gemidos;

De orar los sacerdotes no desisten,

En una y otra parte perseguidos,

Y vuestros sacrificios venerados

Son por los enemigos ultrajados.

La meda luna y la estrella, símbolos musulmanes 

«Muchos años Señor que Zaragoza

Venera su Pilar, que es don del Cielo,

Y el moro infiel de sus tesoros goza

Aumentando el cristiano desconsuelo;

Y muchos años ha que, en su carroza,

Alumbra el astro rey acá en el suelo

El triunfo de la infausta media luna,, 

Y el estandarte godo, sin fortuna.

«Acábense, mi Dios, tantos suplicios

Que padece la España conquistada,

Y volverá a ofreceros sacrificios

La gran Jerusalén por vos amada;

Sión recibirá los beneficios

De vuestra mano, y la Fe, ensalzada,

Hará volver los tiempos de Ezequías,

Los trenos cesarán de Jeremías.»

Iberia dijo: y en los altos cielos

De hinojos se postraron los ancianos,

Y en copas de oro ofrecen los anhelos

Santiago matamoros

De nuestro pueblo, al Dios de los hispanos;

Del áureo trono corrense los velos,

Y oye humilde estos ecos soberanos:

«CEDAN TUS MALES Y SANTIAGO SEA

QUIEN A ESPAÑA DIRIJA EN LA PELEA»

                                                                

3.- Análisis

En el texto que vamos a analizar hemos extraído las frases subrayadas del texto  que aluden  a la invasión musulmana y son:

  • (Al nombrarte con fe: protervo el moro), se refiere al temor de perverso moro ante la imagen de la Virgen de la Piedad, como símbolo del cristianismo.
  • (Antigua fundación del agareno) Después se refiere a la antigua fundación de Quintanar que se decía estaba echa por “los moros, aunque de esto se sabe que realmente se referían a las culturas prehistóricas, que antes no se conocían y se referían a estas culturas como las más antiguas conocidas.
  • (Hasta ser por el moro conquistado) tiene que ver con la conquista musulmana de la Península Ibérica, y más concretamente de Quintanar de la Orden.
  • (El nombre lleva que le diera el Moro) se refiere al nombre del río Gigüela o Cigüela cuyo complicado nombre ha pasado por diversas vicisitudes. Ya en época romana era llamado Sego, tal vez en honor a Segóbriga, cuyas ruinas baña hoy en día. Los árabes lo denominaron Sígula y en tiempos de la Reconquista fue el Xihuella. En las Relaciones topográficas de Felipe II aparece el nombre de Xigüela, donde se informa que “El río Gigüela que nace en el Obispado de Cuenca muere en Guadiana”. En la actualidad su nombre también es controvertido pues aparece con dos grafías, Cigüela o Gigüela.
  • (El moro, vencedor en Guadalete), batalla que representa una de las fechas más tristes y penosas de la historia de España, que como todos saben supuso la invasión de toda la Península Ibérica, excepto algunas regiones del norte, por las hordas afroasiático-musulmanas de Tarik y Muza.
  • (Sin vecinos lo encuentra el africano), alude a la invasión mora en el antiguo despoblado de Vallehermoso, donde no hallan habitante alguno
  • Así este pueblo, así la noble España, (cayó en poder del bárbaro agareno), es la confirmación definitiva de la conquista de la Península Ibérica, haciendo “ricia” por donde pasa incendiando, destruyendo todo con lo que a su paso encuentra.
  • (Mientras el moro al toledano humilla; Alfonso sexto al moro temerario), Toledo ha sido conquistada y su población queda a merced del moro, que impone sus costumbres, hasta que son expulsados de la misma por el Rey Alfonso VI.
  • (Temiendo al moro, el Pueblo sevillano, Empuje al moro vence, y a María),  el temor al invasor moro, hace que muchas imágenes marianas se escondan en los más insólitos lugares –como sucede con la Virgen de la Piedad- y cuya representación más particular es la Virgen de Guadalupe, que guía la Reconquista contra el infiel.
  • (No fuese profanado por el moro), refleja los desmanes de la conquista árabe en cuanto al maltrato de los símbolos religiosos cristianos (imágenes), que era lo primero que se restituía en las reconquistas cristianas.

(Por el infiel deshechos y humillados), (De la menguada luna aborrecida),  se refiere a las vicisitudes que se han sufrido en las conquista y dominación musulmana, que no consiguió desterrar la fe cristiana de los pueblos peninsulares.

  • (Y el moro infiel de sus tesoros goza), (El triunfo de la infausta media luna), se refiere a como en algunos lugares -Zaragoza es el caso- ha permanecido el control musulmán, que ha ocupado templos sagrados.
  • (Que padece la España conquistada), es un “grito” al final de la dominación mora y el restablecimiento del orden cristiano.

 

4.- Conclusión

Con este texto hemos comprobado como hay un componente histórico dentro de lo que supone el contar –de una forma exagerada y en forma de leyenda en verso- la aparición de la imagen de Ntra. Sra. de la Piedad. No debemos olvidar la veracidad de los hecho ya que, por ejemplo, tenemos referencias concretas a la existencia del lugar de Vallehermoso y Quintanar, de los que el Rey Alfonso XI realiza una concesión de privilegios donde se habla de este lugar y la merced que otorga a sus habitantes, consistente e la exención de impuestos con el fin de repoblar estas zonas manchegas.

También es una realidad la invasión musulmana en Quintanar de la Orden, como en otros pueblos manchegos, donde hubo un poso importante de la cultura musulmana a través del establecimiento y permanencia de moriscos (que fueron los españoles musulmanes bautizados tras la pragmática de los Reyes Católicos del 14 de febrero de 1502) en estos territorios. En Quintanar existían en 1589 una población morisca de 265 personas de un total de 991 moriscos establecidos en la provincia de Toledo. Provenían del Marquesado de los Vélez  (poderoso linaje en tierras almerienses de la noble familia de los Fajardo) y su reparto en tierras manchegas obedecía a que estuvieran lejanos a tierras de Aragón, Valencia y Andalucía, que eran, por otra parte, los feudos musulmanes por excelencia y en los que más poso de esta cultura quedó.

Se trataba de población bracera o jornalera, en un territorio donde las grandes parcelas de tierra eran dominadas y explotadas por la Órdenes militares –especialmente la de Santiago-, aunque hay que reseñar la existencia en Quintanar de dedicaciones artesanas –en general- donde destaca el sector textil o esparto como lo demuestran algunos procesos inquisitoriales donde se denuncia el desarrollo de sus trabajos en domingos y festivos. Fruto de dedicación a estas actividades, se produce el contacto o convivencia con la población de cristianos viejos quitanareños con los que surgirían enfrentamientos que tenía que solucionar la Inquisición.

BIBLIOGRAFÍA

ESTREMERA, A.(1925).: Quintanar y su tesoro. Madrid.

MARTÍN DE NICOLÁS CABO, J. (1983).: El Común de la Mancha. Encrucijada de Toledo, Cuenca y Ciudad Real. Caja de Ahorro de Toledo, Obra Cultural. 

(1970).: Diez documentos de la historia de Quintanar de la Orden. Ayuntamiento de Quintanar de la Orden.

(1996).: La Piedad. Historia y devoción de Quintanar de la Orden.

(2005).: Historia de Quintanar de la Orden. Desde sus orígenes a 1875. Ayuntamiento de Quintanar de la Orden.

ROMERO SAIZ, M.(2007).: Mudéjares y moriscos en Castilla la Mancha.

Aproximación a su estudio. JJ.CC. de Castilla la Mancha.

VV.AA. (1995).: Enciclopedia Salvat.

VV.AA. (1994-2007).: Libros de Fiestas de San Juan, Quintanar de la Orden, Toledo.

Zacarías López-Barrajón Barrios

Historiador/arqueólogo

PUBLICADO EN: Recuerdo de antaño, fiestas de ogaño. Libro de Fiestas de San Juan, junio 2008, pp. 103-107.Quintanar de la Orden

ESTAMPAS DE LOS SANTOS PATRONOS DE QUINTANAR DE LA ORDEN

La estampa es un instrumento de uso devocional (regalo/adorno-narrativo), cuya difusión se hacía a través de grandes santuarios, iglesias y ermitas que las convertían en atractivo recuerdo para sus fieles. Eran encargadas por colectivos como cofradías, congregaciones religiosas o devotos particulares que corrían con los gastos de impresión. Los soportes más usados fueron el pergamino o el papel y las técnicas empleadas las más diversas, destacando litografías y xilografías, en la que se usaban tintas negras o magentas, que dieron paso al color. Se podían obtener beneficios, rezando antes ellas, que permitían obtener un elevado número de indulgencias, que expresaba con indicción expresa la estampa. Los asuntos que en ellas se expresaban correspondían a las distintas advocaciones, y se ubicaban en alguna pared de la casa o en el mismo cuerpo del fiel –sobre el pecho-, protegidas por una bolsa, confiando en su posibilidades protectoras, de los corporal, espiritual y material.

Poco hay escrito, pero mucho menos si hay que referirse a las estampas que han servido –en el sentido estricto de la palabra- para acrecentar su devoción hacia nuestros Santos Patronos. Es el maestro Juan Martín de Nicolás, el que únicamente nos habla de que proviene de muy antiguo la tradición de editar estampas con el objeto de repartir a los devotos y donantes para la obtención de limosnas. En uno de los inventarios de 1759 se menciona “una lámina de cobre que se ha abierto para tirar las estampas o retratos de Ntra. Sra.”. Se tata de un cobre realizado por el grabador Andrade por encargo de los Mayordomos y fieles, del que conservamos alguna reproducción, en la que observamo la imagen rodeada de ángeles, tocada o vestida con manto y sobre una peana o altar de estilo barroco –podríamos decir que es la ÚNICA estampa, como tal, de la Patrona.

Es en el año 1803 cuando se explicita una relación de estampas encargadas: son alrededor de 500 en tinta negra, azul y roja, de las que existían 50 sobre papiro y 12 sobre seda encarnada.

En 1851, Vicente Fernández, impresor local, hace 500 estampas que costaban medio real la unidad, pero es veinte años después, en 1870, cuando se lleva a cabo la primera fotografía conocida de la Virgen de la Piedad y a partir de este momento se hicieron numerosos modelos.

Además también encontramos una estampa del Santísimo Cristo de Gracia en la que aparece la leyenda:  Smo. Cristo de Gracia, que se venera en la M. L. Villa de Quintanar de la Orden el 25 de septiembre. Varios Excmo. e Ylmos. Sres. Cardenales y, Obispos y Arzobispos, tiene concedidas innumerables Indulgencias,&ª. &ª.   Se trata de una litografía por C. García de la Chica, con sede en la calle Jacometrezo, 68 de Madrid.

Data del siglo XIX y que podemos observar un crucificado de grandes dimensiones, que al compararlo con la fotografía existente del mismo, nos damos cuenta que tiene un tamaño más pequeño, esto nos revela que podría ser una talla no para procesionar sino para culminar la parte alta de un retablo. Es de factura, manierista, demacrado, cabeza reducida e inclinada –para ver desde abajo-. Podría ser la imagen –reproducida- del Cristo que los

quintanareños trasladan de Vallehermoso junto con la campana de la Doctrina ¿?., posiblemente sea del XVI, de época posterior a Berruguete. Es una Cristo de tres clavos, que aparece coronado de espinas y tocado con paño de pureza.  La peana que lo sustenta es más de estilo barroco, muy historiada, que demuestra la fidelidad del grabador (aunque sabemos que también idealizaban bastante, pero no en este caso), pues en la foto es idéntica a esta. La cruz está rematada por unas bolas en los extremos y no tiene sudario.  Después, las estampas que conocemos del Santo Patrón son más actuales y ya corresponden a fotografías de después de la Guerra- (distinto al primero, con cabeza arriba, más procesional, con potencias, manos abiertas, si herida en costado, paño de pureza morado (color asociado a la pasión de Cristo) y cruz en forma de tronco. Esta imagen se trasladó a la ermita de san Antón y procesiona en el Vía Crucis y tienen la misma tipología que el milagroso y venerado Cristo de Limpias. La otra imagen es el actual y fue realizada en el año 1977 por el escultor local Felipe Torres Villarejo; tiene rasgos del primero (cabeza inclinada, forma de la cruz, paño de pureza color y forma, corona de espinas, herida en el costado, pero con igual posición de las manos que el segundo); en la actualidad lleva potencias y corona de espinas en plata.

En cuanto a la Patrona son más numerosos los ejemplos de estampas que se han realizado a lo largo de su historia y que han llegado hasta nosotros. Uno de los más curiosos corresponde a una obra anónima. Es quizás una de las más antiguas representaciones de nuestra Patrona, que se difundió mediante unos billetes de lotería y portada de libritos de oración. La técnica empleada es la xilografía (grabado en madera), y data del siglo XIX. Aparece la Virgen, sobre peana con ángeles, tocada con un manto, corona y rodeada de ángeles que sustentan elementos de la letanía mariana del rosario como son la palma y la torre.

Otro de los grabados más conocidos  es el realizado mediante una lámina de cobre encargada en 1759 al grabador Andrade; en ella la Virgen aparece en un altar, rodeada de ángeles y vestida con manto y corona. Estas estampas se imprimieron –sobre seda y papiro- en diferentes tintas como lo de muestran las conocidas en tinta azul, verde, negro y otras en rojo. Abajo aparece la leyenda: “MILAGROSA YMAGEN DE NTRA. SRA.  DE LA PIEDAD ///que en el Misterio de su Asumpción,  la venera como Patrona /// la M. L.Villa del Quintanar de la Orden. Algunos  Emmos.  Cardenales,///  S.S. Arzobispos y Obispos la tienen concedida 400 días de indulgencias./// Elección de sus mayordomos y vecinos de esta Villa. Año de 1843”

Muy interesante es el grabado con forma de óvalo de finales del siglo XIX. Deriva de los anteriores, aunque ya confeccionado a  todo color; en él se puede observar la riqueza del manto (no documentado hasta la fecha) que porta la Imagen –color del mes de junio, probablemente-, la media luna, la corona y el sol en su vientre como símbolo de Virgen de la Esperanza. Igualmente observamos una leyenda en la parte inferior que dice así: “MILAGROSA IMAGEN DE NTRA. SRA. DE LA PIEDAD/// que en el día de su Asumpción, la venera como Patrona la ///M.L. Villa del Quintanar de la Orden. Algunos  Emmos.  Cardenales,/// S.S. Arzobispos y Obispos la tienen concedida 400 días de indulgencias.”

El siguiente ejemplo corresponde a una fototipia realizada por Thomas Gª Campª Barcelona- de la primera mitad del siglo XX (1916 ?). Tiene concedidos 10 días de indulgencias. La Imagen aparece ataviada con manto claro de decoración floral –no documentado- con el símbolo de Virgen en Cinta, manos juntas, media luna de plata y sobre una peana de corazones que monta sobre otra mayor. La corona tiene el típico canastillo interior rodeado de resplandores y 12 estrellas, aún existe esta corona. Abajo figura una cartela con la siguiente leyenda:

MILAGROSA IMAGEN DE ///NTRA. SRA. DE LA  PIEDAD /// que en el día de su Asumpción, la venera como Patrona /// la M.L. Villa del Quintanar de la Orden.///  Tiene concedidas 400 días de indulgencias.

Lamina a color de autor anónimo, de finales del siglo XIX. Es una bonita representación de la Santa Imagen a todo color de finales del siglo XIX, ya que parece que se hizo una edición limitada de las mismas y se regalaron a las personas que ayudaron en el lazareto que hubo  en la plaza de

toros con motivo de la enfermedad del cólera.  Aparece la Virgen de la Piedad en unas andas muy ligeras sobre una peana con tres corazones pintados, que se repetirán en otras representaciones, la media luna, una de las coronas que aún existe hoy y un manto precioso (como de espigas y rosas que aparece documentado en na foto, por lo que realmente existió) sobre el que destacamos la figura del sol que aparece en su vientre –símbolo de Virgen de la Expectación o de la Esperanza- y un reloj prendido en el lado derecho, símbolo de que siempre debía salir en hora. La existencia del manto está documentada en la que se suele decir que es la primera fotografía de la Patrona, en ella aparece un poco girada hacia un lado. Viste el manto de las espigas, lleva  prendido el reloj en la parte izquierda del manto y el símbolo de Virgen de la

Expectación, además de corona con el canastillo , media luna y dos peanas –la de corazones- y otra grande con una inscripción: “VERDADERA  R. Nª. Sª. DE LA PIEDAD 1876” , que nos viene a confirmar que todo el conjunto existió.  La Virgen de la Piedad en su antigua carroza es una de las imágenes más divulgadas; hoy es la del Ssmo. Cristo de Gracia, la que diseñó  Ortiz de Villajos, cuya ejecución se llevó a cabo en talleres de Madrid y que el Doctor Rodríguez Marín describe de la siguiente forma: “Tiene esta carroza forma de una navecilla ostentando en la popa y en la proa escudos con el anagrama de María y  las armas de la  M.L.V sostenida por ángeles; una greca tallada que orla las bandas de babor y estribor, cubierto de todo ello de oro fino y bruñido sobre fondo blanco. La carroza está guarnecida de un guardamalleta de terciopelo de color hueso con ricos adornos de pasamanería que ocultan las ruedas”. En la parte inferior figura un texto que dice: MILAGROSA IMAGEN DE ///NTRA. SRA. DE LA PIEDAD /// que en el día de su Asumpción, la venera como Patrona /// la M.L. Villa del Quintanar de la Orden /// el día 15 de agosto. Tiene 100 días de indulgencias. De esta imagen se hicieron numerosas fotografías y postales.

Otra estampa de la Virgen en su carroza es la del autor quintanareño Alfonso Gallego, es un dibujo de 1945, con la imagen que trajo tras la Guerra Civil Ubaldo Nuño de la Rosa Mergelina. La corona es la de plata y el manto del cólera; la carroza y no tiene los angelitos delanteros ni los faroles, que existen.  Cartela abajo con la leyenda MILAGROSA IMAGEN de NTRA. SRA. de la Piedad  /// Quintanar de la Orden.

El resto pertenecen a representaciones más actuales (en una tinta o a color), siempre fotografías, editadas con motivo de conmemoraciones, cuando tenía un color más moreno y tras su restauración; ambas con el manto del cólera que es el que en más ocasiones aparece en este tipo de representaciones y con coronas distintas como la que regaló Dª Julia Oliva, otra que le regaló la mayordomía del año 1963 y la de plata.

BIBLIOGRAFÍA:

 

ESTREMERA, A.(1925).: Quintanar y su tesoro. Madrid.

MARTÍN DE NICOLÁS CABO, J. (1996).: La Piedad. Historia y devoción de Quintanar de la Orden.

(2005).: Historia de Quintanar de la Orden. Desde sus orígenes a 1875.

Zacarías López-Barrajón Barrios

Historiador/arqueólogo

PUBLICADO EN: La Encina, revista cultural y de actualidad, año 2008, nº 149, junio, pp. 43-44.

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ADVOCACIONES DE CRISTO EN LA MANCHA: EL CRISTO DE GRACIA.

En los pueblos de la Mancha existe una mayoritaria devoción a la Virgen María en sus distintas advocaciones, pero también hay, aunque menor, una especial fervor, por la figura de Cristo, que se manifiesta en las siguientes denominaciones: Santísimo Cristo del Consuelo patrono de Villa de Don Fadrique (Toledo), que se celebra el 11 de septiembre. El Cristo de la Viga, patrono de Villacañas (Toledo), cuya festividad se celebra el primero de mayo constituyendo un acto de primerísimo orden si atendemos a la antigua tradición de la que proviene, así como incluye ese elemento singular, que son los danzantes y distintos oficios que participan en la fiesta. El Santísimo Cristo del Prado patrono de Madridejos (Toledo), cuyo culto está documentado hacia 1665 en un interesante imagen de los denominados “cristos de falda”, llamado así porque el paño de pureza se alarga hasta parecer una falda. Las fiestas en su honor se celebran a mediados del mes de septiembre. El Santo Cristo de Santa Ana de Villafranca de los Caballeros (Toledo) (Figura 1), que se venera en la interesante ermita del siglo XVII (Capilla Sixtina de la Mancha) –en la que apreció la imagen- cercana al cementerio del mismo nombre, ya que su verdadera advocación es la de Cristo de la Vera Cruz. Sus fiestas se celebran del 13 al 15 de septiembre. El Cristo de la Agonía de Corral de Almaguer (Toledo), al que se celebran fiestas el último fin de semana de agosto. El Santísimo Cristo de la Vera Cruz de Urda (Toledo), veneradísima imagen de un Jesús Nazareno, que data del siglo XVI y es obra del imaginero toledano Luis de Villoldo. Tiene su fiesta el 27 y 28 de septiembre. El Santísimo Cristo de la Salud de Puebla de Almoradiel (Toledo) es otra de las imágenes más veneradas de la comarca, que data del siglo XVII y que sobrevivió a la Guerra Civil porque fue escondida. Sus celebraciones, los primeros días del mes de septiembre se realizan por acción de gracias de la población al ser librada de una plaga por la Santa Imagen. El Cristo de la Humildad de El Toboso (Toledo) es una tipología similar al de un cautivo, pero con la salvedad del pequeño tamaño y oscura tez que presenta la imagen. Su festividad tiene lugar el sábado y Domingo de Pentecostés. El Cristo de Villajos de Campo de Criptana (Ciudad Real), que es trasladado en romería desde su santuario hasta la población, que celebra fiestas en su honor el 25 de agosto. El Santísimo Cristo de la Vega de Socuéllamos (Ciudad Real), que es Patrón y Alcalde honorifico de la población que le honra con festejos el 9 de agosto. El Santísimo Cristo de la Viga de Villamayor de Santiago (Cuenca), cuya cabeza original pervivió tras la contienda civil de 1936 y para la que después hizo la talla del cuerpo el afamado escultor madrileño Ricardo Font Estos. Su fiesta s celebra el 5 de septiembre. El Santo Cristo de la Expiración de Villaescusa de Haro (Cuenca) tiene su festividad el 14 de septiembre y en ella se recuerda la valiente actuación de rescate que realizaron los soldados del Regimiento Saboya en 1969 para recuperar los cuerpos de unas personas que habían sufrido un accidente en esta población conquense, por lo que una agrupación del citado regimiento, con bese en Badajoz, se desplaza a Villaescusa cada año para honrar al Cristo. El Santísimo Cristo de los Aparecidos de Horcajo de Santiago (Cuenca), remonta sus orígenes al siglo XVIII con motivo de la aparición de una imagen del Santísimo Cristo en la Iglesia Parroquial, por ello Felipe V otorgó por Real Decreto el privilegio de celebrar las fiestas en honor a esta advocación tan singular. Se celebran fiestas en su honor del 14 al 16 de septiembre.
Hecho ya el repaso introductorio sobre algunas de las diferentes advocaciones de Cristo existentes en la Mancha, detengámonos especialmente en la imagen del Cristo de la Gracia de Quintanar de la Orden (Toledo).
Son pocas las referencias bibliográficas que tenemos de esta imagen, la primera la encontramos en la Noticia histórica de la Muy Leal Villa de Quintanar de la Orden y su Excelsa Patrona la Virgen de la Piedad, donde el presbítero Francisco Mª Martínez Marín nos dice que: “…la imagen del santísimo Cristo de Gracia que se venera en la ermita de la Piedad…” proviene de la antigua iglesia del despoblado de Vallehermoso. Una segunda referencia nos la proporcionan los libros parroquiales de Difuntos y testamentarías, en los que aparece citada hacia el siglo XVII la Cofradía del Santo Cristo de Gracia; baste como ejemplo el caso de Felipe García Dardero (de familia de escultores), que a su muerte deja escrito que le digan veinticinco misas por ser cofrade del Santísimo Cristo de Gracia. Hay que decir aquí que la cofradía del Cristo de Gracia y de la Virgen de la Piedad no se unirán hasta, seguramente, el siglo XX en que se hacen una, ya que ambos son los patronos de la localidad quintanareña.
En cuanto a sus representaciones sabemos que había un Cristo de talla muy antiguo, con el torso girado y la cabeza baja del que nos ha quedado una litografía por C. García de la Chica, con sede en la calle Jacometrezo, 68 de Madrid, que contiene el siguiente texto: Smo. Cristo de Gracia, que se venera en la M. L. Villa de Quintanar de la Orden el 25 de septiembre. Varios Excmo. e Ylmos. Sres. Cardenales y, Obispos y Arzobispos, tiene concedidas innumerables Indulgencias,&ª. &ª. Es una imagen de factura, manierista, demacrado, cabeza reducida e inclinada –quizás para ser visto desde el suelo, por lo que pudiera estar colocado en alto, coronando un retablo-. Podría ser la imagen –reproducida- del Cristo que los quintanareños trasladan de Vallehermoso junto con la campana de la Doctrina a Quintanar (?). Posiblemente sea del siglo XVI, de época posterior a Berruguete. Es una Cristo de tres clavos, que aparece coronado de espinas y tocado con paño de pureza. La peana que lo sustenta es más de estilo barroco, posterior, muy historiada, que demuestra la fidelidad del grabador (aunque sabemos que también idealizaban bastante sus trabajos, pero no en este caso), pues hay fotografías en las que aparece idéntica. La cruz está rematada por unas bolas en los extremos y no tiene sudario (Figura 2).
Parece ser que esta imagen se pierde tras la Guerra Civil y es sustituida por otra, que corresponde al tipo de Cristo de Limpias (Figura 3), muy venerado en Cantabria, que fue traída al pueblo gracias a la generosidad de Félix Serrano; también nos han quedado algunas estampas en color de esta representación en la que observamos una imagen realizada en pasta de madera, con la cabeza mirando arriba, con potencias o resplandor en la cabeza, manos abiertas, herida en costado, paño de pureza morado (color asociado a la pasión de Cristo) y cruz en forma de tronco, características que lo hacen ser más procesional. Esta imagen se trasladó a la ermita de san Antón y procesiona portado sobre el hombro en el Vía Crucis de Semana Santa.
Será treinta años después, en el año 1997, cuando la Mayordomía encargue una nueva talla en madera del Ssmo. Cristo al escultor Quintanreño Felipe Torres Villarejo, que intenta asemejar su obra a la primigenia con un resultado final bastante bueno, al que hace un par de años se le cambió la Cruz y la decoración de la sangre y se ha ido
engrandeciendo su imagen con la donación de potencias de plata, coronas de espinas de plata y naturales y distintos sudarios.
La imagen del Ssmo. Cristo de Gracia se venera en la emita intra-muros de la población de Quintanar de la Orden, en un pequeño altar situado en el lado del evangelio del que se dice era muy notable y antiguo, siendo restaurado su lienzo superior en 1886, aunque hoy día llega hasta nosotros muy restaurado todo el conjunto.
En origen, se celebraban fiestas en su honor a finales del mes de septiembre, que con el paso del tiempo fueron trasladándose al tercer domingo de septiembre y finalmente quedaron fijas, hace unos años, en el segundo domingo de septiembre. Procesionaba en unas andas, probablemente realizadas en la vecina localidad de Villanueva de Alcardete, por el tallista Marcelino Muñoz, que se perdieron en los años ochenta. Posteriormente se le asignó la antigua carroza, obra del insigne arquitecto D. Agustín Ortiz de Villajos, en la que originalmente desfilaba la Virgen de la Piedad.
Para concluir diremos que las advocaciones de Cristo en la Mancha no son tan abundantes como las dedicadas a la Virgen María, de ahí que sea patrono o co-Patrono de la localidad donde se le venera. Igualmente, sus son propias del mes de septiembre (a excepción del Cristo de la Humildad de El Toboso) que del festero agosto, en el que aún encontramos alguna celebración como la del Cristo de la Agonía de Corral de Almaguer, esta devoción septembrina tiene que ver con la celebración de la Exaltación de la Santa Cruz el día catorce del citado mes.
En cuanto a la advocación del Ssmo. Cristo de Gracia hay mucho trabajo por hacer en lo que a la investigación de fuentes se refiere, ya que es escasa la información que poseemos de una imagen tan interesante como poco ensalzada y valorada por la población quintanareña.

Figura 1.- Cristo de Villafranca de los Caballeros.

Figura 2.- Antiguo Cristo de Gracia.

Figura 3.- Cristo de Gracia de la iglesia de San Antón , al fondo, la actual imagen.

BIBLIOGRAFÍA:

ESTREMERA, A.(1925).: Quintanar y su tesoro. Madrid.
GUERRERO VENTAS, P. (2004).: La archidiócesis de Toledo y su Piedad popular.
MARTÍN DE NICOLÁS CABO, J. (1985).: El Común de la Mancha. Caja Rural de Toledo, 1985.
(1996).: La Piedad. Historia y devoción de Quintanar de la Orden.
(2005).: Historia de Quintanar de la Orden. Desde sus orígenes a 1875.
SAN JOSÉ PALAU, F. (1990).: Quintanar ayer y hoy. Excma. Diputación de Toledo.
VV.AA. (1972-75).: Diccionario de Historia eclesiástica de España. Madrid, CSIC.

Zacarías López-Barrajón Barrios

Historiador/arqueólogo

PUBLICADO EN: Revista CULTURA XXI, 2011, nº 13, pp. 7-9.

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CONMEMORACIONES EN TORNO A LA PATRONA DE QUINTANAR DE LA ORDEN, NTRA. SRA. DE LA PIEDAD.

Desde la aparición de la Santa imagen, según cuenta la historia/leyenda, allá por el año 1363, la devoción popular a todo lo que rodea a la Patrona quintanareña no ha dejado de celebrar los grandes momentos de la misma: su propia aparición, con el establecimiento del día de San Ildefonso como festivo (23 de enero), la Pascua de Pentecostes (cuarenta días después del domingo de Resurrección), la Asunción de la Virgen (15 de agosto) y las distintas conmemoraciones como traída de una nueva imagen (mayo de 1939 y agosto de 1957) o asistencia a coronaciones de otros/as patronos/as de la comarca.
Pero lo que serían conmemoraciones propiamente dichas, es decir, el recuerdo de un acontecimiento, el pueblo de Quintanar ha vivido dos: el VI Centenario de la aparición de la imagen de nuestra patrona la santísima Virgen de la Piedad (1363-1963) y el Cincuentenario de la traída de la nueva imagen de Ntra. Sra. de la Piedad (1957-2007), obra del escultor talaverano D. Víctor González Gil.

Fig. 1.- Logotipo del VIº centenario

Es el VI Centenario (podemos observar el logotipo en la figura 1) una de las celebraciones más recordadas por los quintanareños, por su cercanía en el tiempo, que permitió que muchos fieles pudieran vivirlo y del que nos ha quedado una gran cantidad de información tanto gráfica como documental. El apartado gráfico lo cubren un buen número de fotografías que se conservan en manos de particulares, así como de la propia Mayordomía en los que se reflejan todos los extraordinarios momentos que se vivieron y los protagonistas de los mismos que no fueron otros que los propios habitantes y visitantes del pueblo. En cuanto a la información documental, también prolija, nos ha dejado desde cartas enviadas a los propios vecinos, hasta carteles, estampas, programaciones, etc.
Todo ello sin olvidar los actos religiosos: misas conmemorativas, novenario, función religiosa, ejercicios espirituales, procesión a la ermita extramuros, visitas a las ermitas, en lo que se denominó Semana Barrio (celebrada entre el 15 y el 22 de diciembre) y que consistió en la visita de la Santa Imagen a las distintas ermitas de la localidad (Convento de los Padres Franciscanos, Santa Ana, San Antón, San Sebastián e Iglesia del asilo de los Desamparados). Otros actos fueron: sorteos, reuniones, festejos populares, concursos, actos de caridad, emisión de un sello sin valor postal, estreno de un nuevo manto, etc.

Fig. 2. Logotipo del Cincuentenario.

La más reciente de las conmemoraciones tuvo lugar en el año 2007 cuando se celebraron los cincuenta años de presencia de la actual imagen; fue el llamado Cicuentenario (en la figura 2 vemos el logotipo empleado en su difusión), que tuve el honor y orgullo de coordinar por indicaciones de la Mayordomía del momento.
Con idénticas premisas que el anterior se planificaron un buen número de actos a lo largo de todo el año, pero con especial énfasis en los meses de verano; unos de ámbito religioso (función religiosa, regalo de una corona, misas por los Mayordomos, Camareras, Servidores y Santeros fallecidos) y otros culturales (charlas, exposiciones, distinciones, edición de una medalla conmemorativa, etc.). De todo ello también ha quedado abundante constancia gráfica y documental. Para ambos eventos, 1957 y 1963 sobra decir que el pueblo fiel y devoto de Quintanar de la Orden se volcó totalmente en todos y cada uno de los actos, que acude a la llamada de su Patrona como vimos el verano pasado en las salidas de la Santa Imagen a las celebraciones de conmemoración de coronación de la Virgen de la Misericordia en La Puebla de Almenara (Cuenca) y de la Virgen de la Piedad en Villanueva de Alcardete (Toledo).
Sea como fuere da la impresión de que el quintanareño es olvidadizo con su historia, no es dado a las conmemoraciones, aunque no por ello ha dejado de celebrar algunas de ellas y no me refiero solamente a las puramente religiosas –como es el caso- sino también a las de carácter histórico (nombramiento de MLV), arquitectónico-monumental (aniversario de la construcción de ciertas edificaciones), etc.
El año que viene se cumplirán 650 años de la aparición de la Santa Imagen de Ntra. Sra. de la Piedad por lo que esperamos que los quintanareños, a través de asociaciones y/o particulares y guiados por el buen hacer de la Mayordomía sepamos estar todos a la altura de unas circunstancias que no vamos a volver a vivir jamás.

Zacarías López-Barrajón Barrios

Historiador/arqueólogo

PUBLICADO EN: Revista CULTURA XXI, 2012, nº 19, pp. 6-7.

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De La Piedad a Las Angustias

Mario López-Barrajón Barrios

Historiador del Arte y Prof. de la Universidad Pontificia de Comillas (UDEMA). Ex-Mayordomo de Ntra. Sra. de la Piedad y el Santísimo Cristo de Gracia.

Zacarías López-Barrajón Barrios

Historiador/arqueólogo, correspondiente por Quintanar de la Orden de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.

PUBLICADO EN: LIBRO OFICIAL DE LA SEMANA SANTA QUINTANAREÑA, 2013, pp. 15-18.

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EL ARMONIO DE SANTA ANA, UNA PIEZA DE MUSEO…

 A menudo pensamos que en nuestro pueblo ya tenemos “todo visto” en cuanto a patrimonio artístico se refiere y nos quejamos con expresiones como: ¡ no queda nada ! ó ¡ hay poco que ver ¡. Nada más lejos de la realidad como bien lo han demostrado diferentes exposiciones llevadas a cabo por entidades como El Excmo. Ayuntamiento de Quintanar, La Mayordomía de la Virgen de la Piedad; colectivos como QUINARTE y, más recientemente, la creación de pequeños espacios expositivos promovidos por particulares, que están gozando de bastantes adeptos en nuestra localidad; tal es el caso de SANCTORUM, la recreación de una TIENDA ANTIGUA de “Tavira” o todo lo relacionado con la IMPRENTA “de antes” de Pepe Fernández…pero ya hablaremos de ellos en otra ocasión.
Ahora hemos de centrarnos en el armonio o harmonium de la ermita de Santa Ana, un instrumento de viento con teclado, en apariencia similar al organillo, pero sin tubos y de mucho menor tamaño. Se trata de una pieza adquirida en Madrid, en la casa RICARDO RDRÍGUEZ, una de las firmas más prestigiosas que había en la capital (c/Ventura de la Vega, 3 de Madrid), especialidad en Teclados y Armoniums como reza en la placa que figura en él. Posiblemente sea de finales del XIX o principios del XX.
El instrumento cuenta con un teclado, que controla, mediante válvulas, el paso del aire por unas lengüetas metálicas que producen el sonido. La entrada de aire se produce por medio de fuelles, accionados mediante pedales y tiene también un sistema de registros accionados mediante tiradores, que permiten el paso de aire a unos u otros juegos de lengüetas con el que se consiguen producir sonidos diferentes. Todavía “funciona” si presionamos los pedales y accionamos las teclas, aunque su conservación es de completo abandono en el coro de la citada ermita.
Además posee otra placa  que nos ofrece el dato de la persona que en su día lo regaló o donó, se trataba de una benefactora importante, pues en la Casa Museo de nuestros Santos Patronos se exhibe un manto azul, realizado de una colcha (de boda) que la misma persona regaló a la Virgen allá por 1913.
Unos días antes de la apertura de la Casa Museo de Ntra. Sra. de la Piedad y del Ssmo. Cristo de Gracia puse en conocimiento de la Mayordomía la existencia de esta pieza para que hiciera las gestiones pertinentes con la Cofradía de San Joaquín y Santa Ana con el fin de que pudieran llegar a una colaboración mutua –dadas tres circunstancias: una, las condiciones en las que se encuentra la pieza.
Dos, la posible presencia de obras de restauración en la ermita de Santa Ana y tres, la pertenencia de la pieza a ambas entidades, según reza la placa insertada en el frontis del armonio-.
Quizás, por problemas de tiempo, no haya podido haber acuerdo para que el instrumento musical recale en el museo de la Virgen por un tiempo, pero esperamos que reine el espíritu de colaboración entre ambas instituciones, ya que sería una lástima que este tipo de instrumentos no se valorasen lo suficiente para que todos los podamos contemplar y, en el mejor de los casos, poder restaurarlos para seguir manteniendo su uso, que, por otra parte, es la mejor conservación.

Zacarías López-Barrajón Barrios

Historiador/arqueólogo

PUBLICADO EN: Revista CULTURA XXI, 2010, nº 4, pp.14 .

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UNA APROXIMACIÓN HISTÓRICA A LA CELEBRACIÓN DE LAS FIESTAS EN HONOR DE LA VIRGEN DE LA PIEDAD.

El estudio del pasado de nuestro pueblo ha experimentado en las últimas décadas un extraordinario avance, gracias a los investigadores locales y foráneos que han hecho de la historia de Quintanar de la Orden y su entorno geográfico el objetivo de sus pesquisas y al creciente interés que estos asuntos suscitan en la opinión pública de la localidad. Desde las obras pioneras del padre Juan Martín de Nicolás hasta el día de hoy, el goteo de noticias ha sido constante y su difusión a través de la prensa, publicaciones monográficas, trabajos escolares y universitarios, conferencias, mesas redondas, etc., nos lleva a afirmar que se ha avanzado de forma notable en el conocimiento de nuestra historia y que esta dinámica goza además de un futuro saludable. A través de estas líneas quisiéramos seguir aportando nuevos datos y aprovechando la celebración de nuestras fiestas patronales, ofrecer los frutos de una investigación conjunta sobre la génesis de las mismas y su proyección en la actualidad.
Son notables las evidencias documentales que acreditan los festejos y solemnidades en honor de Nuestra Señora de la Piedad, pero sin duda serán las denominadas “Relaciones Topográficas de Felipe II”, compuestas en la segunda mitad del siglo XVI, las que consagren documentalmente, la existencia de las mismas. Conviene destacar que en origen las celebraciones dedicadas a nuestra excelsa Patrona tenían lugar el 23 de enero, en coincidencia con el día de San Ildefonso, por ser esa la fecha en que según la tradición se verificó el hallazgo de la sagrada imagen. En las respuestas al cuestionario enviado desde la corte a la localidad para confeccionar las mencionadas “relaciones…” se especifica “…Tiene esta Villa cinco fiestas que guardan por voto jurado que son: San Cosme y San Damián, San Ildefonso e San Silvestre y San Roque y San Sebastián, y estas fiestas se guardan, y se juraron y se votaron…”. Hemos de esperar al siglo XVII para encontrar referencias de archivo que confirmen, además de las referidas celebraciones de enero, las festividades del quince de agosto. Es más que probable que las mismas se relacionen con un cambio iconográfico-advocativo del que va a ser protagonista nuestra titular y que debió acontecer en esos momentos. Tal como aventura el Martin de Nicolás en un magnifico texto sobre el origen y desarrollo devoción a la Virgen en nuestro pueblo; la imagen venerada paso de ser una “Piedad”, que la representaría con el hijo muerto en sus rodillas, a una “Asunción”, que la figuraría en el momento de ser elevada en cuerpo y alma a los cielos. Efeméride que se conmemora en la mencionada fecha del mes de agosto. Lo cierto es que esta solemnidad religiosa ira configurándose como la más importante del calendario festivo de la localidad, ganando terreno incluso a la del “hallazgo”, que acabó desdibujándose y que en la actualidad solo pervive en la celebración de una misa según el rito mozárabe el día del santo toledano. Aunque que el milagroso descubrimiento de la primitiva imagen a las afueras de la localidad en el camino de Villanueva nunca fue olvidado del todo. Durante siglos el lugar estuvo señalado con una cruz de forja a manera de humilladero y en él acabó erigiéndose una pequeña ermita conmemorativa a la que todavía se acude en procesión festiva el día de pentecostés denominada “la Subida de la Virgen”.
La organización de las referidas solemnidades estivales, protagonistas centrales de estas líneas, debieron correr por cuenta de un organismo que se encargaba de gestionar el culto, propiedades y otras circunstancias devocionales alrededor de la imagen mariana. Desde el pasado, esta institución, ha variado numerosas veces su nomenclatura pudiendo ser identificada en los documentos como “cofradía” y/o “mayordomía”. Si bien con el tiempo la mencionada entidad gozo de una extraordinaria capacidad de independencia y autogobierno, siempre contó con la tutela y el patronazgo de instancias superiores, ya fuera la propia Corporación Municipal, el Priorato de Uclés y las distintas diócesis a las que ha pertenecido nuestra localidad.
Del análisis de libros de visitas, actas, protocolos y obras de referencia sobre esta institución se extrae que los referidos primeros años del siglo XVII, fueron especialmente brillantes en la organización de los festejos en honor a la Virgen de la Piedad, cuya imagen será entronizada en el altar mayor de la nueva ermita intramuros, construida sobre el solar de una antigua sinagoga y acabada precisamente en mil seiscientos nueve. Además esta fecha coincide con un notable aumento de acontecimientos extraordinarios, tenidos como milagrosos y obrados por Nuestra Señora. La fastuosidad de los mismos debió ser tan notable y tan grande la afluencia de visitantes que incluso provoco casos de competencia entre localidades que celebraban sus fiestas en la misma fecha.

Fig. 1.- Dibujo de una tarasca, siglo XVII.

Conviene recordar que el mes de agosto era de por si un mes festivo en nuestro pueblo, pues a la “nueva solemnidad” hay que sumar la celebración desde antiguo de una feria franca de carácter comercial el diez de agosto, día de san Lorenzo y que justo el día dieciséis del mismo mes se conmemoraba a San Roque tal como refleja el texto de “las relaciones”. Al magno desfile procesional con la imagen de la Virgen por las calles de la villa engalanadas con altares y arquitecturas efímeras propias de la mentalidad barroca debieron sumarse castillos de fuegos artificiales, música de chirimías, demonios danzantes, tarascas, corridas de toros y por supuesto representación de comedias y entremeses…
A lo largo de nuestro siglo de oro el teatro se convirtió probablemente en uno de los pocos acontecimientos culturales y lúdicos capaces de vertebrar, cohesionar y explicar el entramado de una sociedad tan compleja como la nuestra. Las funciones teatrales aportaban un terapéutico efecto de evasión sobre una masa social descontenta, empobrecida y en muchos casos hambrienta. El teatro sugestionaba, educaba, hacía volar la imaginación del espectador y sobre todo le entretenía. Esto bastaría para justificar la redacción de tanto y tan buen teatro en los siglos XVI y XVII, pero además el caso español deslumbra por la calidad de obras y autores entre los que destacaríamos a Lope de Vega, Calderón de la Barca, Tirso de Molina, Ruiz de Alarcón o el propio Miguel de Cervantes. Semejante “devoción” por las tablas explicaría que, la conmemoración de festividades de carácter civil, político o religioso fuera acompañada, entre otros fastos, de una o varias representaciones teatrales.
En los núcleos urbanos que contaban con compañías de actores estables abundaban los famosos “corrales de comedias” y la representación de las mismas formaba parte de la ociosa rutina de la ciudadanía. En los pueblos y villorrios alejados de la corte la presencia de de cómicos ambulantes debía constituir un verdadero acontecimiento del que participaba toda la población.
En el Archivo de protocolos de Toledo hemos localizado dos documentos interesantísimos que consignan la contratación de una compañía de cómicos durante dos años consecutivos para la representación de varias comedias coincidiendo con la celebración de las fiestas en honor de nuestra Patrona. Hay que mencionar que el referido material de archivo aparece reseñado en varios trabajos de investigación sobre el teatro en la España del Siglo de Oro realizados por Francisco de Borja de San Román en 1935, Alfredo Rodríguez en 1999 y Marc Vitse en 2006.
Los dos contratos fueron avalados por la firma del mismo notario; Pedro de Galdo. Solía ser práctica habitual que estos funcionarios reales se especializasen en la redacción de documentos para diferentes profesiones y de ahí que repitan varias veces con el mismo cliente, como en este caso. Ambas gestiones se realizaron en la ciudad de Toledo en los meses de junio de 1613 y 1614, fechas en las que la “cofradía” de la Virgen de la Piedad debía comenzar a preparar las fiestas de Agosto;
(“…es a saber, de ir y que iremos a la villa de Quintanar con mi compañía a representar en la fiesta que la dicha cofradía hace el día de Nuestra Señora de agosto deste presente año…”) PROTOCOLO de P. de GALDO, 1613, fol. 1. (12 de junio de 1613).
(“…ir con su compañía a la fiesta de Nuestra Señora de la Piedad de la villa de Quintanar de la Orden…”) PROTOCOLO de P. de GALDO, 1614, 2, fol. 88. (19 de junio de 1614).
Igualmente los dos contratos están suscritos por el mismo actor; Juan de Salazar especificándose que la parte contratante es la “cofradía” de la Virgen;
(“…Juan de Salazar, vecino de esta ciudad de Toledo otorgo y conozco que me obligo a la cofradía de Nuestra Señora de la Piedad de la villa de Quintanar de la Orden…”).PROTOCOLO de P. de GALDO, 1613, fol. 1. (12 de junio de 1613).
En el referido estudio de B. de San Román se analiza la trayectoria profesional de un buen puñado de cómicos durante los primeros años del siglo XVII entre ellos Juan de Salazar. Vecino de Toledo, este actor y empresario desarrollaba su trabajo en muchos pueblos de la región y aunque en los protocolos tratados firma en solitario sabemos que debió asociarse con otros actores e incluso escritores de cierto lustre, como es el caso de Andrés de Claramonte, controvertido cómico y autor al que han llegado a atribuírsele obras de Tirso de Molina o incluso Lope de Vega. De hecho la colaboración entre ambos debió ser muy estrecha durante los primeros doce años del siglo y aunque después siguieran caminos separados, Salazar continuó representando comedias de Claramonte como sucedió en Quintanar de la Orden.

Fig. 2 .- Reconstrucción de un escenario móvil para teatro de calle, siglo XVII.

Nuestra localidad debía carecer de un inmueble adecuado para las representaciones teatrales por lo que las mismas debían realizarse en escenarios móviles. A este respecto Martín de Nicolás reseña que las comedias se hacían en la plaza denominada de la Audiencia, actual Plaza de la Constitución, en un tablado móvil que poseía la mayordomía.

De la lectura de los protocolos se extrae que las funciones se realizaban durante dos o tres días en funciones de mañana y tarde. Configurándose un calendario que además incluiría el día dieciséis de agosto, festividad de San Roque;
(“…y el día del señor san Roque luego siguiente haré una comedia de Las obligaciones de honor (que es la misma comedia que La Ninfa de Cielo) por la mañana y por la tarde otra comedia de La bella niña […]. Y el día luego siguiente una comedia de La católica princesa, todo con sus bailes, música y dos entremeses en cada comedia…”). PROTOCOLO de P. de GALDO, 1613, fol. 1. (12 de junio de 1613).
Suponemos que el desarrollo de las funciones debía seguir la misma dinámica de que en el resto de España durante esta época y en los entreactos de las mismas se incluían igualmente representaciones de pequeñas piezas de carácter humorístico
denominadas entremeses para concluir con música y bailes para regocijo de los espectadores;
(“…todo con sus bailes, música y dos entremeses en cada comedia…”). PROTOCOLO de P. de GALDO, 1613, fol. 1. (12 de junio de 1613). (“…con tres entremeses con música y “bailes de a quatro”…”). PROTOCOLO de P. de GALDO, 1614, 2, fol. 88. (19 de junio de 1614). Los honorarios percibidos por Salazar también se especifican en los documentos de archivo. En ambos casos la unidad monetaria empleada es el “real”, existiendo una diferencia entre el primer contrato y el segundo de ochenta “reales”, a favor del último;
(“…esto por precio y cuantía que me den y paguen quinientos cincuenta reales…”). PROTOCOLO de P. de GALDO, 1613, fol. 1. (12 de junio de 1613).
(“…por precio de 630 reales…”). PROTOCOLO de P. de GALDO, 1614, 2, fol 88. (19 de junio de 1614).
Los protocolos también referencian las comedias representadas, en el de 1614 se especifica que éstas son nuevas, sabemos que Juan de Salazar además de actor debió ser autor, o como poco transcriptor de obras teatrales, ya fueran propias de su ingenio o del de otros autores más conocidos; (“…a representar tres comedias “que a todas tres han de ser nuevas para la dicha villa de las que yo tengo…”). PROTOCOLO de P. de GALDO, 1614, 2, fol. 88. (19 de junio de 1614). Los espectadores, acostumbrados a ver teatro aunque fuera en ocasiones especiales, demandaban obras novedosas o al menos de autores consagrados, en este sentido resulta especialmente interesante la lectura del protocolo fechado en 1613 porque incluye los títulos de las comedias a representar;
(“…Las obligaciones de honor (que es la misma comedia que La Ninfa de Cielo) […] La bella niña […]. Y una comedia de La católica princesa…”). PROTOCOLO de P. de GALDO, 1613, fol. 1. (12 de junio de 1613). La primera de las mencionadas lleva por título “Las obligaciones de honor” y una nota aclaratoria diciendo que es la misma que “La Ninfa del Cielo”. Se trata de una obra de corta extensión salida de la pluma del fraile mercedario Fray Gabriel Téllez, más conocido como Tirso de Molina. Otros autores piensan que el manuscrito original pudo deberse a Vélez de Guevara. De hecho existen dos versiones de la misma, una realizada en torno a 1612 (con toda seguridad la representada en nuestra localidad) y una segunda versión realizada en 1619 después del regreso de Téllez de América. Se trata de una comedia de las denominadas hagiográficas con clara intención moralizante, casi un proto-auto sacramental y por lo tanto apta para ser representada en el contexto de una celebración religiosa. Narra el proceso de conversión de una aristócrata desengañada del amor que abraza la fe al final de la obra. La acción se adereza además con ingredientes como el bandolerismo, la caza y los lugares agrestes alejados de nuestra geografía patria. No hemos podido identificar la segunda de las comedias reseñadas que lleva por título “La bella niña”, si así la tercera, denominada en el protocolo “La Católica princesa”. Esta obra de carácter histórico pudo ser escrita en 1609 por el mencionado Andrés de Claramonte para ser representada por la compañía de su entonces socio Juan de Salazar, tal como apunta en su estudio Alfredo Rodríguez. Su argumento narra las imaginadas aventuras, casi cenicientescas de la princesa Ana Leopolda del Tirol, futura esposa del Emperador Matías, emparentada con la familia real española. La verosimilitud de esta pieza fue criticada por Miguel de Cervantes en la primera parte del Quijote al referirse al alto grado de fabulación de las comedias contemporáneas, en clara alusión a Lope y a Claramonte, aunque él mismo retomara el tema en su novela “La ilustre Fregona” publicada precisamente en 1613; “… porque ¿que mayor disparate puede ser en el sujeto que tratamos que salir un niño en mantillas en la primera escena del primer acto, y en la segunda salir ya hecho hombre barbado? Y ¿Qué mayor que pintarnos un viejo valiente y un joven cobarde, un lacayo retórico, un paje consejero, un rey ganapán y una princesa fregona…”. La decadencia económica de los años centrales del siglo XVII debió complicar extraordinariamente la organización de las fiestas en honor a la Virgen de la Piedad. En los archivos no faltan referencias a espectáculos taurinos que a pesar de las dificultades siguieron celebrándose, pero la representación de comedias y otros entretenimientos teatrales debieron resentirse, al menos en lo tocante a la contratación de cómicos. Concluimos este pequeño estudio rescatando una reseña documental publicada por el padre Martin de Nicolás y que evidencia lo anteriormente comentado. Se trata de un decreto autógrafo del escribano del ayuntamiento de la localidad dirigido al prior de Uclés fechado en septiembre de 1660 del que se desprende que son los propios vecinos de la localidad los que protagonizan este tipo de entretenimientos. Dándose la circunstancia de la indisposición de uno de los actores que será sustituido por el presbítero parroquial, a la sazón director de la improvisada compañía.

Fig. 3.-Retrato de Tirso de Molina.

“… Lo primero dixeron que quatro o cinco días antes del día de Nuestras Señora de la Asumpción, tratando sus mayordomos de la celebración de dicha festividad y de hacer para ello dos comedias, sucedió que dieron de heridas a Juan Bautista Quiñones, vecino desta villa, una de las personas que representaban en dichas comedias, con que no pudo representar por estar tan próxima la fiesta. Y porque no cesasen, a instancias desta villa y sus oficiales el licenciado Don Francisco de San Martín, presbítero desta villa, se encargo de hacer los papeles que tenía a su cargo el dicho Juan Bautista Quiñones, que ambos eran de barba (masculinos), por tener noticias dellos por haberse encargado de tener la Regla en dichas comedias…”. Decreto de 5 de septiembre de 1660. LIBRO DE ACUERDOS DEL AYUNTAMIENTO DE LA VILLA DEL QUINTANAR 1658-1663. S.F. De todas estas noticias se infiere que la Cofradía-Mayordomía de la Virgen de la Piedad siempre se esforzó en ofrecer a sus convecinos unas fiestas dignas. Ya en época de bonanza, contratando compañías de buenos actores y representando obras de autores conocidos y exitosos en el resto de España. Ya en momento de crisis implicando al vecindario, contando incluso con miembros del clero parroquial.

Fig. 4.- Representación de una comedia.

Con el tiempo, las fiestas estivales de nuestra villa variaron su celebración pasando al mes de septiembre, honrando a su vez al Santísimo Cristo de Gracia, co-titular de la mayordomía. La corporación municipal fue implicándose cada vez más en la organización de las mismas hasta convertirlas en fiestas patronales de la localidad, aunque la climatología y la escasa volvió a imponer de nuevo un cambio en el calendario, regresando en 1966 al mes de agosto. En la actualidad la Mayordomía solo se encarga de la organización de los actos religiosos; novenas, ofrenda floral, procesiones…, corriendo a cargo de la Comisión de Festejos del Ayuntamiento el diseño del programa de la “Feria y Fiestas” civiles, en el que, como entonces, como ahora, como siempre, nunca ha faltado una compañía de cómicos representando una función teatral para regocijo y entretenimiento de los quintanareños.

BIBLIOGRAFÍA

ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE TOLEDO (1613-14): Protocolos de P. de GALDO.

ESTREMERA, A.(1925): Quintanar y su tesoro. Madrid.

MARTÍN DE NICOLÁS CABO, J (1984). Quintanar de la Orden (1658-1663). IPIET.

MARTÍN DE NICOLÁS CABO, J (1996). La Piedad. Historia y devoción de Quintanar de la Orden. Ed. Mayordomía de Ntra. Sra. de la Piedad…

MARTÍN DE NICOLÁS CABO, J. (2005): Historia de Quintanar de la Orden. Desde sus orígenes hasta 1875. Ed. Ayuntamiento de Quintanar de la Orden (Toledo).

RODRÍGUEZ LÓPEZ-VÁZQUEZ, A.(1999): “Lope, Tirso y Claramonte. La autoría de las comedías más famosas del Siglo de Oro”, en Teatro del siglo de Oro. Estudios de literatura, nº 48. Ed. Reichenberger.

SAN ROMÁN Y FERNÁNDEZ, F.de B. (1935): Lope de Vega. Los cómicos toledanos y el poeta sastre. Serie de documentos inéditos de los años de1590 a 1615. Ed. AHPT.

TIRSO DE MOLINA, T. (2008). La Ninfa del cielo. Ed. Cátedra.

VINCENT-CASSY, C.(2006): La “Ninfa del Cielo” de Tirso de Molina, ¿una comedia hagiográfica?, pags. 1091-1102 en El Siglo de Oro en escena: homenaje a Marc Vitse. Universidad de Toulouse.

VIÑAS MEY, C y PAZ, R.(1971): Relaciones histórico-geográfico-estadísticas de los pueblos de España hechas por iniciativa de Felipe II: Toledo. Ed. CSIC, Madrid.

Mario López-Barrajón Barrios

Historiador del Arte y Prof. de la Universidad Pontificia de Comillas (UDEMA)

Zacarías López-Barrajón Barrios

Historiador/arqueólogo

PUBLICADO EN: LIBRO DE FERIA Y FIESTAS 2009, pp. 9-23

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Historia del Cristo de Gracia

Mario López-Barrajón Barrios

Historiador del Arte y Prof. de la Universidad Pontificia de Comillas (UDEMA). Ex-Mayordomo de Ntra. Sra. de la Piedad y el Santísimo Cristo de Gracia.

Zacarías López-Barrajón Barrios

Historiador/arqueólogo, correspondiente por Quintanar de la Orden de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.

© Derechos reservados por sus autores.

HISTORIA Y LEYENDA EN TORNO A LA APARICIÓN DE LA SANTA IMAGEN DE NTRA. SRA. DE LA PIEDAD.

En este año que celebramos el seiscientos cincuenta aniversario desde que apareciera la santa imagen de Nuestra Señora de la Piedad, patrona de la Muy Leal Villa de Quintanar de la Orden, merced a las noticias bibliográficas que nuestros antepasados nos dejaron y que muchas de las nuevas generaciones de quintanareños desconocen; pretendemos hacer una aquí una recapitulación de las mismas que ayude a discernir la parte de leyenda y de historia que contiene la misma, además de comprender mejor la magnitud que el hecho representa.

Fig. 1.-Relieve de alabastro de una Piedad

La primera noticia que nos habla sobre el asunto que nos ocupa es el “Poema Histórico a la Virgen de la Piedad”, que realizara nuestro paisano el licenciado Diego López, sacerdote que hacia mediados del siglo XV escribió el citado texto compuesto en tres cantos (el Éxodo, la Invención y los Favores) a base de octavas reales a través de las cuales relataba la historia de la aparición de la imagen de Nuestra Señora de la Piedad. Este autor nos ofrece en su obra dos posibilidades de la sagrada aparición: por un lado expone que se encargó una imagen a una escultora toledana llamada María Jesús y fue traída a Quintanar por el hidalgo Don Rodrigo Contreras. Esta idea la corrobora históricamente el texto de las Relaciones de Felipe II escritas en 1575, en las que se describe la villa de Quintanar de la Orden; dicen en su respuesta a la pregunta veintiuno que entre los treinta y cinco hidalgos quintanareños existió uno llamado Diego de Contreras y Bartolomé de Contreras, “…mozos, que fueron hijosdalgos notorios en posesión y propiedad, tienen carta ejecutoria de S. M. Litigóla su abuelo en esta villa: dicen tienen sus armas cinco bastones jaqueados de oro y colorado en campo azul”.
Por otro lado, Diego López, nos dice que la imagen de la Piedad fue sepultada en una caja por los cristianos quintanareños en su huida y ante el avance de los musulmanes por estas tierras. Grabaron en una plancha de plomo su historia y cuando se reconquistó la Mancha, en tiempos de Juan II, se descubre lo escondido (el día de San Ildefonso, 23 de enero) merced a la visión de una mujer que señala el lugar (el camino de Villanueva) donde colocaron una cruz y allí acudió el pueblo en procesión. La historia nos dice que Juan II de Castilla vive entre 1406 y 1454 y respecto a la cruz referida se dice, aunque sin certeza, que, supuestamente, está colocada en el camino del centro del cementerio de Quintanar (Foto 2) y/o que esta cruz estaba incrustada en la mesa de altar de la ermita extramuros, teoría esta última casi imposible de contrastar.
Una segunda fuente escrita la constituye la “Nota histórica de Quintanar y su Patrona”, cuyo autor es el sacerdote D. Francisco María Martínez Marín, que toma como base un

Fig. 2.-Cruz de hierro en el cementerio de Quintanar

manuscrito que le facilita el sacerdote Ruperto Contreras (familiar del mítico Rodrigo Contreras -?-) que no es otra cosa que el poema de Diego López en prosa. En su obra aúna la idea de que el hidalgo Contreras trajo una imagen visigoda a Quintanar desde Toledo, que se colocó en un templo (parroquia o ermita -?-) hasta que huyendo de la invasión musulmana y al no poder trasladarla consigo, la escondieron en un lugar sito entre los caminos de que Alcardete y Villanueva. El hallazgo de la misma se produjo cuando una doncella que había soñado el sitio donde se hallaba enterrado un tesoro, al ir a buscarlo, se encontraron con la caja que ocultaba la imagen, que trasladaron en procesión a una ermitilla y se marcó con una cruz de hierro que se trasladó al camposanto cuando este se hizo (Fig.2) y en su lugar se puso otra de piedra.
Históricamente esta teoría incurre en distintas imprecisiones ya que transforma al hidalgo Diego Contreras en visigodo, situándolo cercano a la fecha de la aparición en 1363 (pura especulación cronológica sin base alguna), sabiendo que está comprobado que se trata de un personaje cristiano medieval de principios del XVI. Tampoco precisa dónde situaron la santa imagen y añade que la colocación de una cruz de piedra en el lugar de la aparición parece ser invención de quien le proporcionó el manuscrito.
La tercera fuente, que nos proporciona el padre Juan Martín de Nicolás recapitula y analiza las teorías anteriores y concluye que en el siglo XIV los quintanareños colocan una imagen de alabastro, que representa la Virgen Dolorosa con su hijo muerto en sus brazos (Fig. 1), en un humilladero realizado en la actual carretera de Villanueva donde se realizaba una procesión cada 23 de enero, festividad de san Ildefonso, que años más tarde se convirtió en viacrucis. Una vez expulsados los judíos queda vacía su sinagoga en Quintanar, que una cofradía de quintanareños (origen de la Mayordomía) compra para colocar allí la imagen de la Piedad que se veneraba en el humilladero; allí dejan una cruz de piedra que sirve para finalizar un viacrucis que se siguió celebrando y subía por la carretera de Villanueva.
Es sin duda esta versión la más veraz de todas ya que Diego López crea una leyenda de la aparición de la Virgen, tanto es así que el apartado donde aparece reflejado el hecho lo denomina “la invención”. De potra parte, Martínez Marín recoge lo expresado por diego López retocando algunos detalles cronológicos que situando la aparición a mediados del siglo XV. Aún así, existen personajes reales, como Diego de Contreras, y elementos de cultura material como la cruz del cementerio que supuestamente marcó el lugar de la aparición y un relieve de alabastro donde aparece la Virgen con su hijo en los brazos sito en la ermita de la Virgen de la Muela de Corral de
Almaguer y cuyo origen es impreciso, pero que a mi parecer tiene mucho que ver con lo referido aquí.
Sea como fuere, leyenda ó historia, estos relatos forman parte de nuestro pasado y vienen a demostrar como la tradición junto con el amor y la fe que todo un pueblo profesa a su Patrona son motivos más que suficientes para que vivamos intensamente el aniversario que en este año tiene lugar.

Zacarías López-Barrajón Barrios

Historiador/arqueólogo

BIBLIOGRAFÍA:

ESTREMERA. A. (1925).: Quintanar y su tesoro. Madrid.
MARTÍN DE NICOLÁS CABO. J. (S.J.), (1996).: La Piedad. Historia y devoción de Quintanar de la Orden. Quintanar de la Orden, Toledo.
VV.AA. El Museo Universal. (1865), nº 35. Madrid.

PUBLICADO EN: Revista CULTURA XXI, 2013, nº 25, pp. 12-13.

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LA ADVOCACIÓN DEL CRISTO DE GRACIA EN ESPAÑA

En Cristo hay vida, gracia y verdad. (Juan 14:6)
En el pasado nº 13 (septiembre del año 2011) de esta misma revista nos hacíamos eco de la advocaciones de Cristo en la Mancha, prestando especial atención a la del Santísimo Cristo de Gracia, Patrono de Quintanar de la Orden (Toledo). Un año después, y con las fiestas de esta advocación como telón de fondo y fuente de inspiración queremos ahondar en la presencia y/o pervivencia de esta advocación en España.

Fig. 1.- Lagar místico.

La advocación de Gracia es más común verla referida a la Virgen Maria como Trono de Gracia y de misericordia de nuestra Madre, para pedirle auxilio en las adversidades, luz en las tinieblas, alivio en los dolores y penas. Así lo dice la Epístola a los Hebreos: “Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de la gracia, a fin de que alcancemos misericordia y encontremos la gracia que nos ayude en el momento oportuno”. Este trono, símbolo de la autoridad, es el de Cristo, pero Él ha querido que sea su Madre trono de la gracia donde más fácilmente alcancemos la misericordia.
Pensemos que la naturaleza humana de Cristo se le ha conferido tradicionalmente como una gracia habitual (la gracia santificante); recordemos que ya, el escritor belmonteño Fray Luis de León en su obra De los nombres de Cristo, en su capítulo I nos dice: “…porque de la gracia que hay en Él mana toda la nuestra…” y también “…como está escrito: «De cuya abundancia recibimos todos gracia por gracia», …de aquella gracia, que es fuente, otra gracia que es como su arroyo; y de aquel dechado de gracia que está en Él, un traslado de gracia, o una otra gracia trasladada que mora en los justos”.

Fig. 2.- Cristo de Gracia de Córdoba.

Observamos pues como se nos presenta a un Cristo como fuente de la gracia, temática que algunas representaciones se han encargado de plasmar a lo largo de la historia del arte en obras como El lagar místico (Foto 1), La prensa mística ó La fuente de la Gracia. En las dos primeras aparece la representación de un Jesús bajo la atenta mirada de su madre dolorosa, con la cruz de su pasión y muerte como prensa, del que manan sangre y agua (alegorías de la Consagración en la eucaristía cristiana) a una cuba en la que él mismo pisa las uvas cuyo fruto (el vino) recogen, en un cáliz, unos ángeles. En la última se presenta un tema de claro significado eucarístico:

las Sagradas Formas que manan con el agua y la convierten en símbolo de Gracia, que ilumina a la Iglesia Triunfante y ciega a la Sinagoga, es decir, a los judíos que no reconocen a Cristo.
Pasemos pues, a describir algunas de estas advocaciones halladas en buena parte de la geografía española, comenzando por Córdoba donde encontramos el Cristo de Gracia o también llamado “el Esparraguero” (Figura 2) por la devoción que le profesan los recolectores de espárragos desde hace largo tiempo. Parece ser que es una imagen de las conocidas como Cristos Tarascos, de tradición y ejecución mejicana donde tuvieron mucho auge. De autor anónimo, está considerada como una obra de finales del siglo XVI ó principios del XVII. Se trata de un crucificado muerto en la cruz que llama la atención por su alargada figura, en la que destaca la extensión de sus brazos. Está lleno de cardenales y posee un rostro de facciones alargadas, nariz recta y afilada y ojos semi-abierttos que le dan un aspecto sobrecogedor. Desfila en la Semana Santa cordobesa, formando un Calvario, junto a las imágenes de maría Santísima de la Misericordia y San Juan Evangelista y María Magdalena (Foto 2).
Otra de las imágenes con la denominación de Santísimo Cristo de Gracia es la advocación existente en las Navas del Marqués (Ávila). Dotada desde muy antiguo de fundaciones y capellanías, se afirma que fue erigida a instancias del gremio-cofradía de los ganaderos bajo la advocación del Cristo de Gracia, convertido luego en Patrón de la Villa. El escultor Aniceto Marinas realizó, e hizo donación, en 1.948, de la artística imagen que, desde su capilla, es sacada en procesión durante las fiestas patronales que se celebran el segundo fin de semana de julio y a la que lugareños y visitantes rinden fervorosa devoción.

Fig. 3.- Cristo de Gracia de El Barraco.

En el Barraco (Ávila) se celebran sus fiestas patronales en honor del Santísimo Crísto De Gracia (Foto 3), durante los días 14, 15, 16 y 17 de septiembre, y suponen el acontecimiento religioso y social más importante del año. Además, hay que añadir que la patrona es LaVirgen de la Piedad…, les suena de algo estos patronazgos?. En Chinchón (Madrid) hay una amplísima muestra de la obra de Víctor González Gil, escultor talaverano y formado en Madrid, de cuyas manos también salió la imagen de la Patrona de Quintanar de la Orden que se venera en la ermita intramuros. De su taller nació también la Imagen del Santísimo Cristo de Gracia y de la Virgen de Gracia. Una imagen del Santísimo Cristo de Gracia también se venera en la ermita de la patrona de Fuenteovejuna (Córdoba). Este crucificado del siglo XV pertenece a la Hermandad de Nuestra Señora de Gracia y ha sido restaurado, viendo la luz de ese proceso este año. El Cristo de Gracia también es patrono de Granadella (Lérida), donde también hay una imagen de Santa María de Gracia a la que está dedicada su iglesia parroquial. Igualmente se nos muestra un crucificado muerto, seguramente fue transportada de Sudamérica dado el aspecto y fisonomía, su pelo totalmente negro, y su piel cobriza.
Finca España (San Cristóbal de La Laguna – Sta. Cruz de Tenerife-) es un barrio situado a las afueras de la ciudad situado a 3 km del centro, que comienza su andadura como barrio urbano a partir de unas pocas casas rurales dispersas en lo que era una finca a la entrada del barrio y los dos pequeños valles, Colino y Vinagre también es venerado el Santo Cristo de Gracia en su parroquia con innumerable sequito de feligreses, la Semana Santa se nota en el ambiente de los vecinos del barrio que con en el lema “NO LO DEJEMOS SOLO”, su párroco, expresa a los vecinos que el largo y arduo camino que Jesús Cristo ha de llevar esta Semana de Pasión donde no debe estar ni un minuto solo.
Seguro que aún encontramos alguna advocación más del Cristo de Gracia en la geografía hispana, pero analizando las que acabamos de comentar estaríamos ante imágenes que representan en todos los casos un Cristo crucificado muerto, en algunos casos de procedencia sudamericana (Córdoba y Granadella), con la cabeza inclinada, manando sangre de su costado, tocado con su fajín (Córdoba y El Barraco)), corona de espinas (todos) y/o potencias (Córdoba y Granadella) y sudario (El Barraco); todos ellos atributos que conforman el ajuar de estas imágenes, que deben lucirlo siempre y, cuanto menos, en sus fiestas mayores.

Zacarías López-Barrajón Barrios

Historiador/arqueólogo

BIBLIOGRAFÍA
De León, Fay Luis (1999). De los nombres de Cristo. Editorial Castalia.
Journet, Charles (1979).: Charlas acerca de la Gracia. Ediciones Saint-Agustín, Suiza.
VV.AA. Gran Enciclopedia de España (On line).
www.cristodegracia.es
www.elbarraco.org
www.museodelprado.es

PUBLICADO EN: Revista CULTURA XXI, 2012, nº 20, pp. 8-9.

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LA CARROZA PROCESIONAL DE LA VIRGEN DE LA PIEDAD: UNA JOYA ESCULTORICA DESCONOCIDA.

“A cuantas personas a lo largo del tiempo, custodiaron, conservaron y difundieron el
patrimonio artístico de nuestra excelsa patrona”
De todos los magníficos enseres litúrgicos que atesora la casa-museo de Nuestra
Señora de la Piedad y del Santísimo Cristo de Gracia hay uno que asociamos de manera
indisoluble a la celebración de las fiestas del mes de agosto. Generaciones de niñas y niños
quintanareños han soñado con acariciar, con acercarse y contemplar extasiados la multitud de
angelitos que decoran la carroza de nuestra excelsa Patrona. El singular conjunto que forma
la imagen de la Virgen ataviada con su manto de tisú bordado en oro y sedas, dispuesta en su
trono causa justo asombro a cuantos lo contemplan y es, sin duda, el broche de oro de las
solemnidades litúrgicas que tienen lugar durante los días centrales del citado mes estival. Pero
el pasado de esta pieza clave del patrimonio artístico de nuestra localidad es tan desconocido
como admirado es el objeto en sí. Desde estas líneas quisiéramos contribuir al esclarecimiento
de su devenir histórico, porque además de los suculentos datos que nos aporta, consideramos
de vital importancia que los mismos ayuden a concienciar a todos sobre su valor estético y
sentimental, para conservar en las mejores condiciones algo que es de todos, que nos explica y
de lo que debemos sentirnos orgullosos.
Las primeras noticias que conocemos sobre la existencia de una carroza para
procesionar la imagen de nuestra patrona datan de mediados del siglo XVIII. El padre Juan
Martín de Nicolás en su libro “La Piedad: Historia y devoción de Quintanar de la Orden”,
Quintanar, 1996. Reseña los asientos de un libro de cuentas fechado en 1759 que refieren la
existencia de la misma:
-“…Un carro triunfal dorado y estofado en que sale la Imagen…” (M. de Nicolás. Pág.
58).
Igualmente refiere como en los años siguientes el conjunto se vio enriquecido con
colgaduras de damasco e incluso se le añadieron adornos escultóricos; en concreto cuatro
ángeles y un arco o ráfaga para realzar la efigie mariana, (M. de N. Pág.61). Dos pinturas exvoto
depositadas en el museo, realizadas por las mismas fechas ofrecen en su margen
superior izquierda sendas representaciones que muestran la citada aureola y que pueden
darnos una idea de cómo pudo ser la mencionada en documento. (Fig. 1).
El historiador local también nos descubre la existencia de dos carrozas mas, realizadas
en fechas posteriores; una construida en Madrid en 1815, y otra en Valencia en 1854. Esta
última, conocida a través de una antigua fotografía que reproducimos junto al texto y que es
descrita por Antonio Extremera en “Quintanar y su tesoro”, Quintanar, 1925. (Págs. 114-115).
-“…la que está depositada en la ermita de Sta. Ana, es de madera forrada de cinc y
pintada de azul obscuro con grecas y otros adornos dorados con varios medallones
representando misterios y pasajes de la Sma. Virgen, construida en Valencia hacia mediados
del siglo XIX…”. (Fig.2).
El rápido deterioro de la misma, lleva a la Mayordomía a hacer dejación de parte del
pago de la misma y a almacenarla en la ermita de Santa Ana, encargando la fabricación de
una más. Para ello contaron, en esta ocasión, con la participación en su diseño de un ilustre
hijo de la localidad:
-“…fue construida en Madrid, según diseño del arquitecto Don Agustín Villajos,
siempre entusiasta por su pueblo natal y ferviente devoto de Nuestra querida Patrona. Tiene
esta carroza forma de una navecilla ostentando en la popa y en la proa escudos con el
anagrama de María y lar armas de la M. L. V. sostenidos por ángeles; una greca tallada orla
las bandas de babor y estribor, cubierto todo ello de oro fino y bruñido sobre fondo blanco.
La carroza esta guarnecida de un guardamalleta de terciopelo color hueso con ricos adornos
de pasamanería que oculta las ruedas…”. A. Estremera. (Pág.115).
Afortunadamente esta magnífica obra aún se conserva en su integridad y sigue en uso,
ya que porta, convenientemente restaurada y adaptada, al Santísimo Cristo de Gracia en los
desfiles procesionales de Semana Santa y en su fiesta del mes de septiembre. Alguno de los
elementos decorativos que la completaban como la peana y las primitivas lámparas se
custodian hoy día en la casa-museo. (Fig. 3).
Durante los primeros años de la década de 1920 tiene lugar una verdadera renovación
de las prendas y enseres que nuestra patrona luce en sus fiestas mayores. En 1924 estrena un
soberbio conjunto de manto, mandileta y toca de sobremanto bordados en oro, realizado en
Valencia en el taller de ornamentos litúrgicos de don Justo Burrillo. Cuatro años después, otro
turno de mayordomos se dispone a acometer una nueva empresa; fabricar una flamante
carroza procesional que sirva de trono a la venerada imagen y en la que se luzca debidamente
la joya textil recientemente adquirida. Con buen criterio encomendaron el proyecto a la
fábrica levantina antes referida, pues nadie mejor los artesanos a su servicio podrían llevar a
cabo una obra de tan alta calidad y que complementara magníficamente lo ya realizado.
El resultado debió superar con creces las expectativas, el nuevo vehículo era un
verdadero grupo escultórico rodante. Con unas medidas máximas de casi cuatro metros de
largo, por dos de ancho y tres metros de altura, el diseño reproducía la estructura de una
barca o góndola dorada que parece navegar sobre una base se nubes blancas y azules. En su
proa se situaba un airoso ángel tañendo una lira, en los costados de babor y estribor cuatro
más parecen impulsar la nave asidos a una maroma floral y en la popa otro recoge la cola del
manto. Todos ellos eran de buen tamaño, policromados, con delicadas carnaciones y
suntuosos vestidos estofados. Al lado de la imagen se situaban otras dos figuras angélicas a las
que se les sumaban multitud de pequeños querubines distribuidos por todo el perímetro de la
pieza; en el frente, custodiando un escudo de la villa, en los costados sostenían dos
medallones pintados con escenas de la vida de la Virgen y en la trasera manejan un magnifico
timón que se decora con las letras griegas del “Crismón”. (Fig.4). El gusto modernista domina
estéticamente todo el conjunto, elementos vegetales y orgánicos, curvas sinuosas, horror al
vacío y un resabio historicista en la realización de vestiduras y estofados la convierten en una
obra sólo comparable a piezas similares en el levante español y el área catalana.
La pieza costo un total de 35.190 pesetas y fue pagada a plazos durante los tres años
siguientes. En el “Libro de Cuentas de a Mayordomía de la Virgen de la Piedad, Quintanar de la
Orden, 1909-1935” se asientan todos los datos contables (ingresos y gastos), referidos a la
misma (págs. 116, 117, 120, 125, 127 y 129). Gracias a ellos conocemos que los reembolsos se
efectuaron a través de diez cheques con cantidades variables; 7.190 pesetas el de mayor
cuantía, uno de 7.000 pesetas, tres de 3.000 pesetas y por fin seis de 2.000 pesetas. Los
mayordomos en ejercicio debieron iniciar una cuestación o suscripción popular, algo que
también aparece referenciado en la contabilidad, sus firmas rubrican las páginas del
mencionado libro y aparecen grabadas en una placa de cobre en el interior de la carroza:
“ESTA CARROZA FUE CONSTRUIDA POR D. JUSTO BURRILLO DE VALENCIA
EL AÑO 1929. SIENDO LA MAYORDOMÍA SIGUIENTE:
PARROCO D. CONSTANTINO ARAGONES TORRECILLA
D.FRANCISCO SERRANO LÓPEZ-BREA, D. JOSÉ FERNÁNDEZ NIETO,
D. ALFONSO VERDUGO, L. ALVARO, D. AGUSTÍN RECUERO ARRONES.
CAPELLÁN D. BENITO ALVARO RAMIREZ.
CAMARERA DOÑA ROSARIO HERNÁNDEZ DE PIC”.
A todas estas noticias tendríamos que sumar la factura original en la que se describe
prolijamente la obra y en la que figuran además los asientos de los cheques. Este documento
fue donado hace pocos años al museo por un descendiente de d. Alfonso Verdugo.
A diferencia del manto que si fue objeto de seguimiento por parte de la prensa, no
hemos encontrado, crónicas periodísticas que hablen de la carroza, apenas un panfleto
titulado “Renovación” publicado en 1929 en el que aparece una foto de la misma y una serie
de coplas y poemas dedicados a la virgen, alguno referenciando el estreno:
-“La carroza me alboroza
Y entusiasma su beldad
¡O Virgen de la Piedad!
Celestial es tu carroza”.
Recientemente se ha registrado en el museo otra valiosa donación referida a este
carro procesional, y que consiste en la plancha de cobre original que sirvió para hacer la tirada
del mencionado documento. Pensamos que con ella igualmente pudieron realizarse
numerosas copias de la imagen, algunas de ellas impresas en cartón troquelado dotadas de
una lengüeta para su sujeción a manera de portafotos.
El patrimonio artístico de la Mayordomía sufrió importantes pérdidas durante los
terribles acontecimientos de las postrimerías de la Segunda República, destacando la
desaparición de la imagen de su sagrada titular, la Virgen de la Piedad, sustituida tras la
contienda civil por una talla de candelero gubiada por el escultor talaverano Antonio Gallegos.
También es cierto que otras piezas emblemáticas (coronas, ajuar de mantos, monumento
eucarístico…) pudieron salvarse de una destrucción segura y algunas otras sufrieron
importantes deterioros, tal es el caso de la carroza, estrenada en 1929 y protagonista de este
estudio.
Fueron años duros para todo el país, que hundido moral y económicamente trataba a
duras penas de recuperarse. Los diversos turnos de mayordomos a pesar de las seguras
carencias intentaron devolver el antiguo esplendor al culto de su patrona incluyendo la
restauración de cuantos enseres valiosos pudieran recuperarse. La nueva imagen debió
procesionar durante casi una década en el vehículo diseñado por Ortiz de Villajos, salvado en
su totalidad, `pero nunca se abandono la idea de reparar la carroza de “los ángeles”, como era
y es conocida por muchos de nuestros paisanos. Las labores de reconstrucción también se
aprecian en la organización del archivo que a partir de ese momento comienza a tomar forma
de una manera casi impecable hasta el día de hoy. Gracias a los registros documentales que
contienen las carpetas de facturas y albaranes de la tesorería; Ejercicio de caja 1947-1959 y al
libro de cuentas; 20-8-1939/30-8-1932 del mismo oficio organizados cronológicamente en el
mencionado archivo, hemos podido establecer la secuencia completa de los acontecimientos y
operaciones relacionadas con la reparación de tan notoria obra de arte.
Así, en 1943, se solicita el primer presupuesto encaminado a tal efecto, a los “Talleres
de Pintura y Escultura Ntra. Sra. de la Asunción” propiedad de d. Santiago Lara Molina en la
vecina localidad de Socuéllamos. El documento consigna además de la restauración de los
desperfectos, la realización de una nueva y más alta peana de nubes y ángeles para adaptar
la escultura de la virgen, así como la renovación de toda la instalación eléctrica. Por estas
labores se solicitó la cantidad de 35.000 pesetas sin incluir los portes y pagaderas en tres
plazos a lo largo de los once meses que duraría la obra.
Es muy posible que el mencionado presupuesto no se adaptara a las posibilidades
económicas de la institución, puesto que dos años más tarde, en 1945, se envía otro por parte
del mismo establecimiento, casi calcado del anterior, rebajando en 7.000 pesetas la primera
propuesta.
A pesar de la sustanciosa rebaja, tampoco debió colmar las expectativas esta segunda
valoración de las obras, porque a partir de este momento los mayordomos comenzaran a
sondear a otros artistas y talleres en busca de un precio que aunara calidad y bajos costes para
la restauración de la carroza. Resulta extraordinariamente interesantes el cruce de
documentos que se produce en los últimos meses de 1947 entre la “Fábrica de Ornamentos de
Iglesia Justo Burillo S.L.”, responsable de la autoría original de la obra y los Mayordomos en
ejercicio en esas fechas. La decisión de encargar la reparación de la misma a los talleres
levantinos no era descabellada, pues mejor que sus artistas nadie podría llevar a cabo la
satisfactoria recuperación deseada por todos. Los primeros contactos aparecen consignados a
fines del mes de octubre del citado año, llegándose incluso a enviar desde Valencia a un
técnico comisionado para realizar la valoración y el necesario presupuesto.
Los primeros días de noviembre llega a nuestra villa el joven Casto Buigues, que años
más tarde alcanzaría la fama como pintor y pionero de la decoración de interiores en la España
de los años 50 y 60. El presupuesto dado por Buigues para los talleres de Burillo no es muy
prolijo en detalles, se limita a proponer ”…una restauración completa de la carroza, con sus
trabajos de carpintería, escultura, talla y decorado en oro fino, dejando dicha carroza
completamente nueva…”. El monto total de las obras alcanzaba un total de 145.000 pesetas,
importe verdaderamente inalcanzable que fue inmediatamente desestimado, llegándose
incluso a barajar la posibilidad de vender la propia carroza a los mencionados talleres .
Afortunadamente esta circunstancia no llegó a cuajar, hecho que nos hubiera privado para
siempre de poder disfrutar de tan magna obra de arte para sucesivas generaciones.
Durante los dos primeros meses de 1948 se tantea a otro artesano; Marcelino Muñoz,
escultor de la vecina localidad de Villanueva de Alcardete que, a la sazón, y tal como revelan
los documentos consultados en el archivo de la Mayordomía, recibe el encargo de realizar un
cuerpo para la nueva imagen de la Virgen de la Piedad que sustituyera al de candelero ,
aunque según parece tampoco se concreta nada.
Por fin, en los primeros días del mes de diciembre de 1949 se llega a un definitivo
acuerdo con el taller socuellamino de Santiago Lara para realizar la intervención anhelada que
se realizaría por un coste de 40.000 pesetas. Queremos reproducir íntegramente la mayor
parte del texto de la memoria presupuestaria presentada por el artesano porque puede darnos
una idea perfecta del estado en el que se encontraba la obra y de las intervenciones y
novedades realizadas en ella:
“…- Completar los ángeles, poniéndoles caras, brazos y piernas.- Hacer el trono (peana)
completo con dos ángeles grandes y nubes.- Hacer completo el ángel de proa con trompeta.-
Hacer escudos con atributos de la Santísima Virgen y escudo de Quintanar.- hacer todos los
trozos de tallas y adornos que faltan.- Decorar todos los ángeles y querubes.- Repaso de
adornos y querubes dorándolos con oro fino.- Arreglo y plateado de los aparatos de luz,
flores y guirnaldas de metal.- Pintado general de nubes y adornos.- Adaptar llantas y
neumáticos de aire para las ruedas.- En fin, restauración completa con todos los detalles que
faltan, en la cantidad de cuarenta mil pesetas…”.
En el documento se especifica además que los gastos de transporte y embalaje corren
por cuenta del artífice, que las obras se realizaran en un plazo de mes y medio desde la
aceptación y firma del mismo y que el pago se realizará a través de letras giradas a la
institución a lo largo de todo el año 1950.
Paralelamente al comienzo de los trabajos de restauración, la Mayordomía comenzó a
realizar una cuestación popular destinada a conseguir los fondos necesarios para llevarla a
término. En la “Carpeta de Facturas y Albaranes del Oficio de la Tesorería de la Mayordomía;
Ejercicio de caja 1947-1959” se encuentra una “Relación de señores donantes en la
suscripción abierta para recaudar los fondos necesarios de la restauración de la Carroza de
Nuestra Señora la Virgen de la Piedad, cuyo costo asciende a Cuarenta mil pesetas.”
Está encabezada por el Excelentísimo Ayuntamiento de la localidad tras del cual se
consignan los nombres de los donantes acompañados de la cifra aportada.
La iniciativa no debió tener el éxito deseado y aunque para el día 12 de enero de 1950
ya se había pagado la mitad del presupuesto, los mayordomos debieron solicitar una prórroga
verbal del pago que se acomodara a su escaso excedente económico, siendo la institución la
que impusiera los ritmos y las fechas de reembolso y no el artífice como figura en el contrato.
Así se colige de los despachos y cartas dirigidas a S. Lara y de los registros consignados en el
Libro de cuentas del Oficio de la Tesorería, 20-8-1939/30-8-1932. Págs., 74-83.
El celo y la prudencia en la administración de los fondos por parte de la
Mayordomía queda suficientemente demostrado, pero aportamos además la noticia de una
acción que supondría un sustancial ahorro en las obras de restauración, puesto que las ruedas,
llantas y todo el sistema motriz de la carroza contó con la supervisión directa y la aportación
de materiales del taller de Lupirino Rodríguez, a través de su hermano y socio Leovigildo
Rodríguez, mayordomo durante los ejercicios de 1948/1949.
A pesar de estas circunstancias, las labores de rehabilitación marchaban a muy buen
ritmo y el artífice informaba puntualmente de cualquier incidencia en los mismos incluso de las
licencias artísticas que pudiera tomarse como es el caso de la sustitución del ángel de la proa y
los de la peana
“…creo que les va a gustar más que cuando fue nueva, pues el ángel de delante es
más airoso y va colocado de forma que no quita vista a la imagen de la Stma. Virgen, y lo
mismo pasa con los dos ángeles del trono…” (Fig. 5)
El trabajo quedó concluido y entregado en la primera quincena de febrero de 1950 a
falta de adaptar las ruedas, operación que se realizo en la localidad los talleres mecánicos
antes mencionados .La renovada carroza se estrenó en las celebraciones del mes de agosto
del mismo año y su singular estética y suntuosidad llevaron a los talleres de Santiago Lara a
reproducir el modelo quintanareño al menos en dos ocasiones con relativa fortuna; la carroza
procesional de Ntra. Sra. de la Oliva en la localidad madrileña de Valdilecha (Fig. 6.) y la carroza
procesional de la Virgen de Riansares en la vecina Tarancón. Quizás sea este el ejemplar que
presenta un parecido mayor con la pieza quintanareña pues además del ángel trompetero de
la proa presenta a ambos lados de la peana dos figuras aladas, una de las cuales sospechamos
pudiera haber pertenecido a la primera obra realizada por Justo Burillo en 1929 para nuestra
patrona, tratándose de un caso claro de reaprovechamiento por parte del artista de
Socuéllamos. (Fig.7.).
Desde entonces y hasta hoy, la carroza de la Virgen de la Piedad luce esplendorosa
cada verano en su traslado, novena y magna procesión por las calles de nuestra villa. A lo largo
de todos estos años ha sido objeto de modificaciones; durante un tiempo se suprimió la
imagen del ángel que recogía el manto en la trasera de la misma (felizmente recuperado más
tarde). También ha pasado por varias intervenciones y restauraciones de su policromía, alguna
de ellas muy reciente y no demasiado afortunada. Esta joya, en suma, ha sido custodiada con
esmero y ahora además se la puede admirar como pieza clave de las colecciones de la casamuseo
de la Mayordomía, pero no queremos dejar pasar la ocasión para advertir a los
responsables de la mencionada institución sobre las posibles intervenciones futuras. Se trata
de la conservación de una obra de arte de primera categoría, única en su género, original y
modelo de otras piezas a lo largo de nuestra geografía. El celo, la diligencia, el mimo y el
cuidado puesto por muchas generaciones de mayordomos merece ser respetado y por tanto
cualquier actuación debe contar con la asesoría profesional necesaria ya que de lo contrario se
desvirtuaría la extraordinaria calidad plástica que todavía posee y que debe ser preservada
intacta para futuras generaciones de quintanareños y fieles devotos de Nuestra Señora.

Fig.1. Imagen de la Virgen rodeada de una ráfaga o aureola, tal como se muestra en el cuadro

Fig.2. Carroza procesional de la Virgen de Riansares. Tarancón. Cuenca.

Fig.3. Fotografía carroza diseñada por Agustín Ortiz de Villajos, finales del siglo XIX

Fig.4. Fotografía de la Carroza realizada por la Fábrica de Justo Burillo en 1929

Fig. 5. La carroza procesional de Ntra. Sra. de la Piedad tras su proceso de restauración. 1950

Fig.6. Carroza procesional de Ntra. Sra. de la Oliva en la localidad de Valdilecha. Madrid

Fig.7. Carroza procesional de la Virgen de Riansares. Tarancón. Cuenca

Fig.8. Carroza procesional de la Virgen de Riansares. Tarancón. Cuenca

Mario López-Barrajón Barrios

Historiador del Arte y Prof. de la Universidad Pontificia de Comillas (UDEMA)

Zacarías López-Barrajón Barrios

Historiador/arqueólogo

BIBLIOGRAFÍA.
(Agradecemos a la Ilustre y venerable Mayordomía de la Virgen de la Piedad y del Smo. Cristo
de Gracia las facilidades ofrecidas para la consulta de sus archivos y documentos).
(DI*4) Revista del Colegio Oficial de Decoradores y Diseñadores de Interior de la Comunidad
Valenciana. 2007. “Casto Buigues: (1922-2005)”. Págs. 6-10.
EXTREMERA, Antonio. “Quintanar y su tesoro”, Quintanar, 1925
LOPEZ-BARRAJÓN BARRIOS, Mario. “Estudio histórico artístico del manto de la fiesta
de agosto de Ntra. Sra. de la Piedad”. (Primera y Segunda Parte). Revista “La Encina”.
Año XXXI. Numeros. 165 y 166.
LOPEZ-BARRAJÓN BARRIOS, Zacarías. “Setenta años de una imagen”. Revista “La
Encina”.
MARTÍN DE NICOLÁS CABO, Juan. “La Piedad: Historia y devoción de Quintanar de la
Orden”, Quintanar, 1996.

© Derechos reservados por sus autores.

LA DEVOCIÓN MARIANA EN LA VIDA DE CERVANTES

En la España del Siglo de Oro había un fuerte espíritu religioso, aunque en esta época tuvieran lugar las guerras de religión, que además pertenecía toda la Nación, no sólo a gobernantes, monjas y curas. Así, después del Concilio de Trento se produjo “un incremento notable de la devoción a la Virgen María, que surgió por todas partes como patrona e intercesora universal, y su nombre fue invocado como protectora de todo lo que requiriese protección: viajeros, marineros, cosechas, plantas…”(según argumenta el historiador Henry Kamen).
Viviendo Cervantes en este mundo lleno de religiosidad, no pudo, por menos, dejarse influir por ella; más cuando se trataba de un alma buena, noble y por ende, religiosa; aspecto que se había ido arraigando profundamente en su espíritu con las acciones de su aventurera y azarosa vida.
La devoción mariana, eso sí, inconsciente de Cervantes o mejor dicho, su relación con esta comenzó el 9 de octubre de 1547 cuando este fue bautizado en la iglesia de Santa María la Mayor de Alcalá de Henares y otorgándole por un instante el beneficio de la duda al hecho de que este pudiera haber nacido en Alcázar de San Juan, tampoco se libraría el escritor de haber llegado al mundo en una iglesia bajo advocación mariana, más concretamente la de Santa María la Mayor de la citada localidad ciudadrealeña.
Hay que señalar que desde la fecha de nacimiento de Miguel de Cervantes Saavedra en Alcalá de Henares en el año 1547 el culto a la Virgen de la Piedad en Quintanar de la Orden llevaba ya instaurado ciento cuarenta y siete años, desde que en 1363 apareciese la Sagrada Imagen de la Bienaventurada Virgen Santa María de la Piedad ya conocida como Nuestra Señora de la Piedad, a la que se le rendía culto en una capilla establecida en la antigua sinagoga que los judíos ocuparon. Y que en 1537 (según consta en el Libro de Visitas Santiaguistas de ese mismo año) ya tenía concedida “una bula de perdones con doze sellos de doze cardenales” entre los que se encontraba el conocido Cardenal Tavera.
Otros testimonios de su vida más que suficientes para avalar estas ideas son: la Batalla de Lepanto, el 17 de octubre de 1571, calificada por Cervantes como “la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros”, es un acontecimiento que el autor del Quijote, como es natural, siempre llevó a cuestas; ya sea por la cruda experiencia que implica en cualquier hombre la vivencia de una guerra en el “campo de batalla”, por la trascendencia política y militar que esta guerra tuvo en su tiempo o por la merma física que le ocasionó y que le confirió el nombre del “manco de Lepanto” para el resto de la historia. Pues bien, seguramente Cervantes era conocedor de que el Papa Pío V –el Papa del Rosario- había puesto la flota española bajo la advocación de la recientemente venerada Virgen del Rosario y que la victoria de los ejércitos de la Santa Liga frente a la otomana se atribuyó a esta devoción. Tras la batalla y de regreso a España en barco desde Nápoles, fue hecho prisionero por una pequeña flota turca que lo llevó hasta Argel. Su cautiverio duró cinco largos años y durante el mismo llevó a cabo diversos actos de piedad caridad, como su entretenimiento en sacar coplas a la Virgen y se la reconoce como Nuestra Señora la Virgen María; y se afirma de ella que es verdadera Madre de Dios y Virgen sin mancilla.
Por esas fechas, hacia el año de 1575 tenemos constancia documental de que en la Villa del Quintanar se hacía una procesión el día de San Ildefonso “por voto jurado de la Villa”, que no sería otra que la conmemorativa de la aparición de la Sagrada Imagen, y de la que, curiosamente, no volemos a saber nada hasta 1816.
De vuelta en España, después de que dos frailes trinitarios pagaran su rescate, en 1584 se casó con Dª Catalina de Salazar y Palacios, en la iglesia parroquial de Esquivias, dedicada a Santa María de la Asunción; en el tiempo que pasara aquí seguramente que llegó a conocer la devoción que en el pueblo de su ya esposar se profesa a la Virgen de la Leche a través del famoso lienzo flamenco que colgaba de las paredes del citado templo.
Después vivió en Sevilla desde 1587 hasta 1600, ciudad de gran devoción Mariana. Hacia el momento que escribe El Quijote (1605-1615) pudo conocer a varios quintanareños en su paso por estas tierras como recaudador de impuestos. Estos serían hombres de distinta clase y condición: los más hidalgos, hombres de armas pero también hombres de letras, religiosos y sencillos comerciantes: D. Juan de Huelva: contador de la Mesa Maestral y ganadero rico que bien pudo ser inspirador de Juan Aldudo o del ganadero al que compraron dos perros para guardar el ganado. Francisco de Cepeda, que llegó a ser alcalde de Quintanar y gran benefactor de la iglesia de Santiago de la Espada. Alonso Manuel de Ludeña, alférez Mayor de la villa, privilegio concedido por su majestad el Segundo Felipe. También Rodrigo Quijada, un hidalgo venido a menos vivo reflejo de D. Quijote. Y Pablo Mota médico y fundador del Hospital de la Concepción. Al igual que el cura de la villa, el Licenciado Juan Álvaro Barcala, que conjugaba su labor pastoral con la de terminar la obra de la iglesia, incluida su torre. Y de la familia Villaseñor, concretamente, a D. Luis de Villaseñor que sería quien le pondría al tanto de las aventuras de su hijo Antonio, soldado en Flandes, cuyas andanzas y desventuras relató Cervantes en su novela “Persiles y Segismunda”. Además de los numerosos arrieros quintanareños de origen morisco y/o cristiano se encontraría por esos caminos de Dios. Y por qué no, podían ser devotos de Ntra. Sra. de la Piedad, por qué no pudo tener también esa devoción o al menos conocimiento de su existencia el propio Cervantes, hay que recordar que en Quintanar de la Orden se venera profusamente la imagen de la Virgen de la Piedad cuya talla representa una Asunción y así lo demuestran los diferentes casos de favores o milagros recogidos.
En cuanto a la devoción mariana que se traduce en sus obras, a pesar de ser un tema controvertido creemos que la misma está fuera de toda duda y será objeto de argumentos sólidos en otro trabajo.
En esta ocasión hemos querido relacionar el asunto con las celebraciones del 650 aniversario de la aparición de la Santa Imagen de la Virgen de la Piedad, que va a aquedar en nuestras mentes como el año en que se perpetraron sendos robos en la casa museo de los santos patronos, que, aunque se les quiera restar trascendencia, han supuesto, además de la merma y expolio de parte de su importante legado histórico-artístico, la pérdida de buena parte de las donaciones que los fieles quintanareños habían depositado ante sus venerados Patronos desinteresadamente, y como muestra de su gratitud por algún favor concedido. Motivo más que suficiente de la gran importancia y valor de los objetos sustraídos, que Dios quiera algún día puedan ser recuperados.

Zacarías López-Barrajón Barrios

Historiador/arqueólogo

PUBLICADO EN: Revista CULTURA XXI, 2013, nº 15, pp. 14-15.

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CINCUENTA ANIVERSARIO DE LA EJECUCIÓN DE LAS PINTURAS MURALES DE IGNACIO Y FRANCISCO VALBUENA EN LA ERMITA DE NTRA. SRA. DE LA PIEDAD.

Tras muchos años de investigación y de estudio sobre el patrimonio histórico artístico vinculado a nuestros santos patronos: el Santísimo Cristo de Gracia y Nuestra Señora de la Piedad, la sensación del historiador es de estar frente a un manantial inagotable de obras de notable calidad que abarcan extensos periodos cronológicos; desde los mismos albores de la edad moderna hasta prácticamente nuestros días. Esta circunstancia no sólo ratifica la pujanza del culto y la devoción, que a lo largo de los siglos, nuestros antepasados y nosotros mismos les hemos venido profesando, sino que además confirma el hecho de que a sus amados hijos todo se nos hace poco para honrarlos y reverenciarlos; y cuando hablamos de “todo” queremos decir LO MEJOR.
Así parece demostrarlo la arquitectura y el ornato de las dos ermitas, el ajuar de mantos y prendas ricas de la Virgen, las andas de plata, las dos carrozas procesionales, su colección de piezas de orfebrería (coronas, potencias joyas…), el monumento eucarístico de Jueves Santo, cuadros, abanicos, carteles, libros, fotografías y un sinfín de piezas más que hoy se hallan custodiadas y expuestas en su delicioso y coqueto museo.
Las líneas que ahora comenzamos pretenden dar fe de cómo incluso en fechas relativamente recientes, los diversos turnos de mayordomos, y el pueblo en general, han continuado con su labor de mecenazgo y promoción del patrimonio vinculada a nuestros sagrados titulares en épocas de bonanza y aún de dificultades.
Cuando tras el Concilio Vaticano II, las nuevas disposiciones litúrgicas de la Iglesia Católica limitaron y reorientaron de manera ostensible la producción de arte religioso para el culto, nuestros convecinos quisieron seguir obsequiando a sus patronos con obras de extraordinaria calidad y de un profundo significado catequético acorde con la nueva era recién inaugurada (1). Así, la Ilustre y Venerable Mayordomía a mediados de la década de los sesenta del pasado siglo, aquilatando muchas de estas iniciativas, emprendió la tarea de renovar la decoración pictórica de la ermita intramuros. No estamos hablando sólo del necesario y periódico adecentamiento de cubiertas, muros y pilares; nos referimos a una ambiciosa empresa artística por la que amplias zonas del techo de la nave central y del presbiterio incluyendo su bóveda, se cubrirían con escenas de las vidas de Cristo y su Madre compendiadas en algunos de los misterios del Santo Rosario. El encargo y factura de las mismas correría a cargo de dos creadores pertenecientes a una familia de la vecina localidad de Campo de Criptana (Ciudad Real): d. Ignacio Valbuena Helgueva y su hijo el reconocido pintor d. Francisco Valbuena Quintanar.
Nunca hasta este momento la Mayordomía se había planteado un programa decorativo pictórico tan ambicioso. Bien es cierto, que en la reforma llevada a cabo bajo la dirección de d. Agustín Ortiz de Villajos en 1886, además del solado en mármol blanco y gris de Macael (Almería) en todo el edificio, la construcción del soberbio púlpito y las barandillas del altar mayor realizadas en idéntico material, se dispusieron artísticas grecas y arabescos en todos los muros, que culminarían con la ejecución de cuatro tondos situados en el centro de las pechinas que custodian la bóveda del presbiterio y que representan a través de imágenes simbólicas varias jaculatorias latinas de la letanía lauretana (aun visibles); SEDE SAPIENTIAE, VAS SPIRITUALE, VAS INSIGNE DEVOTION, VAS HONORABILE (trono de sabiduría, vaso espiritual, vaso de insigne devoción, vaso honorable) realizadas por el afamado pintor y decorador madrileño don Félix Romero (2). Cuarenta y nueve años más tarde, en 1935, se acomete una profunda renovación del ornato de la ermita, conservándose todavía bajo el coro una placa de piedra grabada que da fe de este hecho. La evidencia documental y el alcance de dicha intervención nos son conocidos a través del “Presupuesto general y memoria de restauración general” redactada por el responsable de la misma el maestro de obras d. Enrique Contreras Ruiz, así como por la “Escritura de fianza personal” adelantada por los mayordomos en garantía de la ejecución de las obras (ambos manuscritos se conservan en el archivo de la Mayordomía y en ellos se expresa de manera detallada y clara la magnitud (exclusivamente ornamental en el caso de la techumbre y paredes) (3) y el precio de la intervención. Tras estas dos actuaciones, teniendo en cuenta el inminente estallido y el desarrollo de la Guerra Civil, así como la situación de carestía de décadas posteriores, intuimos que, pocas obras más se realizarían en la ermita más allá del estricto e higiénico enlucido periódico de sus muros. Teniendo en cuenta la transitoria utilización de la ermita como edificio de culto habitual tras la contienda, lo más probable es que los Valbuena asumieran el encargo de la Mayordomía una vez concluidas las obras de restauración de nuestro templo parroquial a principios de los años 60, tal como aparece consignado en la firma situada en parte inferior de la bóveda del presbiterio de la ermita; Valbuena. 30-3-1965. Estaríamos por tanto frente a la próxima conmemoración, el año entrante, de una nueva y notoria efeméride, cincuenta años nada menos de la culminación de tan magna obra de arte, que debido a su alta calidad plástica y hondura teológica debiera constituir un verdadero motivo de orgullo para todos nosotros.
Los datos sobre la trayectoria artística de sus artífices nos muestran dos caminos claramente divergentes aunque ciertamente relacionados debido a sus orígenes y a la estrecha relación familiar que los une.
Ignacio Valbuena Helgueva, según toda la información obtenida, no pasa de ser un simple pintor “decorador”, su fama y reconocimiento, dentro de su localidad de origen y aún de las vecinas, se debe a una labor que siempre fue más allá de la estricta, honrada y sencilla obra “de brocha gorda”. Así lo atestiguan las encantadoras e ingenuas pinturas, que decoran la cabecera de la ermita de la Madre de Dios, en el mismo Campo de Criptana, firmadas por él y fechadas en 1940 (afortunadamente redescubiertas y restauradas en fechas muy recientes) (4). Si parece acreditado que bien entrada la década de los 60, cuando comienza a rebasar su edad laboral activa, abandona progresivamente la escalera y el andamio para dedicarse a la que sería su verdadera pasión, la pintura de caballete, dedicándose al género del bodegón y del paisaje manchego, que ya no abandonaría hasta el final de su vida. Afortunadamente se conservan en propiedad particular quintanareña algunos de sus meritorios lienzos, que muestran una evidente maestría y madurez en la ejecución técnica y una cierta calidad estética (Fig.1).
Su hijo Francisco Valbuena Quintanar (1933-2007) educado desde pequeño en el seno de esta singular familia de artistas gozará, como su padre, de una formación fundamentalmente autodidacta, aunque la calidad de su producción pictórica será ampliamente reconocida por crítica y aficionados.
Depositario de una extraordinaria versatilidad técnica, dominará diversos procedimientos y lenguajes plásticos incluyendo el grabado, la pintura mural e incluso la escultura policromada.
Entre los años 1950 y 1970 desarrollará su faceta como ilustrador en varias editoriales para las que realizará numerosos trabajos, sobre todo en el ámbito de la literatura infantil y juvenil. También se dedicara a la enseñanza del dibujo y de la pintura en el “Instituto de Amigos del País” de la ciudad de León, Ciudad Real y su Criptana natal, vinculándose a instituciones tan prestigiosas como el “Instituto de Estudios Manchegos”.
Su obra fue evolucionando con el tiempo sin abandonar significativamente la esfera de lo figurativo. Sus conocidos paisajes y motivos locales se componen con una hábil combinación de masas cromáticas y lumínicas en las que lo descriptivo se conjuga con una expresividad lírica muy personal, llegándose a tildar a su estilo de “fovismo impresionista”. En la década de los ochenta su lenguaje experimenta un interesante sesgo hacia el mundo de la estética oriental, su matrimonio y diversos viajes a Japón así lo confirman. Su trazo se hace sucinto, economiza el color y da protagonismo al cuerpo y la sensualidad femenina. Un canto de cisne estético donde se pone de manifiesto lo esencial; el dibujo y el gesto, utilizando incluso en su propio beneficio el fondo blanco del soporte empleado como si de un calígrafo nipón se tratara. Su fortuna expositiva nacional e internacional (Bienal de Sao Paulo, Nueva York, Tokio, Madrid, Bilbao…) lo avala como un artista imprescindible por la calidad y sensibilidad de su obra (5).
La relación de Francisco Valbuena con nuestra población aparece documentada desde 1960, momento en el que llevará a cabo numerosos encargos oficiales responsabilizándose de los carteles y las portadas de los libros de festejos de 1960 (Fig. 2), 1964, 1965 y 1966 e incluso renovando la imagen publicitaria de industrias como “Chocolates Dulcinea”, aunque no dudamos que su vinculación con la Mayordomía debió estrecharse en 1963 cuando realice el soberbio y todavía no igualado cartel anunciador que conmemoraba el 600 aniversario de la aparición de la sagrada imagen de nuestra Patrona (FIG. 3).
El singular proyecto decorativo de la ermita intramuros se concretó a finales del año 1964, puesto que su realización se efectuó, según las referencias documentales halladas en el archivo de la Ilustre y Venerable Mayordomía de Nuestra Señora de la Piedad y del Santísimo Cristo de Gracia durante el curso del año siguiente, probablemente entre los meses de marzo y agosto, momento en que la misma estaba dirigida por los señores; d. Doroteo Perea Iniesta, d. Manuel García Serrano, d. Gaspar Sánchez-Grande Botija, d. Valentín Vela Cebrián, d. Pascasio Nieto Perea y d. Francisco Villanueva Gálvez. A través de la misma fuente se infiere la colaboración padre e hijo; todos los documentos (asientos contables y recibos) (6) e incluso una de las firmas visibles localizada en la zona inferior izquierda de la escena de la crucifixión ratifican la responsabilidad de Ignacio Valbuena, aunque la envergadura, dificultad compositiva de las pinturas así como su complicación técnica ameriten la participación y la verdadera autoría intelectual de su hijo Francisco.
La práctica pictórica empleada en su factura es la denominada como “fresco seco”; pintura al temple sobre un fino aparejo de yeso seco (probablemente el enlucido original de la pared lijado, nivelado y limpio de impurezas), aunque no descartamos que se haya podido aplicar alguna pincelada de pintura al oleo para reforzar expresiones o fisonomías y así fijar mejor la composición. Esta forma de trabajar la técnica mural goza de extraordinaria tradición en nuestro país; desde el barroco cortesano a Daniel Vázquez Díaz incluyendo a don Francisco de Goya y Lucientes. Es notablemente más económica y más rápida de ejecutar que el llamado “buon fresco” (pintura al temple sobre aparejo de yeso húmedo o fresco), habitual sobre todo en Italia, aunque presenta algunos problemas en su evolución física y su conservación. Todo parece indicar que además de los mencionados Ignacio y Francisco otros profesionales debieron estar implicados en la empresa, quizás un equipo de oficiales encargados de tareas más fáciles vinculados a los Valbuena o quizás profesionales locales como Diego Contreras y Juan Bellón señalados igualmente en los registros contables por las mismas fechas. Por ellos, conocemos igualmente los plazos de ejecución y el importe de las obras.
La primera intervención localizada en los lunetos semicirculares y la bóveda elíptica del presbiterio se realizará en marzo de 1965, y se abonará en dos pagos los días 27 y 31 del mismo mes por una cuantía de doce mil y trece mil pesetas respectivamente “…a cuenta de los trabajos de decoración de la cúpula del Altar Mayor y laterales a ella unidos…”, según rezan sendos recibos extendidos a nombre de Ignacio Valbuena Helgueva (7).
Unos meses más tarde, probablemente en junio o julio comienza la segunda fase con la hechura de las siete escenas que se alojan en los lunetos apuntados que jalonan ambos lados de la nave central; cuatro en el eje del evangelio (izquierda del espectador) y tres en el eje de la epístola (derecha del espectador), esta asimetría es debida que el primero de los de esta zona, el más cercano a los pies de la nave está ocupado por la caja del órgano. Estarán rematados para la fiesta de la Asunción, registrándose un pago por un valor de veinticinco mil pesetas en los asientos contables del citado mes, “…pagada factura Ignacio Valbuena, por trabajo pintar siete murales en la nave central de la ermita….25.000…”. Igualmente se registra un pago de dos mil quinientas noventa y dos pesetas al Hotel Moderno, “…por importe estancia de los Sres. Valbuena” (8), lo que nos hace pensar que la Mayordomía asumió además los gastos de estadía y manutención de los artistas.
Ignacio Valbuena y su hijo Francisco compondrán en su empresa un rico programa iconográfico acorde con el lugar de ubicación las pinturas; la ermita intramuros donde se veneran las sagradas imágenes del Santísimo de Gracia y Nuestra Señora de la Piedad, siendo esta última la que presida su altar mayor. Podríamos hablar incluso de un cierto homenaje a la tradición, ya que completarían la filiación mariana de las cuatro jaculatorias de las letanías realizadas en los referidos tondos de las pechinas a fines del XIX, representando diversos misterios del Santo Rosario en los lunetos de las naves y en todo el presbiterio. Se trata, pues, de una hábil combinación temática en la que se sintetiza todo el rezo de la oración dominica; los cinco misterios gozosos, dos misterios dolorosos y tres misterios gloriosos.
Según su ubicación se dispondrán de la siguiente manera:
En el eje del evangelio y de los pies a la cabecera; “La Anunciación”, “El Nacimiento de Cristo” (FIG.4), “La Visitación de María a su prima Santa Isabel”, La Presentación de Jesús en el Templo” y “Jesús discutiendo con los doctores del Templo de Jerusalén”.
En el eje de la epístola y de los pies a la cabecera; “La Venida del Espíritu Santo”, Jesús cargando con la cruz camino del Calvario”, “La Crucifixión” y “La Asunción de María”.
En la bóveda del presbiterio; “La Ascensión de Jesús al Cielo”, aunque la inclusión de unos soldados, ausentes en esta escena evangélica puede hacernos pensar en un posible maridaje con “La Resurrección” (otro de los misterios gloriosos).
En todas las escenas se desarrolla una variada gama cromática en los tonos suaves y uniformes (azules, rosas, blancos, anaranjados…), así como en los contrastados (pardos, ocres grises y negros). La pincelada es segura, dibujística, amplia y generosa hasta escurrir los pinceles. El ágil perfil de las figuras delata claramente la experiencia de Francisco como ilustrador en la Editorial Everest (Colección de cuentos “La Cometa Roja”, Unidades Didácticas, Libros de texto, de Naturaleza, Clásicos adaptados a los niños, así como las aventuras de sus héroes juveniles Gonzalillo y Bernardo) estrictamente contemporánea al conjunto quintanareño.
En los fondos se introducen detalles ambientales anacrónicos pero de profundo sabor manchego como el techo de “bovedillas” y vigas de madera de la cuadra en la que sitúa el portal de Belén, objetos cotidianos como cantarillas de barro de los alfares de la Mota del Cuervo (Cuenca), una horca de aventar trigo, un baúl para guardar ropa de casa o el clásico farolito de hierro forjado.
La arquitectura y la vegetación también tienen su espacio en alguna de las pinturas; desde el florido patio con un gran brocal de pozo donde se desarrolla “La Anunciación”, hasta el oscuro y yermo paraje del Gólgota en “La Crucifixión” (FIG. 5a), cuya disposición reproduce “ad literem” una composición del mismo tema del pintor decimonónico danés Karl Heinrich Bloch (FIG. 5b), pasando por las nobles arquerías del templo de “La Presentación” o la “Vía Dolorosa”, que más se parece a una típica calle manchega con casas blancas y bajas que a la angostura de esta conocida arteria urbana de la ciudad vieja de Jerusalén.
Seguramente Francisco Valbuena desplegará todo su arsenal de experiencias y conocimientos pictóricos en complejas composiciones como “La Visitación”, escena que se nos presenta desde el oscuro interior de la casa de Santa Isabel y Zacarías haciendo testigo al espectador de la luminosa llegada de la Virgen María, o la aguda fuga hacia el profundo fondo urbano del cortejo que acompaña a Jesús en su camino al calvario, nuestra mirada se sitúa siempre detrás, siguiendo, como Simón de Cirene, a un Cristo doblado por el peso del madero al que no vemos la cara.
Aunque sin duda, la mayor dificultad compositiva resida en la bóveda elíptica del presbiterio porque debe ajustarse a una visión ocular de 360 grados. En el eje más corto de la misma se desarrolla el fundamental asunto narrativo, siendo apreciable casi desde los pies de la nave central la imponente figura de Cristo ascendiendo a los cielos, rodeado por un resplandor de luz amarilla, casi como queriéndose escapar a través de la inmediata claraboya situada por encima en la misma clave de la bóveda. Dos graciosos angelitos enmarcan y definen el plano celeste frente a la disposición perimetral de personajes situados en el terrestre; Apóstoles y testigos de la escena ataviados a la antigua usanza palestina, algunos con la cabeza cubierta. Ancianos, hombres, mujeres y niños se distribuyen sabiamente en diversa proporción, desde los más grandes, nítidos y cercanos al espectador a los casi garabateados y situados en el fondo. Todos contemplan maravillados el prodigio; se arrodillan, rezan o elevan sus brazos al cielo en un sinfín de teatrales actitudes. Los Valbuena introducen algunos pormenores significativos como la presencia de unos fieros soldados romanos en primer término, que como se mencionó, no estuvieron presentes en el episodio de la “Ascensión”, razón por la cual pensamos pudo sintetizar también en este pasaje a la “Resurrección” y computar en una misma escena dos de los “Misterios Gloriosos” del rosario (FIG. 6)
La zona opuesta, menos visible por los fieles, se resuelve con menor figuración, dando protagonismo a un paisaje de suaves y onduladas colinas en el que distinguimos a un grupo humano delante de un llameante altar de sacrificios, sin duda otra licencia con sabor ”historicista” introducida por los artistas, al igual que el simpático y “aterrado” pastor que trata de sujetar a una de sus ovejas probablemente igual de asustada por este bullicioso acontecimiento, que en líneas generales sigue el relato del evangelista San Lucas (24, 46-53).
Si bien el estado de conservación de toda la obra se ha mantenido adecuadamente durante estos años, ha sido preciso realizar alguna labor de conservación sobre la superficie pictórica, de hecho a mediados de los ochenta, se presupuesta y concede nuevamente a Francisco Valbuena la restauración de la carroza de los ángeles así como la ejecución de algunos retoques al “…fresco de la cúpula del Altar Mayor…” (9). Según algunos testimonios orales, el artista de Campo de Criptana contaría con la colaboración de la prestigiosa artista Japonesa Momo Makino, a la que estuvo sentimentalmente unido durante las últimas décadas de su vida.
A día de hoy, el conjunto todavía mantiene la brillantez y el esplendor cromático con el que fue concebido por sus artífices, aunque en algunas escenas el deterioro por humedad es ostensible; burbujas de aire, concreciones salinas (salitre), levantamiento y pérdida de la capa pictórica en las zonas inferiores…
Las pinturas murales de Ignacio y Francisco Valbuena nos han acompañado durante cincuenta años, han sido testigos de nuestras fiestas, nuestras oraciones, nuestras “visitas” diarias en la fresca y aromática penumbra de la ermita intramuros. Nos siguen maravillando cada vez que Antonio el “santero” enciende todas las luces del templo y proyectan sobre nosotros su brillante y luminoso colorido, nos hablan y nos cuentan una historia tan antigua como cercana gracias a esos detalles en los que nuestra tradición manchega se hace presente en la misma crónica de la Salvación.
Ante la inminente efeméride que conmemora el aniversario de su factura queremos alertar a los responsables de su gestión y mantenimiento (Mayordomía, Ayuntamiento, autoridades culturales y educativas) de su lento pero progresivo deterioro, así como lanzar la idea de la celebración de unos actos encaminados a dar a conocer entre nuestros conciudadanos una obra de calidad extraordinaria (conferencias, simposios, quizás un pequeño congreso que reúna autoridades en la materia, visitas guiadas…), que bien pudiera promocionarse junto a las recientes, polémicas e interesantísimas iniciativas e intervenciones plásticas, que nos han convertido en punto de referencia artístico en toda la región. No hacerlo sería dar la espalda no sólo a nuestra historia, sino perder una oportunidad de oro
para salir del tedio cultural que viene afectándonos desde hace décadas, para dinamizar el turismo, los negocios y los posibles empleos relacionados con él, para afianzar el conocimiento, la tolerancia y el desarrollo de de nuestra juventud y para devolver la confianza y el orgullo a un pueblo que fue siempre pionero y espejo en el que por tantos motivos se miraba toda nuestra comarca. Contamos con una sorprendente materia prima en nuestras manos, no la desestimemos.

Fig.1. Ignacio Valbuena. Bodegón. Años 80 circa. Colección particular Quintanar de la Orden

Fig.2. Portada libro festejos Quintanar de la Orden. 1960. Serigrafía realizada a partir de un dibujo de Antonio Arnau Magro. Firmado Valbuena Hijo. Criptana

Fig.3. Francisco Valbuena. Cartel del VI Centenario aparición de Ntra. Sra. de la Piedad. 1963

Fig.4. Ignacio y Francisco Valbuena. Luneto del Nacimiento. Pintura Mural. Ermita intramuros Ntra. Sra. de la Piedad, Quintanar de la Orden. 1965

Fig.5b. Carl Heinrich Bloch. La Crucifixión. Museo de Historia Natural de Dinamarca. 1870

Fig-5b. Ignacio y Francisco Valbuena. Luneto de La Crucifixión. Firmado I. Valbuena, zona inferior izqda. Pintura Mural. Ermita intramuros Ntra. Sra. de la Piedad, Quintanar de la Orden. 1965

Mario López-Barrajón Barrios

Historiador del Arte y Prof. de la Universidad Pontificia de Comillas (UDEMA). Ex-Mayordomo de Ntra. Sra. de la Piedad y el Santísimo Cristo de Gracia.

Zacarías López-Barrajón Barrios

Historiador/arqueólogo, correspondiente por Quintanar de la Orden de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.

NOTAS Y BIBLIOGRAFÍA.

(1) Daniel Estivill.: “La Chiesa e l’arte secondo il Concilio Ecuménico Vaticano II. Note per un’ermeneutica della riforma nella continuitá”. Roma. Lateran Unversity Press, 2012.
(2) Antonio Estremera. “Quintanar y su Tesoro”. Madrid, Ed. Blas S. A. Tipográfica, 1925. (Pág. 101). Reedición Facsimil con motivo del 650 aniversario de la aparición de Nuestra excelsa patrona. Quintanar, 2013.
(3) Archivo Ilustre y Venerable Mayordomía Virgen de la Piedad.: “Presupuesto general y memoria de restauración general” por Enrique Contreras Ruiz y “Escritura de fianza personal” por la mayordomía de la Virgen. Quintanar 1935. Ejemplares mecanografiados.
(4) Ermita de la Madre de Dios. [Fecha de la consulta 20 de Junio 2014]. Disponible en: http://www.santoentierrodecriptana.com/ermita-madre-de-dios/.
(5) José Vallés Rovira.: Francisco Valbuena. Madrid. Ministerio de Educación, 1967. Consultar igualmente http://www.iberlibro.com/Francisco-Valbuena-Jose-Valles-Rovira-Ministerio/8382354305/bd
(6) Archivo Ilustre y Venerable Mayordomía Virgen de la Piedad. Libro de Cuentas y Carpeta de Albaranes y Facturas. Ejercicio 1965.
(7) Archivo Ilustre y Venerable Mayordomía Virgen de la Piedad. Carpeta de Albaranes y Facturas. Recibos numerados 48 y 49. Ejercicio 1965.
(8) Archivo Ilustre y Venerable Mayordomía Virgen de la Piedad. Libro de Cuentas Ejercicio 1965. Asientos 1 y 4. Pág 98.
(9) Archivo Ilustre y Venerable Mayordomía Virgen de la Piedad. Libro de Cuentas Ejercicio 1984, asiento segundo, mes de agosto. S/F.
PUBLICADO EN: LIBRO DE FERIA y FIESTAS, 2008, pp. 18-21.

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EL ANTIGUO MONUMENTO EUCARÍSTICO DE LA ERMITA DE LA VIRGEN DE LA PIEDAD EN QUINTANAR DE LA ORDEN.

Cuando contemplamos el auge y el esplendor que han ido adquiriendo los desfiles procesionales de nuestra localidad en los últimos años, corremos el riesgo de pensar que los principales logros estéticos de la misma son estrictamente contemporáneos. Es posible que nos olvidemos de una “Semana Santa” del pasado quizás menos ostentosa y espectacular que la actual, con menos despliegue de medios y de personas, aunque dotada de una personalidad hoy casi perdida. Algunos trabajos e investigaciones teóricas han revelado numerosos aspectos que lejos de ser rescatados e incorporados de nuevo al acervo de cultos y solemnidades de nuestra “Semana Mayor”, han sido, en el mejor de los casos, considerados meros datos propios de especulaciones e hipótesis de historiadores locales, o sencillamente ignorados.
Tal vez estemos perdiendo la ocasión de dotar de un carácter estético verdaderamente singular a unas celebraciones que últimamente parecen emular ajenas formulas plásticas de evidente valía estética, desdeñando potenciar las esencias de nuestra secular tradición. Sirva este estudio que ahora presentamos para tomar conciencia de la excelencia de los escasos restos de nuestras antiguas “galas pascuales” que aún pueden redimirse del total olvido, que aún pueden dar más autenticidad y singularidad a nuestras admiradas celebraciones.
El “Monumento Eucarístico” que atesoran las dependencias de la ermita de la Virgen de la Piedad de Quintanar de la Orden y que damos a conocer por primera vez de forma científica es quizás una de las escasas manifestaciones de arquitectura efímera de carácter litúrgico que se conservan en toda Castilla-La Mancha. La magnífica calidad estética que posee, su relativo buen estado de conservación, su antigüedad y su imponente grandiosidad lo convierten en una obra casi única digna de ser admirada por nuevas generaciones de quintanareños. Datado en el siglo XIX, su más que probable autor; el insigne arquitecto D. Agustín Ortiz de Villajos diseñó un hermoso aparato escenográfico, para servir de marco al culto eucarístico que se desarrolla durante las jornadas del triduo pascual. Esta práctica tuvo especial incidencia en la cristiandad católica después del Concilio de Trento y el término “Monumento” es incluso definido en el primer diccionario de lengua castellana escrito por Sebastián de Covarrubias y publicado en 1611 (“Tesoro de la lengua castellana o española”, 1986. pág. 813); “Vulgarmente se toma por el túmulo y aparato que se hace en toda la Yglesia Católica el Jueves y el Viernes Santo, donde puesta en un arca en forma de sepulcro se encierra el Santísimo Sacramento en memoria del sepulcro en que estuvo en aquellos tres días el cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo…”. Más antigua todavía es la referencia del uso romano recogida en el Ceremonial de los Obispos de 1600; “… pues se debe preparar y adornar lo que será el pequeño santuario, dentro de la iglesia, en el que hermosamente y magníficamente podrá adornarse con muchas luces en aquel altar con sus seis candelabros y ceras…”, este precepto se mantendrá vigente hasta el Ordo de 1955 y el posterior de 1970 (emanado del Concilio Vaticano II) que aún en nuestros días regulan la liturgia católica y en los que se aconseja discreción y sencillez en el acto de la reserva sacramental , suprimiendo incluso la relación simbólica entre la deposición de la hostia, con la deposición de Cristo en el sepulcro o “monumentum” (traducción castellana de la vulgata latina).
Debemos ver en estas instrucciones la principal razón por la que la obra que hoy analizamos se ha erigido en contadísimas ocasiones, amén de las dificultades técnicas que entrañaría su montaje.
La estructura del monumento se asemeja a la de un enorme biombo de más de cinco metros de altura por seis de anchura (Foto 1). Está compuesto por una hoja central más ancha, de disposición frontal y dos batientes laterales más estrechos plegados en oblicuo hacia fuera formando sendos ángulos obtuso-convexos para facilitar su sustentación. En esencia se trata de voluminosos bastidores de madera de pino forrados de tela basta de algodón (sarga) pintada al óleo que además pueden doblarse sobre si mismos mediante un sistema de bisagras para facilitar si conservación y almacenamiento.
Su diseño transcribe la fachada idealizada de un templo de arquitectura gótico-flamígera o isabelina. Los elementos más importantes aparecen tratados con la técnica de la grisalla aunque también hay zonas polícromas y detalles realizados en purpurina dorada. Los laterales reproducen dos ventanas ojivales coronadas por artísticos gabletes de fina tracería que cobijan símbolos pasionarios. Columnillas de elevado fuste así como figuras escultóricas de santos coronados en actitud genuflexa sirven de marco a dos sucintas aunque vibrantes representaciones pintadas de “la entrada triunfante de Jesús en Jerusalén” y “la crucifixión en el monte calvario”. El sector central aparece abierto en su mitad inferior asemejándose a una artística puerta ojival de perfil polilobulado cuyas jambas se decoran igualmente con columnas rematadas por esculturas bajo doseletes; dos apóstoles en pie en el plano más cercano al espectador y ángeles adorantes en segundo término. Es sin duda el elemento de mayor sofisticación visual puesto que cuenta con otra pieza interior de idéntica anchura que sirve para dar profundidad perspectívica al conjunto. Ya que el efecto ilusionista que propicia es el de una compleja bóveda cairelada de cuya clave pende un airoso pinjante.
La mitad superior de todo el conjunto dispuesto a manera de muro se decora con baquetones verticales a modo de bandas sobre un fondo azul y guirnaldas doradas. Una crestería recortada sobre fondo rojo, esculturillas y pináculos forman la cúspide y cimera del monumento. No se han conservado restos de arca o contenedor para custodiar al Santísimo aunque si un ostensorio de madera recortada y forrada de lienzo pintado, de un metro y ochenta centímetros de altura que bien podría haberlo cobijado en el hueco central que presenta (Foto 2).
Como se ha comentado, su autor desarrolla en la obra todo un repertorio de elementos propios del léxico arquitectónico del estilo neogótico; orientación estética que junto a otros historicismos triunfaban en el ámbito de la ecléctica arquitectura decimonónica europea y que va a tener durante la segunda mitad del XIX en el Marqués de Cubas, Vicente Lampérez, Roberto Frasinelli y Agustín Ortiz de Villajos, a sus máximos representantes en nuestro país. La perfección en su diseño, la proporción de sus medidas, la pulcritud casi arqueológica de los motivos utilizados, la ficción de profundidad y volumen en todos ellos al jugar con los tonos, cromáticos, así como el imaginativo recurso de la bóveda en perspectiva nos llevan a pensar que su creador no es un mero pintor sino alguien que conoce y practica el lenguaje arquitectónico de la antigüedad y que además domina el dibujo y otros recursos ópticos propios de un experto diseñador.
No hemos encontrado todavía referencias documentales o de archivo que refuten definitivamente su autoría. Pero los datos anteriormente citados, la tradición oral recogida en Quintanar de la Orden y el hecho de que el propio Ortiz de Villajos, simultaneara sus trabajos en la capital de España con la realización de obras en nuestra localidad lo señalan como el más que probable responsable intelectual de la obra.
La primera colaboración del arquitecto quitanareño con la mayordomía se remonta a 1863, momento en que realiza el edificio de la ermita de la carretera de Villanueva cuajada igualmente de detalles historicistas. Tanto su puerta principal como sus ventanas se abren en sendas ojivas y sus muros, además de piedra, utilizan bandas horizontales de ladrillo rojo que volvemos a ver dispuesto en decorativo sardinel en el cornisamento superior. De ello nos informa en 1865 la prensa del momento;
“…De sus formas exteriores nada decimos, porque nuestros lectores podrán juzgarlas, y tal vez las encuentren como nosotros del mejor gusto, con el que el señor Ortiz de Villajos ha sabido hermanar la sencillez con la severidad y la elegancia… El orden arquitectónico en su interior, participa, como en el exterior, del gusto bizantino, el más propio, sin duda, del objeto a que está destinado el monumento…”
(“La Ilustración española y Americana”, pag.259).
Unos años más tarde, en 1886, como acto de gratitud a nuestra patrona por haber librado del cólera a la población se acometen las obras de restauración y embellecimiento integral de la ermita intramuros cuya dirección también corre a cargo del mencionado arquitecto. La noticia referida por el presbítero d. Francisco María Martínez Marín aparece consignada en la colección de documentos publicada por d. Antonio Estremera en 1925 titulada “Quintanar y su tesoro”. pág. 101.
“…Estudiado el proyecto, contaron los mayordomos con el arquitecto Don Agustín Ortiz de Villajos, hijo de esta Villa y vecino de Madrid, quien dio el plan para la restauración y envió al pintor y decorador Don Félix Romero con varios oficiales que trabajaron en la obra desde el 8 de abril de 1886 hasta el 30 de julio del mismo año…”
También glosa Martínez Marín (“Quintanar y su tesoro”. pág. 115) su responsabilidad en el diseño de antigua carroza procesional de la Virgen y que hoy, muy restaurada, luce el Santísimo Cristo de Gracia;
“…fue construida en Madrid, según el diseño del arquitecto Don Agustín Ortiz de Villajos, siempre entusiasta por su pueblo natal y ferviente devoto de Nuestra querida Patrona…”
La implicación de Ortiz de Villajos en proyectos de índole decorativa y escenográfica constituye otra interesante faceta en la ingente obra de este arquitecto. A la construcción de teatros en la capital de España como el María Guerrero, Alhambra, el de la Comedia o el Circo Price habría que sumar el pabellón de España de la Exposición Universal de Paris en 1878 y en nuestro pueblo, el Teatro Garcilaso (1867) y, posiblemente, el Teatro Cervantes (1872), por lo que su responsabilidad en la realización del monumento, concebido como una estructura de arquitectura efímera, con una evidente filiación con lo teatral resulta más que probable.
El aparato escénico que se erigía días antes del Jueves santo se completaba con la cubrición del suelo con esteras de esparto, el encendido de velas y luces, la disposición de unas gradillas o escaleras para el acceso del oficiante y una decoración vegetal a base de centros de semillas germinadas de diversas legumbres como trigo, cebada, yeros, titos (almortas), lentejas, judías y garbanzos que, por extensión, también eran denominados monumentos. Igualmente, un grupo de armados hacían guardia delante del conjunto durante las jornadas que duraba la exposición, en recuerdo de los soldados romanos que vigilaron la tumba de Jesús tras su muerte en la cruz. Esta costumbre fue abandonada en nuestra localidad desde el momento en que el monumento dejo de montarse, aunque durante algunas décadas algunos vecinos siguieron vistiéndose de armados para acompañar al yacente en la procesión del Santo Entierro, conviene recordar en este punto que en la en la vecina población conquense de Tarancón existe una Hermandad de los Armados Guardas del Monumento de Cristo documentada a principios del XVIII con idéntica misión incluyendo su participación en el desfile del Viernes Santo (Foto 3).
Como comentábamos al principio del presente artículo no han aparecido en los archivos de la mayordomía referencias documentales de finales del siglo XIX que acrediten la autoría del diseño o de la construcción de la artística empresa que nos ocupa, aunque sí de su montaje. De ellas deducimos que la erección de esta compleja estructura requería de profesionales expertos, como es el caso del carpintero Zacarías López protagonista de las primeras menciones durante las décadas iniciales del siglo XX; “Libro de Cuentas de la Mayordomía de la Virgen de la Piedad, Quintanar de la Orden, 1909-1935”, pág 17. Su hijo Nicomedes debió sucederle en estas labores pues él firma las facturas y albaranes en los años cuarenta (Foto 4). También contamos con algunas inscripciones en la trasera de la obra que mencionan a los referidos artesanos además de otras personas, probablemente sus oficiales y aprendices. En fechas más recientes, el conjunto volvió a ser montado a iniciativa de la Mayordomía en dos ocasiones; años 2000 y 2001, e incluso hubo un intento de exponerlo publicamente durante los actos de aniversario de la Adoración Nocturna, aunque la climatología no lo permitiera finalmente.
Es muy posible que este año vuelva a lucir esplendorosa tan singular pieza con motivo de las celebraciones de Semana Santa; decisión que ponderamos desde estas páginas, y que esperamos no se quede solo en un impulso momentaneo, sino que goce de continuidad en el tiempo y cristalice en un serio proyecto de restauración y conservación del conjunto. Su belleza estética e importancia histórica así lo demandan y ha propiciado la redacción de este articulo, primicia de un estudio en profundidad que en estos momentos está en proceso de redacción, encaminado difundir entre la comunidad científica y la opinión pública en general esta delicada joya de nuestro patrimonio histórico.

(Foto 1.) Montaje del Monumento Eucaristico en la ermita de la Virgen de la Piedad. Año 2000. (Foto Cencerrado)

(Foto 2). Ostensorio perteneciente al Monumento donde se alojaría el arca o sagrario para la reserva eucarística.(Foto Zacarías López-Barrajón)

(Foto 3). Armados escoltas del Santo Sepulcro. Custodiaron también el Monumento cuando se montaba en la ermita de la Virgen.(Foto Cencerrado)

(Foto 4). Montaje del monumento Eucaristico a fines de la década de los cuarenta. Observese el detalle de las gradillas y los angeles adorantes, uno de los cuales pertenece a la carroza de la Virgen.(Foto Archivo “Tavira”

Mario López-Barrajón Barrios

Historiador del Arte y Prof. de la Universidad Pontificia de Comillas (UDEMA). Ex-Mayordomo de Ntra. Sra. de la Piedad y el Santísimo Cristo de Gracia.

Zacarías López-Barrajón Barrios

Historiador/arqueólogo, correspondiente por Quintanar de la Orden de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.

BIBLIOGRAFÍA.

COVARRUBIAS, A.(1996).: Tesoro de la lengua castellana o española. Edición Facsímil. Barcelona, Ed. Altafulla.
ESTREMERA, A. (1925).: Quintanar y su tesoro. Madrid, Ed. Blas S. A.
La Ilustración española y Americana”(1865), nº 33, Madrid.
LÓPEZ-BARRAJÓN BARRIOS, Z.(1998-1999) “Quintanareños ilustres. El arquitecto Agustín Ortiz de Villajos”, en La Encina, revista cultural y de actualidad, nos 91, 92 y 94. Quintanar de la Orden, Toledo.
Idem, (2007) “La Virgen de la Piedad y Agustín Ortiz de Villajos”, en La Encina, revista cultural y de actualidad, nº 143, pp. 21 a 23, junio.
MARTIMORT, A.G.(1987).: La iglesia en oración: Introducción a la liturgia. Ed. Herder, Barcelona. SAN JOSÉ PALAU, F (1990).: Quintanar ayer y hoy. Toledo. Ed. Diputación Provincial de Toledo.
Mario López-Barrajón Barrios Historiador del Arte Zacarías López-Barrajón Barrios Historiador-Arqueólogo
ARTÍCULO PUBLICADO EN: Libro oficial de la Semana Santa quintanareña, pp. 20-23, 2011., Quintanar de la Orden, Toledo.
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Mario López-Barrajón Barrios

Historiador del Arte y Prof. de la Universidad Pontificia de Comillas (UDEMA). Ex-Mayordomo de Ntra. Sra. de la Piedad y el Santísimo Cristo de Gracia.

Zacarías López-Barrajón Barrios

Historiador/arqueólogo, correspondiente por Quintanar de la Orden de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.

PUBLICADO EN: LIBRO OFICIAL DE LA SEMANA SANTA QUINTANAREÑA, 2013, pp. 15-18.
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